Nos volveremos a ver.

Mandatory Credit: Photo by Courtesy Everett Collection/REX (2989772a)  WELL MEET AGAIN, Vera Lynn, 1943  WELL MEET AGAIN, Vera Lynn, 1943

Publicado originalmente el 30 de mayo de 2014.

“So won’t you please say hello
To the folks that I know
Tell them I won’t be long;
They’ll be happy to know
That as you saw me go
I was singing this song.”

Cuántas canciones hay en el mundo. Cuántas partituras llenas de combinaciones de notas. Cuántas horas de música.

¿Y qué de eso rescataremos cuando todo se acabe?

Siete de septiembre de 1940. Las primeras incursiones aéreas del relámpago de la Luftwaffe se dirigen al East End de Londres. Comienza The Blitz, uno de los capítulos más sanguinarios de la Segunda Guerra Mundial. Casi 400 bombarderos sobrevuelan la capital británica, haciendo fuego sobre los muelles del puerto, edificios, casas. Los próximos ocho meses serán terribles e Inglaterra soportará embates en sus ciudades principales. Londres quedará devastada. Europa sangra. La humanidad se inflige una herida que quién sabe si algún día podrá sanar. Padres, hijos y hermanos salen en barcos y en aviones hacia destinos desconocidos. Lo más seguro era no volver a verlos ya. Y todo esto por qué. Y para qué. Da pavor pensarlo a pesar de la distancia.

En las radios que aún funcionaban, la BBC ponía mensajes, noticias y algo de música. Vera Lynn tenía un programa, Sincerely Yours, en el que leía mensajes y cantaba peticiones. Era, posiblemente, el único solaz que se podían permitir los que permanecían en tierra, esperando, aguantando. Una canción era el himno de esperanza: We’ll Meet Again.

Vera Lynn nació en 1917 en Londres y trabajó en el mundo del espectáculo desde los siete años, cantando y bailando. En 1935 cantó por primera vez en la radio con la Joe Loss Orchestra, un afamado conjunto londinense. Pero llegó la Segunda Guerra Mundial. No dejó de hacer lo suyo y, al contrario, se convirtió en la estrella de la canción más célebre. Fue la Forces’ Sweetheart, la artista más querida de la guerra. Se lo debió, claro, a We’ll Meet Again, escrita en 1939 por Ross Parker y Hugh Charles y grabada por Lynn en 1940. La canción era perfecta para los tiempos: un tema de esperanza. “Nos volveremos a ver”, dice, “en un día soleado.” ¿El fin de la guerra? ¿Más allá de la vida?

Lynn tenía una voz increíble. Y todo lo cantaba con una convicción profundísima, así fuese As Time Goes By o I’m Forever Blowing Bubbles (sí, la canción que luego adoptaría el West Ham como himno de grada.) Y We’ll Meet Again calaba. Mucho. Expresaba todo lo que muchos querían pero no podían decir o gritar.

Una canción así jamás se repetirá. Ojalá.

Aún hoy es una tonada para cantar en tiempos difíciles. Alivia. Limpia. Reconforta. Encuentra esperanzas donde parece que ya no hay. O se la inventa, porque así es la música.

Las bombas caían. Los padres, hijos, hermanos espichaban en el campo de batalla, quién sabe dónde. Allá, lejos. Anónimos, aunque nunca olvidados. Y Vera Lynn cantaba para todos: para los que iban y para los que se quedaban. Era lo que podía hacer y lo hacía con todo el corazón. Sólo así se hacen las cosas. Si no, para qué.

Pasaron años, lo que nadie quería. Y, por fin, en el 45 la guerra terminó, aunque las heridas ahí siguen, expuestas. Vera Lynn siendo la cantante británica más popular e incluso logró un número 1 en Estados Unidos, sentando precedente, con la canción Auf Wiedersehn Sweetheart. Vera Lynn demostró que hay elementos más allá de la política para hacer patria y salvar a los suyos.

Hoy, no se puede pensar en lo británico sin Lynn. Ferrocarriles y calles llevan su nombre, sus canciones están grabadas en el subconsciente colectivo (si es que eso existe) y el reconocimiento a la cantante es unánime. La cultura popular está llena de referencias a Vera Lynn y a We’ll Meet Again. Los Kinks la mencionan en Mr. Churchill Says, Jim Capaldi la homenajea en Whale Meat Again y Pink Floyd en Vera. Stanley Kubrick la usó en su genialidad de humor negro Dr. Strangelove (¿el mejor final del cine?) Los Muppets y los Simpsons se la saben, incluso Fenomenoide concluyó su paso por la televisión cantándola. Es la canción de despedida perfecta. Porque es la canción ideal de aquello que dice otra canción: no es más que un hasta luego.

Debe haber otras referencias pop que me pierdo o me olvido. Pero versiones sí que hay un montón. La de los Byrds en su primer disco y la de PJ Proby. La de Johnny Cash, que es como para soltarse a berrear. Las festivas de The Turtles y The Jive Aces. La de Sandy Coast, que casi calca la de los Byrds. Las muy swing de Peggy Lee y de Benny Goodman. Muy soul con Daisy Chain. De guasa con Tommy Cooper. Melosa con las Chordettes. Rural y conmovedora con los Ink Spots. A capella cuántas veces por cuántos grupos profesionales o no, por cuántos beodos de barra, por cuántas firms de futbol. Y otras que no quiero ni recordar. Y las veces que la canté yo con los corbatos, abrazados y chambones. Ojalá suene en mi funeral. Ojalá la canten felices quienes asistan.

Vera Lynn tiene 97 años y al momento que escribo esto sigue viva y cantando. En 2009, una recopilación con lo mejor de su carrera (titulada, claro, We’ll Meet Again) llegó a lo más alto de las listas en Inglaterra. Suena fácil, pero fue en la misma época en que las reediciones de los Beatles se lanzaron con bombo y platillo, acaparando espacios publicitarios y tiempo aire en radio y tele, por no hablar de la Internet. Si eso no es una faena, entonces no sé qué es.

Habrá que seguir sonriendo, como dice We’ll Meet Again, hasta que el sol vuelva a salir. No queda más, pues ya estamos aquí.

C/S.

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