Me gusta el Merseybeat.

Publicado originalmente el 4 de abril de 2014.

Lo que sea que eso signifique.

Me gusta el Merseybeat. Sí, chica, que Merseybeat es de esas etiquetas vagas, incómodas, extrañas. Qué más da. Eso existió o creemos que existió en algún momento de la historia pop y hay muchas crónicas sobre ello. Y me encantan. Me gusta la leyenda alrededor de esa música que vino, vio y venció, retirándose pronto a casa con un montón de historias. Y ahí están en los libros, en las fotos y en el pietaje lleno de grano de la época el río Mersey y los ferrys y el ave Liver y el puerto y el cielo gris. Nunca he estado allí, me la debo. Pero casi puedo sentir ese aire pesado de mar (del otro lado del mar está Norteamérica, allí, justo detrás, con sus discos y sus mitos) que hace que todos hablen con la nariz y hagan los ojos así, así. Casi puedo porque he leído y he escuchado, sólo por eso. Es decir, no tengo ni idea, pero me gusta creer que sí.

Me gusta el Merseybeat. Y es difícil, porque a pesar de que es el sonido con el que comenzó a cambiar la música pop del XX, es algo que ya jamás volverá a estar ‘in’, ya nunca será hip en el futuro escucharlo ni mencionarlo ni escribir sobre él. No se pondrá de moda. A las chicas no les pone el Merseybeat, ¿o me equivoco? Es música de anoraks, de ferryspotters, de tipos que han pasado largas temporadas sin scatta (como dice el Tchido). Es, y tal vez exagero, un poco como el northern soul, pero mucho menos cool; está lleno de oscuros hits basados en un sonido primordial que puso de cabeza al mundo, singles firmados por grupos que tras quince minutos de fama en su barrio, desaparecieron para siempre. Liverpool, entre 1958 y 1964, debía ser una cacofonía divertidísima, con un grupo por esquina. Porque no es cierto que tras los Beatles todos corrieran a tomar guitarras y tambores y a ponerse a hacer música; eso ya ocurría y los greñudos sólo ayudaron a mostrarle la ciudad a Inglaterra, primero, y al mundo, después.

Me gusta el Merseybeat por cándido y sudoroso. Por provinciano. Como con los grandes amigos, los autos entrañables o las novias con las que uno termina compartiendo vida, su encanto estaba en sus fallas y sus limitaciones. Era una música simplona, divertida, peleona, guitarrera, nasal, brincona, que terminó por devorarse a sí misma en su repetición y que se negó a moverse hacia lo nuevo. Pero el Merseybeat era skiffle, rock and roll, rhythm and blues, canciones de Broadway: todo eso cabía. Todo venía de América y fue devuelto a América renovado, no necesariamente mejorado. Y, sí, en Londres Alexis Korner hacía de las suyas y estaba construyendo una revolución. Pero en el norte también pasaban cosas y entre pinta y pinta de cerveza surgió el Merseybeat, que lo mismo es música estridente que locos salidos de un sketch de los Goons; los liverpudlians no se sienten ingleses, tienen sangre irlandesa corriendo por las venas y, ya lo decía Melville, están siempre prestos a la diversión, al griterío, a cantar en voz alta. Y los 60 eran de ellos y para ellos. Tenían su propio periódico (el Mersey Beat, justamente, fundado por Bill Harry), su club insignia (The Cavern), su DJ (Bob Wooler), su mecenas aristócrata interesante (Brian Epstein), su leyenda oscura que venía de lejos y había llegado por el mar (Lord Woodbine) y sus embajadores ante el mundo (ya saben quiénes.) En alguna discusión con no recuerdo quién o quiénes, se planteó la inevitable disyuntiva Beatles o Stones. Ganó alguien que respondió: los Beatles, porque eran scousers. Gran argumento. Por cierto, mi beatle favorito es Stu Sutcliffe.

Me gusta el Merseybeat por You’ll Never Walk Alone en los estadios y por las guitarras estridentes con amplificadores Vox. Me gusta por los peinados totalmente lelos y por los trajes blanco y negro (ahora que reacciono, tal vez lo de los trajes se deba a que hay pocas fotos a color.) Me gusta porque fue mi escuela de iniciación. Me gusta como me gustan las cosas que me gustan: así, chica, y ya, sucede y a veces no lo puedo explicar.

Me gusta el Merseybeat. Es decir, The Searchers, The Mojos, The Undertakers, Cilla Black, Swinging Blue Jeans, The Big Three, Gerry & the Pacemakers, The Beatcombs, Kingsize Taylor & The Dominoes, The Quarrymen, Rory Storm & The Hurricanes, The Remo Four, Derry & The Seniors, Billy J. Kramer (especialmente con The Dakotas), The Cryin’ Shames, The Escorts, The Fourmost, The Liverbirds, The Dennisons, The Merseybeats, Lee Curtis & The All-Stars, Casey Jones & His Engineers, The Zodiacs, The Merseys, The Paramounts, Beryl Marsden, The Rebel Rousers, Tommy Quickly, Freddie Starr, The Del Renas, Earl Preston, The Dimensions, Pete Best, Faron’s Flamingos, The Kubas, Sonny Webb & The Cascades y esos los enlisto de memoria porque soy perezoso.

Me gusta el Merseybeat. Mucho. Cantarlo en voz alta. Bailarlo, solo, cuando no hay nadie, en mi cuarto de los discos. Pero, por qué no, puedo mostrarte mi colección, chica. A bailar. I like it!

C/S.

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