Desempolvando libros: Terry Southern, Ashley Kahn, Peter Brown, Floyd B. Barbour, Phillipe Bas-Rabérin.

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Publicado originalmente el 23 de agosto de 2013.

“Llega un momento en la vida en que es necesaria una Gran Reorganización. Los motivos son variados.” La Gran Reorganización tocó hace poco y desempolvé muchos discos. Pero también libros porque, ¿quién puede vivir sin ellos? Quien haya arrojado la primera piedra lo habrá hecho porque no ha tenido el placer gigantesco de acercarse a un libro; en mi vida (que no es modelo para ninguna) leer es tan necesario como descubrir nuevas canciones, eso es, tan necesario como follar, comer, beber, cagar. Todos verbos vitales.

He debido desempolvar muchos libros en esta tarea. Aquí van cinco con los que me ha dado tanto gusto encontrarme como con un viejo y querido amigo:

Terry Southern, A la rica marihuana (y otros sabores).
En Anagrama, colección Compactos. En 1968 pasaban demasiadas cosas. Entre ellas, Terry Southern, ese dandi incorregible, ese tornado en botas vaqueras, el epítome de ese periodismo (?) vivencial: todo primera persona, todo impulso. Tom Wolfe quiso teorizar sobre ello y, aunque hizo dos o tres cosas notables, nunca pudo ser como Southern, ni cerca. Hunter S. Thompson le pisó los talones en algún momento, pero sólo eso. Southern era, además de un tipo con la pinta completa, una mente brillante y visionaria (hoy este último adjetivo significa poco, pero en Southern todo se resignifica.) Escribió Dr. Strangelove con Kubrick, Easy Rider, The Magic Christian (esa joya de la comedia amarga británica con Peter Sellers y Ringo Starr) y esa guarrada llamada Blue Movie. Y montones de artículos explosivos para revistas y periódicos, prestigiosos y no. Algunos de ellos están recopilados en A la rica marihuana, que en inglés tiene un nombre más bonito: Red Dirt Marijuana. Aquí hay textos que fueron publicados en Esquire, Evergreen, Harper’s Bazaar, Evergreen, The Realist, The Paris Review y Hasty Papers. ¿Y de qué van? De pura vida. Muy conocida y comentada es la técnica (?) de Southern: comenzaba el artículo haciendo un encargo y terminaba haciendo una aguda reflexión sobre la sociedad, la política, la economía y cualquier otra cosa que pasara por su mente, con una lucidez que da miedo. Por ejemplo, el encargo de cubrir un concurso de porristas de college en Estados Unidos se convierte en uno de los textos definitivos sobre la cultura y contracultura en los 60; una reseña sobre Mickey Spillane, el escritor pulp, se convierte en un ensayo definitivo sobre la escritura y sus motivos; una entrevista inocente a un enfermero es, en manos de Southern, una de las más intensas reflexiones sobre la doble moral americana. Y así, 20 textos que van de escritores, jazz, música pop, drogas, la CIA, la Guerra Fría, Kafka, Freud, viajar, la violencia, los turbulentos 60 y, sobre todo, Terry Southern. Un gigante que ha sido opacado por otras figuras más vistosas, pero menos consistentes. Un crack. Un must.

Ashley Kahn, El sello que Coltrane impulsó.
En Global Rhythm. Si alguien ha escrito, y bien, acerca de esa-cosa-llamada-jazz y, sobre todo, de John Coltrane y su universo anómalo y übercreativo es Ashley Kahn. Es un sujeto que ha pasado días enteros desenterrando viejos discos, semanas enteras escuchándolos y noches sin dormir intentando poner en palabras lo que es imposible poner en palabras. El sello que Coltrane impulsó, publicado originalmente en 2006, es un pequeño paraíso en papel para el obseso. Y no cualquier obseso: el obseso jazz. Y no cualquier enfermo del jazz: el fanático de Impulse! Records. El sello, construido por Coltrane y los suyos con amor, sudor y sangre, es –sin duda– uno de los más coleccionables del gran universo de la música pop. El libro va sobre Impulse! y los artistas que trabajaron para el sello; sobre Coltrane y su manera extraña de hacer las cosas; sobre los discos que han construido una leyenda difícilmente igualable. Es un festín de datos, fechas, nombres, títulos, números de catálogo, historia y mitología jazz. Un lujazo. Por si fuese poco, está lleno de fotografías de esas que se quedan por siempre en el cerebro de un musicómano y el lomo del libro es idéntico al lomo de los discos de Impulse!: “Naranja y negro. Fuego y ébano. Furia y orgullo.” Esas, de hecho, son las palabras con las que inicia este libro que (no digan que no lo advertí) puede leerse de una sentada y causar estragos en la salud. Y cómo no. Además de Coltrane y su familia desfilan por las páginas del libro Ray Charles, Gil Evans, Benny Carter, Freddie Hubbard, Charles Mingus, Archie Shepp, Sonny Rollins, Albert Ayler, McCoy Tyner, Pharoah Sanders, Sun Ra, Gato Barbieri, Keith Jarrett y (usaré una frase cliché que en este caso es apropiadísima) un largo e impresionante etcétera. El libro le hace justicia a Impulse! Records y creo que con eso digo todo.

Peter Brown y Steven Gaines, Los Beatles, una biografía confidencial.
En Vergara Bolsillo. A los doce, trece años, sólo me importaban los Beatles, los Who y los Kinks. Y nada más. Me perdí de muchas cosas emocionantes que sucedían entonces por intentar descifrar incógnitas escarabajas que hoy, con Internet, sería cosa de dos clics. Un buen día, callejeando, entré a un Vips. Había una revista Seguimos Juntos y este libro. No recuerdo cómo hice, pero fue la primera vez que hurté algún vademécum. No fue la última, pero sí fueron poquísimas: siempre (siempre) he sido pésimo para eso porque soy un cagueta amarillo y muy cretino. Pero valió la pena. El libro, publicado en 1983 y traducido al español en 1991, fue mi lectura de cabecera por más o menos dos años y punto de referencia para muchas cosas que me ayudaron a construir un universo en el que aún vivo. No sólo me convirtió en el gran experto beatle entre los tres o cuatro gatos a los que le interesaban los Beatles en la escuela y en la cuadra (era prácticamente la Edad Media), también abrió grietas para que yo hiciera camino hacia Brian Wilson (la mención críptica de algo llamado Suite de los cuatro elementos me llevó a toda la etapa SMiLE), Georgie Fame (y los mods), Paddy Klaus & Gibson (y el freakbeat), Twiggy, Grapefruit de Yoko Ono, la ropa de Savile Row y Carnaby Street, cine (Fellini, Godard, Lester), otras lecturas esenciales (Salinger, Orton, Crowley, Southern) y la posibilidad de un mundo que no existía en León. Leerlo escuchando discos del trío mágico (Beatles, Who, Kinks) era lo más cercano a un estado alterado de consciencia que conocí a esa edad confusa. Su título original es The Love You Make: An Insider’s Story of the Beatles y fue contado por Peter Brown a una grabadora y redactado por Steven Gaines. Brown fue mano derecha de Los Cuatro y es incluso mencionado en The Ballad of John & Yoko. El libro estaba en proceso de escritura cuando murió Lennon, así que le dedica un prólogo muy lacrimógeno. Habrá otras biografías más completas, pero para mí esta siempre será la historia oficial de los Beatles y, por tanto, de los 60.

Floyd B. Barbour, La revuelta del poder negro.
En Anagrama, colección Crónicas. Ya decía que en 1968 estaban pasando cosas. Justo en ese año, Floyd B. Barbour, activista, escritor, artista, editó un libro llamado The Black Power Revolt. Era una especie de guía de bolsillo para el revolucionario. Y que conste que a revolucionario no le añado otro calificativo. Porque, justamente, este libro me enseñó a no distinguir: si el objetivo es el mismo, si los egoísmos van hacia una misma dirección, entonces vamos hombro a hombro. Y el objetivo, carajo, tendría que ser una vida mejor. Para todos. Porque, ¿quién no la merece? ¿Quién no la busca? Al menos, la mayoría. La mayoría silenciosa. La mayoría ignorante, no por su cuenta, sino por la falta de oportunidad de realmente conocer el otro lado de las cosas; la mayoría a la que no se le da la coyuntura de pensar porque se le mantiene ocupada produciendo cosas. Barbour recopila una serie de textos escritos por hombres negros y mujeres negras, que cuestionan con lucidez, argumentos y corazón, esa mierda llamada supremacía blanca, la violencia, las drogas, el (desde siempre) corrupto gobierno y las alternativas a la mierda. Puntos de vista sobran: economía, política, arte, estética, ciencia, guerra. La revuelta del poder negro es un conjunto de textos que, al ser tan variado en perspectivas, abrió un horizonte realista y con base en la razón, la teoría, la experiencia y la sabiduría colectiva, para la lucha por los derechos civiles. Es, también, la respuesta a Amiri Baraka (el gran poeta) que exigía un “libro como un gran puño negro.” Por si fuese poco, es un homenaje a Malcolm X y a todos los que murieron (y seguirán muriendo, Trayvor Martin) por una causa: no es la supremacía negra, ni café, ni amarilla, ni blanca, ni roja; es la vida en paz para todos. De los libros que más consciencia política han creado en mí. He dicho. Represent!

Phillipe Bas-Rabérin, Blues Moderno.
En Ediciones Júcar, reeditado y redistribuido por Lenoir. Escrito por un estudioso más que disciplinado de la música negra, es un libro raro y muy bonito. Mi copia, por si fuese poco, tiene una dedicatoria genial en la primera página. Joyita de colección. Preocupado al ver cómo la música de raíces se convertía en un producto que podía terminar como regalo en una Cajita Feliz, Bas Rabérin trazó, en 1976, un mapa del blues para que los navegantes del futuro no se perdieran en la entropía de información que él ya intuía que deformaría al universo y todo lo demás. Un poco de historia, un mucho de nombres, mapas, lugares, títulos y referencias, fue una pequeña gran enciclopedia para mí durante un buen tiempo. Junto a mi obsesión adolescente con los 60, estuvo una fijación por los tres acordes y la escala discordante del blues: los discos del padre de una amiga fueron nuestra escuela, también. Tanto que me las apañé para llevarme algunos de esos discos a casa. Una disculpa, señor Don Blues, algún día le repondré sus discos. No, en realidad no. Pero es de las más grandes herencias. Hoy hace años que no escucho un disco completo de blues, pero no sé qué sería sin él. Si tomé una guitarra fue por B.B. King y Chuck Berry (¡ni siquiera por los Beatles!) Y si algo se me clavó en el corazón, en las tripas y en la cabeza, fue esa frase de la introducción del libro: “Lo que el blanco ignora del negro, lo ignora de sí mismo… y a la inversa.” ¿Alguien dijo que la música no era importante? Esto es todo.

C/S.

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