Kino pop (y IV.)

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Publicado originalmente el 28 de febrero de 2014.

Musicopatía, cinefagia. Va una cuarta entrega de comentarios de películas pop que duran entre 1 y 1,000 minutos y que forman parte del mapa de mi cabeza. Como devoto seguidor, llevo un registro más exhaustivo que conteo de calorías de una supermodelo de pasarela acerca de lo que veo, escucho y leo, mis verbos favoritos. Hoy presentamos uno más de los pequeños recuentos extraídos de los cuadernos actuales de su servidor y pana. No siguen un orden específico:

The Blank Generation (1976) de Amos Poe e Ivan Kral.
Antes de desatar la revolución de los gamberros y liderarla, los Talking Heads, Television, Patti Smith, Blondie, Tuff Darts, The Shirts, Jayne County (cuando todavía era Wayne) y los Ramones eran puro Apoya-Tu-Escena-Local de la Gran Manzana. Por ahí se paseaban también unos ya legendarios New York Dolls y Johnny Thunder, destrozando escenarios y baños en el CBGB’s, en Max’s Kansas City y todos los locales del Bowery. El excéntrico exiliado checo Ivan Kral y el cineasta no wave Amos Poe llevaban sus cámaras, por suerte; el pietaje fue montado como una canción punk, entre cervezas y navajazos, y el resultado fue un documental arbitrario y cucarachoso que hoy es Historia. Ochenta y cinco minutos de bulla y fragor y gritos e insultos y dedos levantados y chaquetas de cuero rotas y guitarras apenas afinadas.

Curious Alice (1971).
Un documental antidrogas de antaño que, al contrario, parece un promocional de viajes de ácido. Antes de David Lynch, unos anónimos ya aterraban al mundo con surrealismo de pesadilla en cine, tomando (claro) el relato de Lewis Carroll como punto de partida. Lo más chocante es que iba dirigido a niños de primaria. A mí me parece como que los realizadores lo hicieron todo con intención de pervertir y vendieron su broma muy bien. Justificadamente pasó muchos años en la oscuridad; recién se le redescubrió, pero parece que el mundo está más listo para Curious Alice. Subrayo: parece.

Good Ol’ Freda (2013) de Ryan White.
Los Beatles son una marca. Y como tal, tienen una estructura corporativa. Brian Epstein así entendía el asunto: quería superar a Larry Parnes, el mánager más exitoso del pop a inicios de los 60, y armó un imperio alrededor de las pelambreras de Liverpool. Todo salió bien y los chavales conquistaron el mundo. Detrás de ellos había un montón de gente en puntos estratégicos. Algunos ya han sido reivindicados (Neil Aspinall, Mal Evans), algunos tuvieron que hacerlo por su cuenta (Alf Bicknell, que grabó un documental bastante oscuro.) Ahora toca a Freda Payne, secretaria particular de NEMS, donde comenzó todo en Liverpool, y luego de Epstein y los Beatles. La película le hace justicia a una mujer trabajadora y simpática, que a pesar de tener el trabajo que millones de chicas alrededor del mundo habrían matado por tener, siempre mantuvo un perfil discreto, casi invisible. Estuvo allí al inicio en The Cavern, estuvo allí hasta después del final y las peleas. Vivió in the shit sin mancharse ni un poco. Hoy, a la distancia, lo cuenta por primera vez con gran cariño y sana nostalgia. Y a nosotros no nos queda de otra que quererla un poco. Grande, Freda.

MC5: A True Testimonial (2002) de David C. Thomas.
Kick out the jams, motherfuckers! Este documental no se parece a muchos otros, porque MC5 fue un grupo que no se parecía a muchos otros – aunque con el tiempo los clones salieron hasta de las coladeras. A True Testimonial fue grabado a lo largo de siete u ocho años en una labor de amor de un pequeño equipo dedicado y muy fanático. Hay mucho material inédito que no tenía sonido y fue musicalizado con el salvaje ruido de los underdogs de Detroit; hay entrevistas a profundidad con los miembros sobrevivientes y muchos paseos por una ciudad triste que iba directo a la quiebra que vive ahora, no sin dar patadas y puñetazos. Un magnífico documento de enojo y antiautoritarismo, uno termina de verlo con los puños cerrados y el corazón latiendo al ritmo de la batería de Dennis Thompson. No está en DVD aún por una agria disputa entre el realizador, el productor Thomas Lengler y Wayne Kramer, guitarrista del grupo, por los derechos de la música; se estrenó en varios festivales y hay posibilidad de verla en la red.

Music is the Weapon (1982) de Jean-Jacques Flori y Stéphane Tchalgadjieff.
Fela Kuti, rey panafricano de la música y el poder para la gente, estaba en el punto más alto de creatividad y furia en 1982. Y un par de cámaras se introdujeron con él hasta lo más profundo de su barrio, donde era monarca absoluto, en lo más marginal de Lagos. Allí vivía con sus decenas de esposas, sus músicos y sus discípulos incondicionales, que viajaban con él en autos a punto de destrozarse de viejos y usados a sus tocadas a los clubes más peligrosos de Nigeria. La música es impresionante, las actuaciones de Fela Kuti y su banda también. Su labia e ideología están presentes en cada cuadro de película. Es un recuento poderosísimo de un pedazo de vida de uno de los héroes más importantes de toda la música. Impresionante.

Punk in Africa (2012) de Deon Maas y Keith Jones.
La gran música sale de las grandes crisis. Y qué más grande cataclismo que el siglo XX en África. Tres acordes y tres países: Sudáfrica, Mozambique y Zimbabwe. Después de ver los primeros dos tercios de película, parece que los Sex Pistols son como las Spice Girls. Esto sí que era un no future tremendo, una lucha contra la opresión cuerpo a cuerpo y un arriesgar la vida por hacer un poco de ruido y sentirse libre en una canción punk. Es, además, una pequeña enciclopedia para descubrir nuevos grupos de lugares en los que no sospechábamos que se hiciera música así. No los enlistaré, mejor busquen la película y asómbrense. Está en Netflix, ustedes.

The Responsive Eye (1965) de Brian de Palma.
Antes de convertirse en director promesa y explotar como petardo, Brian De Palma estaba metido de lleno en el cinema verité y el mundillo del arte. Aquí demuestra su mirada aguda que se perdió en alguna parte del camino. Así pasa. Puto mundo. The Responsive Eye va de una exposición op-art (el arte de novedad) curada por Willian Seitz en el MoMA en 1965. Se trata de una disertación del curador y un vox-populi a los asistentes: del modernillo que ama todo a la chica cabeza hueca que se lo creyó todo a los escépticos de siempre y los abuelitos que están en el lugar incorrecto a la hora incorrecta. Algo les digo: es divertidísimo. Y, dicen, es un documento importante en la historia del arte.

Starshaped (1993) de Matthew Longfellow.
En 1993 esa cosa llamada Britpop estaba lista para tomar del cogote al mundo. Los cuatro mocosos insoportables de Blur lo sabían y lo hacen notar en Starshaped, un documental tan interesante como irritante. Se trata de un seguimiendo de las giras promocionales de Leisure y Modern Life is Rubbish. La escena famosa ocurre en el festival de Glastonbury de 1992, cuando Damon Albarn hace cabriolas y tira una bocina y le cae sobre el pie, lastimándolo. Debo confesar que pensé “te lo merecías” cuando vi el film y creo que lo pienso aún ahora. Con todo, la música está muy bien, Blur estaban finísimos y aún no hacían Parklife, así que esta es su mejor etapa. Y sí, tenían forma de estrellas ya. Superestrellas. Ay, el mundo.

C/S.

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