Quartetto Cetra, aquel verano y Breaking Bad.

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Publicado originalmente el
29 de noviembre de 2013.

Hace unos años, la canción del verano (de nuestro verano) fue el Lambret Twist. La descubrimos vía un remoto y cavernario YouTube que no se parece al actual pero que ya servía como plataforma de lanzamiento hacia universos anómalos. Y justo eso era lo que buscábamos: prodigios pop que pudieran sorprendernos en un verano de sopor y cientos de horas vacantes. Nos pasábamos las tardes en Molokoville, ese apartamento cucarachoso y rascuache, pero daba igual. King’s Road queda muy lejos, pero aquí tenemos la música.

Y entre disco y disco, Lambret Twist. Italia estaba de moda, por alguna razón insondable. Nos dio por escuchar beat italiano, Celentano, Ítalo Disco, Statuto, progresivo de duendes. No, es broma. Lo del progresivo de duendes, claro, que lo demás no. Se nos daba muy bien un montaje imbécil de Angelina Zooma Zooma de Louis Prima, pero éramos mozalbetes ágiles y divertidos. Lo único que faltaba para terminar de retocar esa obra maestra de estío gandul era algo como el Lambret Twist.

¿Que qué es el Lambret Twist? Epa, viejo, que es la mejor cosa del mundo. Son tres pelados y una dama, muy posguerra, muy mediados del XX, muy elegantes, que cantan y hacen el bobo en un anuncio de Lambretta que se transmitió en la televisión italiana alrededor de 1962. Es un sketch muy guasón de dos minutos; al principio están vestidos como científicos y parecen aburridos, aunque no se entiende bien por qué pues están en un laboratorio de esos muy jamesbondianos en los que todo es cartón y fluorescencia y el humo emana de los tubos de ensayo y hay cosas que giran y antenas ridículas. Se preguntan el uno al otro, cantando, ahora qué pueden inventar. Después de barajar una serie de posibilidades mentecatas, deciden crear una Lambretta potentísima con frenos de disco de novedad y, sobre todo, un claxon que haría que Wile E. Coyote salive. ¿Y después de la Lambretta qué inventan? Es 1962. La única respuesta posible es: ¡inventemos el Lambret-twist!

Y, claro, prosiguen a hacer un baile irrisorio, pegadizo y socarrón, un twist que, por supuesto, emula el movimiento de un manubrio de scooter. Está de más decir que conducir una Lambretta haciendo el Lambret Twist es tan necio y peligroso como conducir con los ojos vendados, pero el bailecito tiene lo suyo. Lo que sigue es un montaje con algunos personajes entrañables y un par de caricaturas racistas, pero que puede poner eufórico hasta al más alicaído. Una verdadera obra maestra de la publicidad, dirán algunos. Una verdadera obra maestra de la canción ligera y el dance craze, diré yo.

El Quartetto Cetra era el responsable de la tonada, un grupo vocal italiano de inicios de los años 40. Fueron grandes en la Italia de los días de radio y vendieron muchos discos. Al principio eran cuatro sujetos, pero uno de ellos se fue al ejército y fue reemplazado por la dama arriba mencionada. Sus nombres: Felice Chiusano, Lucia Mannucci, Virgilio Savona y Tata Giacobetti. Su repertorio gigantesco abarcaba los ritmos de la época y se adaptaban a los tiempos: lo mismo hicieron jazz ligero en los 40 que baladas en los 50 y doo wop y twist en los 60. Giraron por cuarenta años por Italia y Europa y recibieron el aplauso de todo público ante el que actuaron. Los niños de la bota del Mediterráneo se emocionaron con el Quartetto Cetra en la versión italiana de Dumbo, para la que hicieron coros; fue una grabación tan exitosa que Walt Disney les felicitó personalmente. Las versiones locales de Música, maestro y El mago de Oz también usan sus voces. Su debut en la televisión se dio en 1954 y su combinación de canciones y sketches de comedia los hicieron los bufones más famosos del país.

Eran otros tiempos, era otro mundo. Hasta hace poco el Quartetto Cetra era una rareza, una mina enterrada esperando algún iluso, una partícula colorida en la entropía de esa cosa amorfa que, a falta de un buen nombre, algunos llaman posmodernidad (ugh.) Eran recuerdos, eran videos y canciones que estaban a sólo un clic de distancia de algunos curiosos que, por angas o mangas, se iban en otra dirección. Y entonces llegó aquel verano y muchas cosas tuvieron sentido. Pero como todo, el tiempo pasó y hubo que archivar muchas canciones y sensaciones.

Pero no es tan sencillo. El universo está vivo y conspira. El verano pasado fue de Breaking Bad porque, carajo, nada me había enganchado a la tele así desde, no sé, tal vez Pete y Pete. Y en el episodio final de la tercera temporada, ahí estaba, el Quartetto Cetra, cantando Crapa pelada, un temazo del tamaño del Sistema Solar, en perfecto contrapunto con las imágenes. Cabeza rapada. Walter White. Quartetto Cetra. Chiusano, Mannucci, Savona y Giacobetti irrumpiendo de nuevo en un mundo que les necesita, recordándonos tiempos y sensaciones que no deberían perderse nunca por el bien de todos, no dejándonos olvidar el sentido del asombro y la cosquilla de una buena armonía vocal y la risa franca del humor impoluto y efectivo de antaño. Los días de radio nunca regresarán, pero es bueno saber que sucedieron.

Todo puede quedar muy lejos, pero tenemos la música.

C/S.

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