Discos que importan: Echo & The Bunnymen, Ocean Rain.

Publicado originalmente el 9 de mayo de 2014.

“Ocean Rain is the only album I ever queued up for on its release day.
I waited in the rain outside for the shop to open.
If it was released tomorrow I’d do the same again”.
-Richard Hawley

“When I sing “The Killing Moon”, I know there isn’t a band
in the world who’s got a song anywhere near that”.
-Ian McCulloch

Yo. Ese álbum es mío. Y de nadie. Lo descubrí solo, lo escucho solo siempre. Ni siquiera es el disco mío y de mis amigos. Es mi disco. Y ya. Como los grandes enamoramientos, no lo puedo explicar (Townshend dixit.) Ni quiero. Ocean Rain de Echo & The Bunnymen es mi disco. Y claro que me he encontrado con májaras que se saben el disco al revés y al derecho y, por supuesto, son mis amigos porque no podría ser de otra manera. Pero aun así, es mío. Su Ocean Rain seguro no suena igual. Seguro.

No hay disco que se le parezca. Soy el colmo de lo subjetivo, pero así me gusta. Al carajo con el equilibrio y la distancia. Nadie se ha muerto por ser emotivo, que ya lo aseguraba el que también nos decía look back in anger y yo a él le creo. Que sí. Y voy a atacar con un cliché porque me da la gana, aunque me lo eches en cara mañana: este disco me lo llevaba a una isla desierta sí o sí.

Sí o sí porque makes me ‘appy, pero también me tumba, me pega en lo más profundo, desentierra secretos y me los restriega en la cara. Y cada vez que pasan frente a mis ojos me parecen nunca-tanto, menos graves, más ligeros, más llevaderos. Y puedo vivir.

Sí o sí porque me gusta cantarlo hasta que siento que mi pulmón va a tronarse otra vez, aunque me detengo porque soy un lilo total si me enfrento a la idea de que eso puede volver a pasar.

Sí o sí porque es un disco para cuarteto liverpudlian y orquesta de 35, más overdubs, pero lo mismo puede tocarse con dos guitarras en una habitación.

Sí o sí porque toda la historia que lo rodea me gusta por ridícula y romántica y exagerada y arrogante: eso del mejor disco de todos los tiempos que decía Mac y Jools Holland en moto y esos acentos increasingly rare y Life At Brian’s en el Brian Diner grasoso y local y todo-cutre donde las resacas se curan a lo norteño, desayunando, epa, que los Bunnymen eran esa clase de banda. Y el ferry cross the Mersey y las Peel sessions de 1983 y esa versión rudimentaria de The Killing Moon de Crescent Studio en Bath (ese nombre primero siempre me da risa y luego me recuerda a Barry Lyndon) y Watch Out Below que después de convirtió en el hombre yo-yo y Never Stop y las guitarras Washburn y Will Sergeant, crack, intentando emular el solo de A House is Not A Motel de Love distorsionando su guitarra con una radio de válvulas y la Catedral Anglicana de Liverpool y esas referencias medio-en-broma-medio-en-serio a los Bitels, como grabar Olyunirisló y mezclarla sin pudor y con genio con Like A Rolling Stone y con Rainy Day Women 35 & 12 porque al fin y al cabo ya habían hecho eso antes con Do It Clean y también estaba el asunto de tocar, como aquellos otros cuatro que decían yeyeyé, en el King George’s Hall porque además aquellos lo hicieron en el ’61 antes de ser quienes llegaron a ser y estos ya estaban por llegar a la cima del mundo a la que querían llegar con el único objetivo de mearse después sobre todo, si no, para qué.

Sí o sí porque Liverpool y París (Montmartre, Les Studios des Dames, Studio Davout, Le Moulin Rouge, Gauloises, Chateaubriand, Wayo! Ça va?, la belle époque, los chanteurs y las chanteuses y Sacha Distel y Johnny Halliday y Jacques Brel que aunque es belga tiene mucho del cabaret parisino) y Kirby y Bath y vino bueno y vino barato y pintas de lager y pintas de bitter y xilófonos y glockenspiels y guitarras acústicas y cuerdas, montones de cuerdas, y Brecht y Weill y esa portada ridículamente azul y bonita (foto de Brian Griffin, claro) y piratas y Ben Gunn y tormentas en el mar (los porteños siempre hablan de eso) y el mar como metáfora y el mar como mundo y el mar como todo, carajo, todo, de ahí viene la vida, contradice esa.

Sí o sí porque Bill Drummond. Sí o sí porque Henri Lonstan y Gil Norton (y Jean-Yves) y David Lord y ALL CONCERNED.

Sí o sí porque, como esos otros greñudos de Liverpool, estos tienen un nombre ridículamente improbable o improbablemente ridículo que raya en lo sublime por esa razón, justamente.

Sí o sí porque Silver y Nocturnal Me y Crystal Days y The Yo-Yo Man y Thorn of Crowns y The Killing Moon y The Seven Seas y My Kingdom y Ocean Rain. Y también por Angels and Devis y All You Need Is Love y Stars Are Stars y esa versión rara de Villiers Terrace en la que, gloria, Bill Shankly sale mencionado. Sí o sí porque Mac y Will y Les y Pete. Carajo, Pete, te fuiste pronto, prontísimo. Puta vida.

All hands on deck at dawn.

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