“La música es el pretexto para vivir y vivir es el pretexto para estar en la música.” Entrevista con Lalo D. Aguiñaga.

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Publicado originalmente el 16 de mayo de 2014.

Lalo es un personajazo. Un gran tipo y un gran amigo. Es un graduado en underground con todos los méritos y diplomas que da la calle. Le conocí en 2005 y no hemos perdido contacto. Hemos organizado cosas juntos y hemos seguido nuestros propios caminos. Pero, de una o de otra manera, siempre terminamos por coincidir, tanto geográfica como ideológicamente. Es la cabeza visible de un movimiento underground leonés que ya cumple los diez años (y más) de apropiarse de una ciudad gazmoña y ampliar sus estrechos límites; quien dice que aquí no pasan cosas es porque no ha visto a Lalo y a los suyos en acción, siempre con su pinta mas sharp y la frente en alto. Él se describe como un “leonés de origen vasco y evidentemente también chichimeco, creo. Tengo un título que dice que soy arquitecto, un puesto como planificador urbano (no-sé-cómo), soy docente, padre, reparador de calzado, lateral derecho en la cancha, pinchadiscos, editor de un fanzine y algunas cosas más.” Al preguntarle qué ama y qué odia responde así: “El odio se ha ido. Y… ¿amor? Ni que fuera hippie.” Este es Lalo. Poder conversar con él, a pesar de las ciertas charlas previas en todos los escenarios posibles, es siempre un deleite. Que sí.

¿Cómo nace en Lalo la obsesión vital, La Obsesión, por la música y los discos?
En la secundaria federal. Inicié con lo que sonaba en casa por parte de mi hermano mayor: partículas de reggae, hardcore y rock en general. Me tocó vivir la época noventera del ska y, seguro, es ahí cuando La Obsesión-Obsesión nació: chingo de cintas caseras, CDs piratas, descargas de internet, los primeros amigos musicales, intercambios, conciertos/tocadas, CDs originales, algunos vinilos, muchos vinilos, pocos, demasiados, nunca suficientes. Sí, es La Obsesión, ya lo ha dicho el psicólogo cuando le contaba: “No puedo, no puedo, toda mi vida gira en torno a ella. Le aseguro, mi existencia se reduce al recorrido de una aguja por los surcos de un pequeño disco de 7 pulgadas, cuando mucho a aquel que guía un LP de 12”.

¿Cómo han sido tus proyectos musicales? Son muchos y variados y a veces es difícil seguirte la pista…
Lo primero que hice fue estar con Standards, 2003-2004 (que entonces se llamaban Solemne Esquizofrenia) y ser el peor trompetista en la historia. Esta agrupación fue elemental, una especie de puente que permitió cruzar lo común del ska de entonces (fusión, fusión, fusión) y dirigirlo al sonido anglo-jamaicano de treinta y cuarenta años antes. Fue la primera banda de ska tradicional en León, sin más.

A la primera tocada que organicé, 2005, asistieron unas 500 personas. Fue la primera vez de Jamaica 69 en León, cuando la banda aún valía la pena. Después comenzamos, en compañía de varios más como yo, el rollo de la música grabada, principalmente jamaicana como argumento principal en una fiesta y no como ruido de fondo intersticial entre banda y banda (sonideros, con otro concepto, existieron muchos años antes y a la fecha…) Eso no fue fácil, en suma, por el aspecto cultural de nuestra generación, de los que éramos ésos en aquel entonces. En la actualidad las cosas han cambiado, hemos aumentado el repertorio, porque es incomprensible no hacerlo, no es natural intentar ser el mismo a lo largo de diez años. El ámbito mod nos interconectó con mucha más música y luego, inclusive, fue rebasado: soul, funk, R&B, garage, psych, post-punk, cumbia y ¡ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ya-ya-ya-ya! Qué se yo. Ahora, en serio, la gente, la que es como yo y varios más como yo, puede pasar toda la noche bailando, bebiendo y disfrutando sonidos que surgen de discos de vinilo, hemos eliminado las bandas en vivo en algunas fiestas (sin embargo, nunca dejarán de ser fundamentales), facilitando asuntos de logística, costos, egos multiplicados, etcétera.

¿Otras cosas memorables en estos diez años?
“SanFe.” Putos fiestones a mediados de la década pasada en una azotea en la colonia San Felipe de Jesús….

Vaya que eran fiestones…
…y el puesto de distribución de música underground, Socios Piratas del Bajío, en el tianguis la línea de fuego, en 2005-2006. Más fiestas: Skarafaggio Fest, Jamaican Rhythm & Soul, Going Underground, Under the Sign of Aquarius, Bring Back the Skins, Friday Night Saturday Morning, Leondon Calling y, reciéntemente, La Fiesta del Cerdo Violeta. El podcast Looking Back en 2007 que subimos a MySpace. Fui el gritón con los Psychodeliciosos en 2008. Pinché y pincho discos, solo o en compañía, bajo los nombres de Sudden Attack, Substitute, Todos Tienen Tortita Menos Yo, Eddie Chinaski, Eduardo Manos de Tijera, Ed de Aginaga, Negro Yo Soy, Negro Me Llaman, pinchando en tugurios y varios lugares de mala muerte en León, Guadalajara, Manzanillo o Morelia.

Es decir, he ayudado a construir un submundo para supuestos subnormales, invisible(s) ante los ojos de los más comunes y corrientes. Y eso es lo mejor, hacer-deshacer-hacer y seguir siendo nadie.

¿Cuáles han sido las mejores, para ti? ¿Cuáles fueron las peores?
Me gustaban las fiestas caseras de la década pasada, muchas luego incluso dejaron de serlo y se hicieron públicas, iba quien quería. De verdad. En azoteas, patios; salían los padres y a darle. Muchos nos conocimos así. Montábamos lo elemental: bocinas, instrumentos, tornamesas. Tocaban los amigos y así, casi mágicamente era un jolgorio de aquellos. Luego siguieron los bares, donde poco a poco comenzamos  a ser más aceptados porque metíamos montones de gente que consumían tanta bebida como cuando el ganado, después de un largo trayecto para pastar, se topa con un cuerpecillo de agua. Yo pienso que cualquier fiesta fue buena, al final esa siempre es la intención: pasarlo bien. Una por nombrar: La Fiesta del Cerdo Violeta de semana santa 2013 en Conejo Blanco. Eso sí, por el otro lado, confieso que he visto cosas terribles: gente vuelta loca, atracos policiacos, envases de vidrio voladores, charcos de sangre. No sé. Algunos acontecimientos se pueden considerar como normales, otros no. Es cuando todo se oscurece y pierde el sentido de diversión.

Cuéntanos acerca del fanzine del Cerdo Violeta. ¿Cómo inicia? ¿Cómo sigue? ¿Qué será de él en el futuro?
Cerdo Violeta es un fanzine que sirve como pretexto para hacer una fiesta musical, lo mismo es si lo digo al revés. El fanzine es un proyecto muy viejo que simplemente por puta pereza no lograba ejecutarse. Es hasta 2012 que inicia la producción material, pues un decidido Escuadrón de Bebedores Como-Si-El-Mundo-Se-Fuese-A-Acabar puso, al fin, manos a la obra. Ese escuadrón somos los amigos musicales. Participamos gente con mucho en común, incluso de otras ciudades y de otros países. Va bien. Hemos conseguido distribuir muchos ejemplares en León y en otras metrópolis, siempre de mano en mano o por correo convencional. En este sentido nos gusta la vieja escuela, nada de e-zines. Hemos trabajado temas como el apocalipsis, religiosidad, fútbol, política, muerte y viene uno veraniego sobre música. A propósito del futuro, ¿hay futuro? ¡No hay futuro! Somos cerdos y diamantes violetas con panzas verdes, modernistas, antifascistas, punkies, psicodélicos y, por sobre todo, undergrounds. Bendito underground para el final de los tiempos, ya le hemos dicho antes.

¿Qué le falta a León?
Demasiadas cosas. Es el legado de una ciudad industrial que poco a poco deja de serlo. En el ámbito musical (éste): lugares a dónde ir, asistentes (más). Estoy seguro que mucho tiene que ver con que varios nos hicimos bastante mayores  y ya no tenemos la misma energía para destruir el mundo, como antes. Me preocupa que ya no haya una nueva generación pisándonos los talones. Incluso los más jóvenes ya no lo son tanto. No sé qué les interese ahora los chicos de 16 y 17 años, veo muchos camaleones que se toman las cosas con poca seriedad. 

De tus experiencias en el mundo de la música, ¿cuáles han sido las más emocionantes? ¿Y las menos?
Recuerdo mucho las tocadas cuando era adolescente, esas sí que eran atmósferas marginales con olor a solventes y sonidos desafinados al por mayor. Me siento afortunado por poder haber visto en concierto a Desmond Dekker antes de su fallecimiento. No obstante, y me ha pasado a menudo, quedo un poco insatisfecho después de las presentaciones. Por ejemplo, con Los Saicos, Skatalites, The Selecter, Los Intocables o los mismos Madness, pensando que siempre pudo haber mejores tiempos para verlos en vivo y ya no nos queda más que esto: un puñado de ancianos. The Urges en el Fuzz On!, una banda irlandesa de garage, de lo mejor que he visto. En D.F. nunca olvidaré las imágenes de sitios abarrotados de skinheads, hacinados, esparcidos por las calles, bailando rocksteady, reggae. Me la pasaba muy bien con ellos. Los Standards en el Monaghan. La noche de los Granadians, primero el show y después la madrugada en Plaza Garibaldi. Los Peyotes (nunca más) en el Alicia, con ellas. Recientemente la visita de The Cynics a León, fue un honor que nos invitaran a pinchar. Son muchas experiencias, de todo tipo.

¿Qué le falta a los grupos mexicanos (por no hablar de una escena) para hacerlo en grande y hacer gran música?
Yo pienso que cuando lo tomamos en serio, obviamente motivados por el gusto (o sea no cualquier cosa, bourdieurizando), todo es en grande, hasta lo pequeño. Hay micro-escenas/sociedades/culturas que así deben permanecer, es su naturaleza. A mí me gustan varias bandas poco reconocidas de mi ciudad y de otros puntos de la república, quizás no haya ninguna sobresaliente, pero para qué. Como he podido entender esto, y otros no, es que la música es el pretexto para vivir, o bien, que vivir es el pretexto para estar en la música. Y no hace falta ser músico: prefiero un grupo amateur con espíritu que un virtuosismo desalmado y pretencioso. Yo no creo en los que dicen que quieren hacer gran música.

Tus sets de música en vinilo son legendarios en la ciudad. ¿Cómo hacer para que funcione un set en una noche de guateque?
Hay noches que se tornan difíciles y siempre es bueno tener un tema ska sesentero o setentero en el bolso que salga al rescate. Casi siempre trato de armar un set, anticiparme y prever qué podría funcionar. Analizo el tipo de fiesta, lugar, posibles asistentes. Lo que sí, al menos conmigo, es inútil poner temas que no hagan mover los pies, no importa qué tan raros sean; esos son mejor escucharlos y perderse solito en casa. Bailables, muy bailables, esa es la clave.

¿John Lennon o Paul McCartney?
Pues ninguno. El primero por hippie y el segundo por zombie, y ni así me cae bien.

¿Qué grupos o artistas eliminarías del mundo para que fuese un lugar mejor?
¿Si pudiera modificar el pasado? Pues a la agrupación que conformaban los mencionados. Aunque, pensándolo bien, no existirían esas versiones jamaicanas como el All My Loving de Prince Buster o Don’t Let Me Down con Marcia Griffiths, ni los Trojan box-set de tributo a los Beatles. No es fácil. No modificaciones temporales, bien decía el Dr. Emmett Brown.

¿Tienes algún gusto musical culpable?
¡Los Beatles! No es cierto. Bueno, la verdad es que tantas veces Escapee de Architecture in Helsinki me ha dado los buenos días.

¿Cuál es tu bebida?
Café por la mañana, cerveza los fines de semana. Carolus, si me dan a elegir.

La pregunta molestamente obligada de estos cuestionarios: ¿Podrías nombrarnos tus 10 discos indispensables? Sé que es difícil, pero sólo 10.
He dejado de ser un tipo de discos indispensables. Sin embargo, puedo decir que disfruté mucho el One Step Beyond de Madness, fue elemental en su momento para decidir quién sería, cómo me vestiría, a dónde iría y quiénes serían mis amigos. Nombro nueve más que, mejor dicho, placenteramente me encuentro re-escuchando:
The Redskins, Neither Washington nor Moscow.
Los Negativos, 18° Sábado Amarillo.
Arpioni, In mezzo ai guai.
The Hippy Boys, Reggae with The Hippy Boys.
The Music Machine, Turn on.
Parálisis Permanente, El Acto.
John Keating, Space Experience.
Kingstonians, Sufferer.
Buzzcocks, Love Bites.

¿Y diez singles?
Diez que vienen ahora mismo a la cabeza:
The Brogues, (I Ain’t No) Miracle Worker.
The Zodiacs, Renegade.
Sound Dimension, Night Doctor.
Luis Antonio Díaz y su Sol Banda, Un paso adelante.
Polo Pepo, San Felipe es Punk.
Los Elegantes, Apunten y fuego.
Los Chijuas, Están cambiando los colores de la vida.
The Supremes, My World Is Empty Without You.
Dee Dee Sharp, Wild.
The Ponderosa Twins plus One, Hey girl.

¿Películas? ¿Libros?
The Harder They Come, This is England, Control, El día de la bestia, Lock Stock and Two Smoking Barrels, Snatch, Perro callejero, NEDS, Awaydays, Quadrophenia, Cass, The Firm, Ultrà, Naranja mecánica, Flamenco, Drugstore Cowboy, Fever Pitch, Take It Or Leave It, Factótum, Quadrophenia, Absolute Begginers. Libros desde el 1984 de Orwell, Kiko Amat (Rompepistas, Cosas que hacen BUM), Malacara de Fadanelli, Snuff de Palahniuk, Todo lo sólido se desvanece en el aire de Berman, Se busca una mujer de Bukowski. Etcétera.

¿Alguna recomendación de algo que no podamos perdernos?
Imperdible La Fiesta del Cerdo Violeta del próximo 24 de mayo en Jaibol Bar. Redistribuimos los primeros cinco números y amenizan musicalmente Tropic Aza, un coleccionista de vinilos y DJ chilango proveniente recientemente de Sudamérica (que ha colaborado con el sello español Vampisoul) y, además, su Banda Pan Blanco. También los locales Psychodeliciosos y Lengua 72. Estaré pinchando al principio de la fiesta en compañía de Pincha Frodo.

C/S.

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