Anomalías pop: The Beach Boys y Cromagnon.

Publicado originalmente el 27 de septiembre de 2013.

Dos textos publicados originalmente en LaPopLife.com, para una serie de discos fuera de su tiempo, anomalías pop. Dos discos yin yang, polos opuestos, blanco y negro, arriba y abajo. Cuál es cuál, es la cuestión. Disfrutad.

* * *

En el canon pop, 1977 es un número al que es seguro apostar. Es un fetiche. Es sinónimo de decadencia y de insurrección. Se ve bien en chapitas y pintarrajeado en playeras y los lomos chaqueta de cuero del petimetre de turno. Es una combinación de cifras que genera nostalgia y suspiros y que hace que los corazones se aloquen y los puños se cierren, así como así, y apunten al cielo o a la mandíbula de algún bergante. Uno, nueve, siete, siete.

Y cómo no va a ser un año totémico, si en 77 salió el Love You de los Beach Boys.

No, en serio.

Sí, ya me sé el argumento: que los Sex Pistols y The Clash (y su “no Elvis, no Beatles y no Rolling Stones”) y Wire y Richard Hell y los Voidoids, el no future y esos raros peinados nuevos, el Studio 54, la muerte de Marc Bolan como estafeta para la Próxima Cosa Grande. Y del otro lado los Fleetwood Mac se molían a golpes pero la radio no dejaba de sonar Rumours y ese adefesio llamado (ugh) Hotel California de los (ugh) Eagles. Todo insania o revolución: en las ondas hertzianas la exageración y el melodrama; en las calles, se forjaba el meteorito sónico que acabaría con los dinosaurios. ¡Y qué mayor dinosaurio que Brian Wilson!

Ajá.

Love You es una anomalía en una época furiosa. Pero Brian Wilson ya había vivido todo eso, su cerebro estaba frito antes que eso fuese mainstream y estaba recuperándose para regresar a la vida normal. Y para él la vida normal era componer obras maestras de tres minutos. Su disco del ’77 así lo comprueba.

Prácticamente un trabajo solista que terminaron de redondear los restantes Beach Boys (a quienes el “boys” ya comenzaba a quedarles holgado), Love You es un retrato íntimo y sincero de un héroe a punto de resurgir. Pero no para dominar al mundo, sino para estar bien consigo. El álbum es sencillo (dentro del impresionante rango Wilson, que quede claro) y sereno. Brillan los sintetizadores y la voz de Brian que, en ocasiones, parece a punto de romperse.

Love You es una maldita belleza.

Sí, ya me sé el argumento: que el punk y que la música disco y su influencia en la música de hoy. Ajá. Justamente, entre músicos anda el juego. Pregunten, por ejemplo, a Alex Chilton, a Peter Buck o a Duglas T. Stewart (de los BMX Bandits, el grupo al que Cobain siempre quiso pertenecer), al agudísimo Lester Bangs o a Patti Smith qué piensan acerca de todo esto. Se decantaron siempre, en secreto y en voz alta, por Love You; por su magra honestidad, sus melodías sin edad y el genio que irradiaba cada nota. Stevie Jackson (de Belle & Sebastian) hizo una magnífica versión a Good Time, una de sus canciones favoritas de todos los tiempos… y nuestra también. Qué más.

1977 tiene un argumento más para seguir su carrera de número fetiche del pop. Fue el año en que Brian Wilson escribió su obra maestra secreta y personal. Qué mayor hito que ese.

* * *

Dicen que Hendrix fue experimental, que Sgt. Pepper expandió los límites del pop; dicen que en 1969 había muchos adelantados a su tiempo. Y, claro, no están equivocados. La cuestión es que de debajo de la tierra, muy cerca del infierno, surgieron unos dementes que venían del futuro o de otro lugar inexplicable, porque hicieron un disco que incluso hoy suena avanzado, muy avanzado.

Paradójico que su nombre sea Cromagnon.

Antes que Trent Reznor, existieron Austin Grasmere, Brian Elliot, Sal Salgado y Vince Howley, psicodélicos salvajes. En un momento de iluminación inspirado por algún ácido muy fuerte y Edgard Varèse, decidieron grabar un álbum que realmente fuese más allá. Mucho más allá. Tanto que es ya el siglo XXI y seguimos sin alcanzarlo.

Orgasm se llama la placa. Salió en 1969. Fue grabado en Nueva York y lanzado por ESP-Disk, un sello de por sí experimental. Son cuarenta y tantos minutos de locura.

Tres años antes, sí, Zappa había hecho Freak Out! Ajá. Lennon había grabado su Revolution 9 y Hendrix sus ruidos con feedback. Vale. Pero Cromagnon es noise, no wave y rock industrial antes del noise, el no wave y el rock industrial.

Uno pone el disco y los amigos piensan Ministry. O Einstürzende Neubaten. O un proyecto alterno de Thurston Moore. Lados B del Pretty Hate Machine. Y están en lo correcto, a eso suena. Pero, hey, es un disco de 1969. Va de nuevo: es un disco de 1969.

Claro que no vendió ni media copia. Exagero, vendió algunas. Pero nadie entendía.

Nadie entendía.

La idea de Grasmere, Elliot, Salgado y Howley era hacer avanzar la música a su siguiente etapa evolutiva. Lo lograron, sólo que se adelantaron unas cinco generaciones. ¿Y entonces, ese nombre? Pues, es que otro no tenía sentido. Además de instrumentos eléctricos y electrónicos, se usaron palos y piedras. Y gritos. Podría decir “es una cacofonía de” y sandeces del estilo, pero es que no hago justicia al ruido que sale de los parlantes. Es escalofriante.

Cromagnon. Orgasm. Ojo con esa combinación de nombres.

¿Radiohead? ¡Por favor! Cromagnon lo hizo primero. Y mucho antes. Orgasm es un álbum drogota, asesino, monstruoso, genial. Como para ponerse a temblar. De verdad, ¿de dónde salía este ruido? ¿De dónde venían estos orates?

¿Y a dónde se fueron?

C/S.

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