Calonge de puño y letra.

alfredo 00

Publicado originalmente el 23 de mayo de 2014.

La historia comienza más o menos así: Marisol sale de juerga con Jordi Saravia, que en ese entonces aún se llama Jorge Corleone o tal vez sólo es Jorge Saravia (con o sin el Droguett’, de eso nunca estuve seguro, es un changingman.) Es Barcelona en el año del triplete. Marisol conoce mundo y yo conozco en casa la desolación de un empleo espantoso y me paso las tardes escuchando discos y leyendo prensa deportiva. Ella, decía yo cuando me interrumpí, sale de juerga con Corleone (llamémosle así) a un club barcelonés o a un bar barcelonés (no pude resistirme a la cacofonía) o a un lugar en donde se bebe más de lo que se come, se grita más de lo que se habla y se escucha música estruendosa, como debe ser. Corleone le muestra la ciudad y ella escribe y llama para contarme; yo la mayoría del tiempo no sé cómo reaccionar. Esa noche, dos-mil-nueve, otoño, Marisol y Corleone beben y gritan y escuchan música o así quiero imaginármelo o así puedo imaginármelo; me lo han contado antes, pero justo cuando escribo esto ninguno está a la mano para confirmarlo. Me están dando oportunidad de creación literaria o algo, los muy. Gritan y beben entre la multitud, dan brincos. Y allí, en alguna parte, está Alfredo Calonge.

Corleone lo conoce bien. Aunque el changingman, un gran amigo a distancia, es chileno, vive en España hace ya un tiempo: primero fue Barcelona, luego Vigo y luego, de nuevo Barcelona. Habla catalán como el que más: Cataluña es su patria adoptiva. Es músico y de los buenos, que no de los famosos. Y conoce los rincones importantes de la mitología pop de la ciudad condal y también a los personajes que todavía deambulan por allí, sean sombras o sean reales. Y es que, carajo, además no hay persona que yo quiera que no conozca a Los Negativos. Ojo: no es que los quiera por esa razón, la de conocer a Los Negativos, sino que coincidimos naturalmente en pensar que el grupo barcelonés que inició su marcha en los años 80 y cuya errática carrera estuvo llena de himnos y hits en la misma medida (a veces incluso en la misma canción) es una de esas cosas que importan en la vida. Por algo mis amigos son mis amigos.

En 2010 Corleone en una carta/correo electrónico de esas muy largas y llenas de detalles que solemos enviarnos, me reportaba un concierto acústico de Brighton 64 y Los Negativos (en realidad, una tocada con los hermanos Gil por unos y Carles Estrada y Alfredo Calonge por otros.) Sucedió en el Bar Clandestino (de Barcelona, claro), sótano del restaurante Taxidermista, cuyo nombre –me especificaba Corleone– es poco apetitoso pero legendario, pues se debe a que el local antes funcionaba como tienda de artículos para embalsamar cadáveres. Ya entonces notaba a Calonge, cabeza de Los Negativos, cansado y decaído, aunque con ganas de cantar y tocar. “Se nota un desgaste”, me escribía, “sobre todo en Alfredo, a quien tengo el placer de conocer, pero siempre está en la luna. Así y todo, al primer acorde se echaron el público al bolsillo.”

Regreso a aquella noche que sólo atino a imaginar y Marisol y Corleone encuentran a Calonge entre la multitud. No sé qué se dicen. Calonge reconoce a Corleone de algo, imagino, aunque no sé si está seguro de saber quién es; la Fred Perry y el peinado le dan confianza, sin embargo, y se detiene. Marisol lleva el cabello largo aún, supongo, aunque quién sabe porque justo ahora no puedo hacer la cronología: sé que se cortó el cabello en Londres y, si no lo era ya, se convirtió con ello en la chica más bella que he conocido en persona. Sé que se cortó el cabello después de una gigantesca intoxicación de Carnaby Street y Picadilly Circus y Portobello y discos y café y sueños hechos realidad. Marisol y Corleone ahí, frente a frente con Calonge, no sé si antes o después del corte de cabello de ella. Hablan. No logro escuchar qué se dicen. No sé de dónde sale un afiche psicodélico que anuncia una tocada de Carrots más los Negativos y Checopolaco. Supongo que fue arrancado en algún momento de la pared o que era de esos volantes que van de mano en mano, aunque es demasiado grande, como un tabloide, pero azul y púrpura y amarillo y brilla con ganas.  No logro imaginarlo, pero sé que en algún momento el afiche pasa a manos de Calonge, o tal vez ya estaba en manos de Calonge desde antes y fue él quien lo dio finalmente a Marisol, no logro saberlo de cierto, pero prefiero imaginarlo. Prefiero las posibilidades. Acto seguido (o tal vez no) Calonge sabe de mi existencia, aunque sólo por dos instantes: cuando Marisol le menciona mi nombre y cuando Calonge pone, encima de su firma torpe, “para Esteban con cariño”, así, sin coma, y poniendo ESTEBAN en mayúsculas, haciendo un leve agujero en el papel justo en la curva inferior de la S y otro en la parte baja del palo vertical de la T. Supongo que no hablan más y que si lo hacen ya no se entienden tanto, porque hay demasiado qué ver y qué escuchar esa noche y una charla con una mexicana flaca y pálida y un chileno-catalán con patillas no es precisamente la idea de una velada emocionante para Calonge. Y para quién, si no para nosotros.

El afiche llegó a mí tiempo después. La historia también, aunque me he empeñado en olvidar cómo me la contaron (y también en averiguar de nuevo los pormenores) y he preferido llenar los espacios en blanco con riffs de mi propia invención. La chica regresó a casa. Corleone se quedó. Tiene como pendiente conquistar al mundo: primero tomamos Barcelona, luego el universo. El afiche está en un marco negro y discreto, detrás de un cristal adecuado, viendo el tiempo pasar. La música de Los Negativos suena igual de fuerte y me emociona igual de tanto como cuando les conocí hace años, no recuerdo ni cómo.

El pasado miércoles 14 de mayo tuve que escribir lo siguiente, mareado todavía por una noticia leída en la red unas horas antes:

No lo conocí en persona. Pero como si. No sólo por toda la gente que sí conozco que convivió de cerca con él, allá del otro lado del charco, sino por sus canciones: son parte de mi vida. Ayer desperté con la noticia de que ya se había ido. Un héroe menos. Ya no escribirá más canciones. Lo que grabó es lo que quedará de su voz y de sus dedos.

Militó en Bondage, Dr. Love, Los Negativos y The Canary Sect. Recién en febrero [de 2014] lanzó un nuevo single con Los Negativos: A tumba abierta / Turmix, en Butterfly Records (como presunto avance de un LP.) Pero toda su música me gusta: me identifica, me emociona, me hace sentir parte de algo. Supongo que así es la buena música, rara. Como la vida. Ahora tocará llegar a casa y poner sus discos, abrir una birra y brindar por los amigos ausentes, los que ya se fueron, aunque nunca los hayamos conocido en persona.

Él fue un dandi entre basura, un Artista con A mayúscula, un caleidoscopio en sí mismo. De esos hacen falta en todos lados, hoy. No sobran. Y hoy, ya nos falta uno más.

Hasta siempre, Alfredo Calonge. Buen viaje.

El afiche está colgado, el disco suena. Corleone, imagino, tocará una canción en honor a los idos la próxima vez que se suba a un escenario, a ver qué nombre usa ahora. Marisol canta. Yo también. Alfredo Calonge ya no está y nunca respiraré el mismo aire que él. Para mí siempre fue una voz en una bocina, una foto en una portada de un disco, unos garabatos en un papel. Así de cerca estuve de él. Gracias, menda. Es tiempo de héroes. Pásalo bien, si es que hay algo más allá después; si no, nosotros lo haremos por ti.

C/S.

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