Cinco canciones para el weekend (y VI.)

0 Headhunters

Publicado originalmente el 24 de enero de 2014.

Sigamos hablando de música, que hace falta. Hace mucho que no me sentaba a hacer una lista de canciones para el weekend, así que ya toca.

Sunny Ozuna & The Sunliners, Put Me In Jail.
Ildefonso Fraga Ozuna, de San Antonio, es un personaje fascinante. Nació en 1943, a tiempo para la gran explosión del rock and roll. Su piel era demasiado blanca para algunos y demasiado oscura para los jodidos de siempre; de ahí que un apodo de infancia, Bunny, se convirtiese en Sunny, un nombre lógico para un cantante de las baladas con más alma de aquel lado de la frontera, pero con voz para las más rasposas y bailonas tonadas, porque en Tecsas hay que bailar sí o sí. Lo hizo en grande. Se codeó con Archie Bell & the Drells antes de que éstos fuesen un éxito mundial, fue un gran éxito de listas antes que los Beatles, fue pilar de la Onda Chicana (ese gran movimiento social, político y cultural del que, ay, nadie debería olvidarse) y ha sacado más discos que el más prolífico de los músicos del orbe. Put Me In Jail es una baladísima sentida (pero muy sabrosa) en su estilo sixties que seguro cautivó a las lindísimas aztec princesses de la región. Ozuna tenía clase y aquí se demuestra. Tal vez tiene canciones mejores, más exitosas, pero a mí esta es la que me gusta desde la primera vez que la escuché. No me canso. Y si alguna vez lo hago, si cae mi devoción, Sunny Ozuna tiene la última palabra: put me in jail if I fail in loving you.

Little Jr. Jesse & His Teardrops & The Tears, Giving Up On Love.
Ay, esos otros años 60. Sólo el inicio de esta canción me da escalofríos de lo bonita que es. Esos metales, ese órgano, y la voz llorosa de Little Jr. Jesse, el gran crooner del soul chicano tex-mex, son todo lo que necesito. La toma vocal es perfecta. La batería aporrea dramática un tempo lento e intenso y el órgano… carajo, también llora, como se hace sobre unos tequilas cuando todo parece perdido pero sabemos (y sabemos bien) que sólo será por una noche porque mañana hay que levantarse y ponerse la camisa y decir “a partir de ahora esto que duele va a hacerme más fuerte” o simplemente “me lo voy a pasar de puta madre”. Los metales son como los mendas fieles que están ahí, escuchan, y luego intervienen, y luego se callan, y luego entran de nuevo para calmar el desconsuelo. No puedo escuchar Giving Up On Love sólo una vez. Estas lágrimas son más que noventa y seis. Estás lágrimas son de verdad, no de esas que se ven en la televisión a la menor provocación por nimiedades o efectismo. Estas son las lágrimas de Little Jr. Jesse y el nombre de su grupo y su acompañamiento vocal es el más apto en la historia de los nombres aptos de grupos de lo que sea. Maldita maravilla, así da gusto estar vivo.

Cannibal & The Headhunters, Don’t Let Her Go.
Estos eran del East Eléi y dañaron severamente las listas de popularidad con su versión de Land of a 1000 Dances, que fue la primera en incluir el famoso “na na-na-na-ná” Cuenta la leyenda que Frankie García, el cantante, olvidó la letra mientras se grababa en un concierto en vivo y resolvió cantando eso. Más tarde, el mismísimo Wilson Pickett incluiría ese “na na-na-na-ná” en su versión, igual o más exitosa. Unos malditos cracks, les digo. Le abrieron a los Beatles en 1965, su segunda gira por la Unión Americana. Y, carajo, tienen uno de los mejores nombres de todo el rock and roll. Hacían doo-wop, se pasaron al wokandwoe, e hicieron carrera. Don’t Let Her Go es un hitazo enterrado en medio de su LP de 1965 (titulado, claro, como su canción de más éxito, la del na na-na-ná.) Comienza como un soul aceitoso con aplausos y eco; García comienza a cantar y le acompañan haciendo unas armonías muy prolijas y callejeras Richard López y Robert y Joe Jaramillo. Todos tenían apodos geniales: García era, claro, “Cannibal”; López era “Scar”; Robert, “Rabbit” y Joe era llamado “Yo Yo.” Un gang. Y a eso sonaban. A eso suena Don’t Let Her Go: puro vértigo y sabor y botines de tacón cubano y lentes oscuros y trajes de pachuco. Eso era un grupo de rock and roll, no los esperpentos de ahora.

Chan Romero, My Little Ruby.
Esa introducción de guitarra es todo lo que el rock and roll es y debería ser. En las venas de Chan Romero corría sangre española, apache, mexicana, cherokee e irlandesa. Un día, como le sucedió a muchos, vio a Elvis Presley y decidió que esa vida la quería también él. Viajó a dedo desde su natal Montana hasta California, donde comenzó a hacerse de un nombre. Su canción más conocida es responsable, hasta cierto punto, del merseybeat. Y, todos sabemos, del merseybeat salieron los Beatles. De hecho, su canción más conocida es más conocida en otras manos, específicamente la de los Swinging Blue Jeans, que la llevaron al número uno en Europa (los otros greñudos de Liverpool también la versionaron, aunque nunca en un disco oficial.) Se trata, obvio, de The Hippy Hippy Shake. Me fascina, pero creo que me gusta todavía más My Little Ruby, que impresionó a Sonny Bono y con razón. La voz de Chan Romero es poco sofisticada, rudimentaria, pero con un acento que se aleja totalmente de las inflexiones country del primer wokandwoe. Impresionante. Esos gritos de a-ha yeh-yeh-yeh a-ha oh-yeah son muy hijos de la época, pero en Romero son conmovedores, como si ahí residiese el secreto de algo muy, muy grande que puede hacer al mundo mejor. Ese fraseo presleyiano (so-o-o fine) es en la garganta de Chan Romero un so-ho-ho-fine que lo hace más auténtico, a pesar de ser una imitación. Es pura alma.

The Majestics, I Love Her So Much (It Hurts Me).
¿Es posible que sea esta mi canción favorita de siempre? Muy posible. A mediados de los 60, un trío formado por David, Rubén y Art Robles grabó en Eléi esta canción para la novia del último. Max Uballez, productor para Linda Records, decidió añadirle un mariachi (el Mariachi de Ralph Ventura) y aplausos. El disco se perdió, aunque seguro fascinó a la que se convertiría en la señora Robles. El mundo es raro y el 7” apareció en los clubes de northern soul en Inglaterra, convirtiéndose en un éxito menor y muy de culto. Es una rareza que no debería serlo: si hay una canción buena en el mundo es esta. La amo tanto, que duele. No puedo decir mucho más.

C/S.

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