¡Liberen a Nelson Mandela!

Publicado originalmente el 13 de diciembre de 2013.

¡Libérenlo! No dejen que lo conviertan en su juglar, como escribió valientemente Musa Okwonga; Mandela no es la figura de algodón y azúcar que van a querer vendernos. Mandela no era Gandhi, no es material de tarjetitas de felicitación, no es (citando de nuevo a Okwonga) una canción cantarina y siéntete-bien de reggae. ¡Liberen a Mandela! No dejemos que los medios, las letras, el boca-en-boca le quiten su carga política, su elemento de raza, su furia de lucha. Porque de eso se trata: puños cerrados, cerebros a velocidad de bólido, corazones alerta, ojos bien abiertos, dientes apretados, almas dispuestas, bocas sabias y controladas. Mandela es un héroe porque es la representación, aún hoy, de un sufrimiento y una lucha que parecen lejanas, ajenas, de por allá, pero que también deben confrontarse aquí y ahora, en pleno XXI enfermo. ¡Liberen a Mandela! ¡Que no se convierta en una nota al pie, en un personaje cuya foto sale en el libro de Historia, que adorna los periódicos murales de las escuelas para ser ignorado! ¡Que no se banalice no sólo la figura de Rolihlahla, sino el racismo, el abuso, la contienda! ¡Que no parezca que el apartheid fue un accidente y que ya se arregló mágicamente y que, al fin, pasó en un lugar lejano en un tiempo lejano! Eso sería un engaño.

En 1984 sonó en la radio, de la nada, algo llamado The Special AKA. Para muchos, era la continuación natural del proyecto original de Jerry Dammers, The Specials, ese grupo definitorio para la música moderna. Procedentes de Coventry, un pueblo hecho mierda en las Midlands inglesas, los Especiales hacían honor al nombre con música bailona y letras con sustancia; Thatcher estaba en su apogeo y quedarse callado equivalía a solapar a un gobierno espantoso (una lección que no hemos aprendido aquí.) Y en ese 84 crispado, Dammers y su tropa tenían la misión de dar a conocer al mundo un nombre que no debía olvidar, porque significaba mucho a pesar de la lejanía. Free Nelson Mandela se convirtió rápidamente en un himno anti-apartheid nacido del corazón de Inglaterra. ¿Tenía sentido? Todo. Todo. Un régimen intolerante y una sociedad clasista que ve hacia afuera una vez, por fin, y le pone nombre y apellido a un hombre que representa a millones; se crea consciencia a partir de un estribillo pegadizo y un ritmo que hace bailar. Como dijo mi amigo Ulises, si uno realmente ama la música, le debe cariño y respeto a África. Mandela, en 1984, llevaba veinte años en prisión; el mundo le había olvidado y Sudáfrica recién había despertado tiempo antes gracias a los esfuerzos de Winnie Madikizela, su entonces esposa, quien hizo un activismo agresivo y abierto. La tonadilla de Dammers ayudó, sin querer, a colocar en un lugar visible el nombre de Mandela en occidente.

Antes de 1984, ni Dammers sabía quién era ese tal Madiba. Supo de él en un concierto anti-apartheid en Londres al que fue guiado por su curiosidad por la música y la otredad; los artistas que actuaron esa noche, gran parte de ellos africanos, no hablaron de otra cosa. Se puso a investigar acerca del asunto y tocado por lo que aprendió, supo de qué hablaría esa tonada a la que le daba vueltas y vueltas sin encontrarle una letra adecuada. Free Nelson Mandela llegó en un momento oportuno, cuando artistas como Billy Bragg, Paul Weller, Elvis Costello o Madness hacían comentarios políticos en clave pop y cuando la lucha anti-apartheid tomaba un nuevo aire. Fueron los tiempos que antecedieron al Band Aid y justo en la época en la que la Gran Bretaña sostenía un boicot cultural contra Sudáfrica (roto por Paul Simon y su Graceland) que muchos extranjeros apoyaron. El Congreso Nacional Africano, del que Mandela había sido líder, aprovechó estos tiempos álgidos para consolidar células internacionales de apoyo. Jerry Dammers capitaneó el ala británica. Todo por un single que costó trabajo grabar y que, al final, fue el final de la carrera de Dammers en los estudios; la producción corrió a cargo de Costello y llegó al no. 9 en las listas británicas, pero impactó hondo en una juventud post-punk que encontró una causa más. Fue difícil que los políticos ignoraran lo que sucedía. Las voces comenzaron a alzarse.

Hoy que Mandela ya no está la canción toma otro sentido. Free Nelson Mandela sigue siendo un himno sustancial. The Onion, el sitio inglés de noticias de guasa, publicó el 5 de diciembre una nota en la que aseguraban que Mandela es (y será, tal vez) el único político al que, a su muerte, el mundo echa de menos. Y, carajo, no fue un santo ni un hombre venerable; fue un ser humano que resistió valiente y que reconcilió valiente. No era una caricatura ni una cita inspiradora en un muro de Facebook; era una amenaza latente, un símbolo del No Pasarán; antes, era un foco rojo, un papel archivado en una oficina vieja bajo las etiquetas comunismo y terrorismo (¿o no, Regan?); hoy, muchos se cuelgan de él para revalidar ya no se sabe qué. Pero, paren: Free Nelson Mandela. Que no se nos olvide. Mandela estaba enojado. Pero era sabio. Y, a pesar de todo lo logrado, se fue intranquilo, porque el trabajo apenas comenzó y no sólo en Sudáfrica. El mundo está enfermo y en lugar de ponernos playeras y pines con la cara de Madiba, será mejor ponerse a leer, a escuchar, a conversar, a aprender y avanzar, a no conformarse, a levantar la voz, a dirigir el enojo, a formar el criterio, a salirse de los insulsos foros de Internet y tomar la acción, a no insultar, a tolerar, a apreciar, a sorprenderse, a usar el tiempo, a no creerse lo que nos dicen, a pensar y repensar, a unirse, a hacer preguntas, a buscar, a resistir, a no quedarse en consignas, a anular pensamientos partidistas, a liberarnos de dogmatismos, a pensar en lo que realmente nos conviene a todos y no en ser coherente a una idea vaga sólo por ser fiel a un color o a un eslogan. A hacer política, que la hacemos nosotros. A ya no dejar que nos vean la cara. A levantar el puño cerrado y liberarnos también un poco aunque sea…

A vivir bien. A hacer lo que nos toca, donde nos toca, cuando nos toca. Sólo así. Voy a tocar ese disco una vez más y a lo que vendrá.

C/S.

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