¡Yo también leo el Ecos!

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Publicado originalmente el 4 de julio de 2014.

No cualquiera tiene una copia del Ecos de Sociedad.

Con todo, hay demasiada gente que tiene una copia del Ecos de Sociedad. Y eso es increíble.

Ecos de Sociedad es el modzine más viejo de Europa. El más romántico. El que realmente importa. Ecos de Sociedad es una labor de amor de un solo hombre que parece que tiene cien manos. Ecos de Sociedad es Javier Morales i García, tinerfeño orgulloso, de los que dejan cuerpo y alma en cada cosa que hacen.

Cada número del Ecos es único y no es en sentido figurado: si te has ganado una copia, es que lo has hecho a pulso. Lo que sigue es pura leyenda: Javier se encierra por meses y recorta, pega, escribe, recopila, hace listas, toma fotos, las roba, las manipula y sin usar computadoras ni artilugios electrónicos, confecciona el fanzine más bonito posible. For your eyes only. Y la lista de Ecos ha crecido tanto que ya va hacia el 200.

¿Quién tiene esas doscientas copias únicas? ¿Quién tiene esas obras de arte invaluables? Gente de todo el mundo. Nombres y hombres. Célebres y no. Pero hay un común denominador: gente apasionada. Porque Javier es el más apasionado de todos y, como los mods, no se anda con medias tintas. O se es, o se es. Me consta que Javier sólo se junta con orates, con dandis entre basura, con personas que hacen del mundo un lugar más interesante. Me consta y me honra.

Todo empezó en 1980. Javier viajó a Inglaterra a hacer la visita obligada a la Meca del modernismo. Se describe así: “Había vuelto siendo una mezcla entre skin y rude boy, con mi pelo corto, una parka y una chaqueta con interior de esa tela de dibujo escocés.” Firmaba como Javi el Mod. La idea estaba allí, pero fue hasta 1984 que Ecos de Sociedad se imprimió por primera vez. Su idea: llegar a otros “mods abiertos y en constante evolución.” Como él. Trazar mapas en círculos concéntricos, crear la sociedad secreta más grande y emocionante del mundo.

Ecos de Sociedad comenzó en hojas A4. El nombre lo pidió prestado a un punk que quería llamar así a su banda, si algún día existía. Entre ires, venires y guateques llegó 1987 y entonces se imprimió el primer Ecos. Era un fanzine, en apariencia, como cualquier otro: puro entusiasmo, tinta fotocopiada, papel de segunda, vida en cada teclazo de la máquina de escribir y en cada trazo torpe con tinta negra porque el negro es nuestro color. Comenzó a enviarla por correo a España, porque no olvidemos que las Islas Canarias son prácticamente África. El método era el trueque: un fanzine a cambio de aquel raro cassette de sonido Dunedin directo de Australia, otro a cambio de un single londinense de segunda mano, tal vez un intercambio de fanzines por pósters, flyers, otros fanzines impresos en latitudes insospechadas. A cambio de una cerveza o una píldora en una concentración. Así funciona este negocio. No sé si lo entenderías.

Ecos fue creciendo. Y Javier también. El fanzine llegó a un punto en el que el paso siguiente era matarlo y dejar que la leyenda creciera, tal vez, con el tiempo. Pero Javier es terco. Y genio. Todo lo que hace lo hacer por amor a la vida. Y decidió que el fanzine seguiría. Ecos sería un “fanzine personalizado e interactivo: un solo ejemplar para una sola persona.” Dejemos que él hable: “Otro fanzine, un grupo, un posible lector, un pálpito, un instinto.. Una especie de búsqueda de la elegancia. Hacer las cosas por amor al arte y sin afán de lucro.”

La nueva etapa del Ecos inició en 1997 con un envío a Barcelona. Y hasta ahora, sigue. La vida de Javier ha tenido altibajos y el fanzine por consecuencia, pero jamás renuncia. Ni en las peores, ni en las mejores.

Yo le conocí por correspondencia en 2007. En el verano de 2010 tuve el honor de recibirle en la ciudad: viajó a México, Guadalajara y León a ver amigos y a conocer mundo. Los cuatro o cinco días que pasamos con él fueron increíbles: fiestones jaliscienses y guanajuatenses; discos y fotos; desayunos larguísimos con conversaciones en las que no sé qué iba más rápido, si el cerebro o el corazón; intercambio de libros y de cassettes. Cosas simples. Las que hacen de la vida, vida. Que sí. A la fecha seguimos recordando cosas que pasaron en aquellos días ligeros y nos siguen animando. “¡Ecos! ¡Por acá!”

Mi número de Ecos es el 148. No puedo describirlo acá, porque no alcanza el espacio. Son 134 páginas de felicidad. Es tal vez, del museo en que con los años se ha convertido mi estudio, mi artefacto favorito. De todos. Jamás podré agradecerle suficiente. Jamás podré regalarle algo equivalente. Porque cada recorte, cada palabra mecanografiada o escrita a mano, cada inserto, cada cosa tiene un significado, son pequeñas pistas que en cada lectura me llevan por caminos distintos. ¿Rayuela? Al carajo con Rayuela. Yo tengo mi Ecos.

Estos días han sido extraños. Mucho. De esos en los que dan ganas de nada, de quedarse en cama para no enfrentarse a la estupidez del mundo, en que las cosas parecen perder sentido. Pero siempre encuentro el camino de vuelta a mí. A lo que importa. A lo que somos. Al Ritmo, a la vida. Por lo general lo encuentro en una canción o en dos. Y en alguna de las páginas del Ecos 148.

Ecos de Sociedad tiene una web en http://ecosdesociedad.org y Javier un increíble blog en http://memoriasdelaviejaola.blogspot.com. Pura vida.

C/S.

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