¡Escucha!

Publicado originalmente el 1 de noviembre de 2013.

Escuchar: una acción que damos completamente por sentada. Pero no el oír primitivo, acción reflejo de supervivencia; más bien ese escuchar sofisticado que significa subirse al auto y encender la radio, que nos permite cantar en la bañera una melodía estructurada, aprendernos una canción. Es una cuestión compleja.

El oído es el sentido difícil. Escuchar sonidos estructurados, música, requiere de una estructura mental, física y cultural. Es el sentido que tardó más en evolucionar y el que, aún ahora, requiere de una gran educación para poder trabajarlo a fondo.

Sonido es vibraciones, good v-v-vibrations, ondas que viajan por el aire, golpean un objeto y generan una reacción, ya sea que éste las absorba, las rebote o, más importante aún, las decodifique. Caso del oído humano. La información de las ondas puede ser interpretada por el cerebro humano tras haber golpeado el oído interno. Una maravilla. En realidad Long After Tonight Is All Over de Jimmy Radcliffe no es más que confusas ondas, información caótica que tenemos el privilegio de poder descifrar. Afortunadamente la experiencia vital y la naturaleza nos permiten que esas ondas en realidad se conviertan en tres minutos de baile, canto y sentimiento. Energía. Romance.

Divago. Aunque, tal vez de eso se trate un poco también, porque (por fortuna) no todo lo podemos explicar (o tal vez no debemos explicar) con tablas de frecuencias y longitudes de onda. Cuando el sonido es estructurado e intencionado, ondas + información, hay magia. Sólo puedo llamarla así.

Cuando oímos música es porque nuestro cerebro la construye así. Tenemos una mente musical. Qué privilegio, carajo. Nuestros cerebros son capaces de manipular patrones de sonido mucho más complejos que aquellos de los animales. No es que nuestros cerebros tejan una red de relaciones en la música y luego la escuchen, sino que escuchar es el acto de modelar dichas relaciones.

Tener un buen oído para la música es más que eso: es tener buena mente para la música. La mente lee la música. A escuchar se aprende.

Físicamente, escuchar consiste ondas alcanzando nuestra pinna, nuestra oreja, que es como un amplificador. Es como el panel de una trompeta, pero a la inversa. Es un aparato anatómicamente diseñado para recoger estas ondas y transportarlas, Como un embudo que engrandece las frecuencias y que permite que lleguen hasta el oído interno, un complejo entramado de membranas que son golpeadas por las ondas. Éstas, a su vez, a base de golpes, transmiten esta información, cual supercomputadora, hasta el cerebro. Y entonces la Sad Song de Otis Redding suena tremenda, a pesar de ser sólo impulsos. Imposible no ponerse a cantar. Demasiado como para estar pensando que esas ondas han pasado por un tubo, acariciado unos pequeños pelillos que tenemos en los oídos, golpeado en unos martillitos y luego traducidas, mágicamente. Si eso no es magia, carajo, yo no sé qué es.

Como todo aparato, el oído necesita estar utilizándose para que no se atrofie, pero el uso debe ser adecuado. Por algo, el padre de Jimmy en Quadrophenia le advierte que se quedará sordo si escucha a The Who en Ready Steady Go! a ese volumen brutal. Habrá que preguntarle a Pete Townshend, quien ya de viejo ha hecho que el nombre de su banda adquiera un nuevo significado. Who?

Casi toda nuestra experiencia auditiva está dedicada a identificar cosas, es decir, que estamos muy interesados en saber de dónde viene el sonido. Es como ver a través de los oídos. De ahí que hay que aprender a escuchar música. Y, que conste, no lo hablo en un tono académico. El instinto también se educa. Sin él, qué somos.

Máquinas, creo. O algo peor.

La naturaleza está mucho más ocupada haciendo trabajos importantes que creando sonidos bonitos. Ese trabajo nos lo deja a nosotros. Crear patrones. Estructura. Las distancias entre tonos son precisas; de lo contrario, un cerebro tendría qué trabajar muchísimo más y el placer se esfumaría. Pero las ondas siendo tales tienen comportamientos distintos.

Cada melodía es una invención única en el sonido, una máquina inteligente que produce sensaciones y modifica el mundo. ¡Escucha!

C/S.

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