“La unión es lo más importante para romper con la apatía.” Entrevista con Ritxi Cárdenas Montiel.

ritxicardenas

Publicado originalmente el 29 de agosto de 2014.

Si alguien hace honor a Ezra Pound y aquella línea suya de Encargo (“id como una plaga contra el aburrimiento del mundo”) es Ritxi Cárdenas. Este terrícola de 25 años, dandi y revolucionario, es una mente brillante que se hizo a partir de un oído agudo y unos ojos bien abiertos. Obsesivo de la música negra y de los años 60, del futbol y los deportes de contacto, Ritxi se dice “feligrés de la parroquia de San John Cage, amante del lúpulo y el cáñamo y situacionista.” Le conocí en una barra, un whisky entre nosotros, y desde entonces sentimos una afinidad musical y vital muy importante. Y cómo no, si ha sido uno de los impulsores del underground leonés, un bon vivant que entiende la música y un tipo apasionado que cree ciegamente en el entusiasmo y el amateurismo, justo mis debilidades. Ritxi se ve a sí mismo como un tipo que “ama el sonido, a su chica, la ginebra, los tatuajes, la ropa a la medida y los paseos en bicicleta.” Por el contrario, asegura odiar “el fascismo, a los hippies y el heavy metal.” Aquí nuestra conversación: 

¿Cómo nace en Ritxi la obsesión vital, La Obsesión, por la música y los discos?
Escuchaba en la radio el programa Éxitos Juveniles de los 60 en la LG 680AM antes de ir al kínder, mi madre lo ponía todos los días mientras me preparaba el desayuno. Tocaban música de los Teen Tops, Los Apson, Los Yaki y una que otra ñoñada sesentera. También por  las cintas que le robaba a mi padre a eso de los 7 años, cintas de Bob Marley, The Doors, Rolling Stones y algo de jazz y blues. A los 8 años mi hermano y yo pedimos CDs de los Beatles a los “Santos Reyes” porque los habíamos conocido con una cinta que tomó prestada mi hermano de la casa de un amiguito. Después me tocó la época Rock en tu Idioma hasta que a los 12 años me enganché a la música jamaiquina, además de tener un ligero contacto con la escena punk local. Con todo, desde los 8 años mantuve mi look a lo beatle con copete y patillas. Después tiré por la borda toda esa música pretenciosa como los Beatles y Marley, que no están mal si tienes 8 años. Me decepcionó bastante saber que mis ídolos sólo eran la punta del iceberg y que había todo un gran témpano de hielo subterráneo debajo de ellos. Así conocí a artistas jamaiquinos como los Skatalites, Laurel Aitken, Prince Buster, Alton Ellis, Phillys Dillon, Marcia Griffiths, The Gaylads, Upsetters, Wailers, y a productores como Coxone Dodd y Lee Perry. El gusto por la música jamaiquina me llevó a ver a los Skatalites al D.F. a la edad de 14 años. ¡Era una locura! Aún tenían cuatro integrantes originales que lucían como en pleno 1965 y la sala de conciertos, el Centro de Convenciones Tlatelolco, estaba llena de skinheads. Eso despertó una nueva obsesión en mí por la subcultura. Me impresionó bastante verlos bailando, bebiendo y, por qué no, también peleando. Así empecé  a leer fanzines como “Liquidator” de España o el mexicano “Tiempos Rudos” que fue un icono en la cultura skinhead y de música jamaiquina local. Así también comenzó otra obsesión en mí: la música en vinilo.

Fuiste uno de los primeros mods de la ciudad, si no es que el más notable de aquellos nuestros Años del Frescor. ¿Cómo era la vida entonces? ¿Cómo has cambiado? ¿Cómo ha cambiado la ciudad?
Estoy en contra de autoetiquetarse. Me gusta la ropa, me gustan las Vespas y la música de los mods, pero me parecería atrevido llamarme a mí mismo mod. Eso le toca a los demás. Al final de cuentas no es Londres ni es el 65. Pero te cuento más: en mi adolescencia, a la par que escuchaba reggae y ska y traía pinta de skinhead tradicional, comencé a interesarme por la música de los 60 que me recordaba a mi madre y mi época de beatlemaniaco cuando niño. Un día, en una crisis existencial a eso de los 18 años, vendí toda mi música jamaiquina en vinilo, me dejé crecer otra vez el cabello a lo beatle y colgué las botas. Mi nueva obsesión era el trabajo y todo a lo que el trabajo duro me daba acceso: discos, libros, ropa, espressos y ginebra. Entré al mundo de los bares, como barman. Hubo varias fiestas por aquellos años de las que participé en la organización. Siempre perdíamos dinero y nunca faltaban las peleas. La temática principal era la música jamaiquina y apenas empezaban a girar discos de The Jam o algún tema R&B. Después tuve una depresión y me perdí varios años de la “escena” tanto mod como skinhead para sumergirme en los jardines de mi mente. Al paso de cinco años de inactividad de mi parte, mis viejos amigos estuvieron haciendo weekends y fiestas donde hasta la fecha se le sigue rindiendo culto a las cosas que importan y nos hacen ser quien somos.

Tuviste varios proyectos que tenían que ver con la música. Por ejemplo, Lookin’ Back.
Lookin’ Back nació como un demo de podcast. Después lo llevamos a convertirse en un evento anual donde tratábamos de unir los puntos que hay entre la música jamaiquina y la música que escuchan los mods. El nombre se lo pusimos por la canción de Johnny “Guitar” Watson que también es covereada por Los Buenos y también por John Mayall, todos músicos a los que respetamos y admiramos. Además hacíamos referencia al hecho de mirar hacia atrás o de recordar algo. 

Conoces la “vida nocturna” de León (por llamarle de alguna manera.) ¿Cómo ha cambiado? ¿Qué cosas emocionantes siguen pasando?
León es una ciudad conservadora. De cierta manera todo transcurre en escala de grises y sólo pocas personas le ponen color al paisaje. La apatía juvenil es un mal que aún sigue impidiendo el desarrollo cultural de la ciudad. 

¿A qué se debe esa apatía?
A principios de la década pasada empezó la ley Cero Tolerancia. Ahí murió mucho del entusiasmo y del espíritu de la juventud leonesa. Cualquier expresión juvenil fue ridiculizada y perseguida. Allí dejaron de existir movimientos como el punk, que era muy fuerte en León. Tenían eventos cada mes con bandas internacionales y llenaban salones de punks y anarcopunks. Estuvo alguna vez Sin Dios en el Salón Campesino, @patía vino desde Venezuela, vinieron Los Muertos de Cristo. Hay que recuperar las calles, difundir la música, armar distribuidoras de discos, fanzines, páginas web, panfletos, conciertos (¡aunque no haya permiso!) La cosa es que así de grande sólo ha habido modas con una base muy poco firme.

Pero, sobre todo, la unión es lo más importante para poder romper con la apatía. If the kids are united… 

Has organizado innumerables fiestas, has estado en prácticamente todas. ¿Cuáles recuerdas con especial cariño? ¿Cuáles fueron las peores?
La fiesta que más recuerdo fue en San Luis Potosí. Se llamaba Put On Your Dancing Shoes, en 2004, y ni siquiera tenía edad legal para estar ahí. Tenía 15 años y tuve la oportunidad de escuchar una selección de ensueño de música skinhead reggae a cargo de Lola Díez y Alfonso Sacristán (de Segovia, España, Torpedo17.) De regreso tuve que pedir al conductor del autobús se apiadara de mí y de mi hermano gemelo porque nos habíamos gastado todo nuestro dinero en cerveza y discos.

La peor fue un weekend organizado aquí en León donde además de una batalla campal, nos robaron el equipo para los DJ’s en medio de la confusión. En parte por estos desafortunados eventos me alejé por unos años del mundo del underground leonés. 

Algo parecido me sucedió. ¿Qué le falta a León?
Bares con estilo, weekenders, tiendas de ropa bonita a la medida, que nos reapoderemos del espacio público. Podcasts, fanzines, conciertos. Pues, nada más eso. 

De tus experiencias en el mundo de la música, ¿cuáles han sido las más emocionantes? ¿Y  las menos?
La más emocionante fue el concierto de Skatalites en el D.F. Un skinhead que no conocía me cargó en hombros para que pudiera grabar en vídeo el concierto. Los skinheads se habían apoderado de toda el área de adelante y entre tanto baile y peleas no se podía grabar bien.

Las menos, varios eventos del Festival Cervantino que no pude apreciar porque mucha gente ignorante se la pasó chiflando y gritando sandeces a los artistas que se presentaban. Uno fue una noche electrónica alemana que va más pegada a la música que salió de los laboratorios de Köln, onda Stockhausen. El artista que abuchearon fue Atom TM, verdadera eminencia de los sintetizadores y la música digital. Es conocido por ser el alma de Sr. Coconut, otro de sus proyectos más bailables. Los que lo abuchearon querían escuchar música dance. Ya sabes, “punchis-punchis.” 

¿CD, vinilo o mp3?
Vinilo. 

¿Qué le falta a los grupos mexicanos (por no hablar de una escena) para hacerlo en grande y hacer gran música?
Dejarse de pedanterías y apoderarse de las calles, salir del guetto mod o skinhead o el que sea que no permite que esto crezca. 

¿John Lennon o Paul McCartney?
Pete Townshend. 

¿Qué grupos o artistas eliminarías del mundo para que fuese un lugar mejor?
Definitivamente nadie necesita a One Direction o a Justin Bieber. 

¿Tienes algún gusto musical culpable?
¡Oasis! 

¿Cuál es tu bebida?
Ginebra. Bombay Sapphire en un vaso old fashion con un pequeño toque de agua tónica y una lasca de limón. Una verdadera epifanía si se está en el lugar adecuado con las personas adecuadas y, obvio, la música adecuada. 

La pregunta molestamente obligada de estos cuestionarios: ¿Podrías nombrarnos tus 10 discos indispensables? Sé que es difícil, pero sólo 10.
Don Drummond, Greatest Hits.
Jimmy Smith, Home Cookin’.
Ray Barreto, Señor 007.
Hippy Boys, Reggae with the Hippie Boys.
Mulatu Astake, NY-Addis-London.
Artwoods, Art Gallery.
Los Negativos, Piknik Caleidoscópico.
The Stooges, Fun House.
The Jam, In the City.
The Redskins, Neither Washington nor Moscow.
Biff Bang Pow!, Oblivion.

Sí, son 11, pero no lo pude evitar.

¿Y diez singles?
Bo Diddley, You Pretty Thing.
Betty James, Little Mix Up.
Koko Taylor, Wang Dang Doodle.
Little Luther, Eenie Meene Minie Moe.
The Shades, Never Gonna Give You Up.
Lorenzo, I Will Never Let You Down.
Alton Ellis, La La La La Means I Love You.
Duke Browner, Crying Over You.
The Artistics, Hope We Have.
Los Negativos, Moscas y arañas.
Albert Band, Ella tiene el cabello rubio.

Ups, lo hice de nuevo. ¡Es que son tantas canciones!

¿Películas? ¿Libros?
Toda la filmografía de la nouvelle vague francesa, especialmente Godard. Recomiendo leer a la santísima trinidad que son Efraín Huerta, José Revueltas y Mario Santiago Papasquiaro. 

¿Alguna recomendación de algo que no podamos perdernos?
El próximo relanzamiento del podcast de  Lookin back , muy pronto con un monton de música para viejovenes. Ademas de Allnighters bien organizados.

C/S.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s