Discos que importan: The Monochrome Set, Eligible Bachelors.

Publicado originalmente el 16 de agosto de 2013.

El mundo está en las manos equivocadas.

Los que pierden no siempre son perdedores. Lo son para aquellos que necesitan que el mundo sea así, maniqueo y aprovechado, acomplejados. Los que no llegan muy arriba tal vez no apuntaban hacia arriba: lo hacían hacia otra latitud, con un camino más interesante, más riesgoso, no necesariamente menos genial. Arriba está sobrevaluado. ¿Por qué necesariamente allá? ¿Por qué no otras nuevas direcciones?

Los que llegan arriba por lo general se pierden. Los mapas no contemplan ese arriba: no es habitable ni puede indagarse. Dicen que son los elegidos que llegan allá. Bien por ellos. Ojalá lo pasen muy bien. Sucede que casi nunca es así y a la Historia me remito.

Para ilustrar el caso, The Monochrome Set. No hay grupo igual. Es de esos que se crearon su propia mitología con base en trazar su propio mapa sin vergüenza ni miramientos, mirando siempre qué nueva dirección podían tomar y explorando y descubriendo nuevos puntos en un mapa que no hace más que crecer. Y con él, la mente y el corazón. Han ido construyendo un camino paralelo al de otros tipos y tipas excelentes que han decidido, dignos y espléndidos, apuntar hacia otro lado porque era la única manera de crear una nueva geografía. Allá arriba podían todos hacerse puñetas, total.

The Monochrome Set es un grupo cambiante y errático, pero que cede ante absolutamente nadie si de comprometer sus ideas se trata. Originarios de Hornsey, Londres, nacieron de un grupo llamado The B-Sides, toda una declaración de intenciones. Cuando se separaron, una facción terminó engendrando Adam & The Ants y dominando el mundo (no realmente.) La otra se convirtió en The Monochrome Set, una pandilla elegantísima que buscaba emular a sus héroes y crearse un buen lugar en el que vivir. Bid, cantante e ideario principal, marcaba el camino. Nacido en la India, descendiente de la realeza, criado en Montreal (!) y terminado de pulir en Londres, veía el mundo como nadie más y lo sabía. The Monochrome Set no era únicamente un grupo rock, sino una idea llevada al límite: sonido, imagen, palabras, la pinta completa. Una especie de Velvet Underground de fin de siglo, con el padrinazgo de Tony Potts: jerseys de cuello alto, raros peinados nuevos, letras que harían que Rimbaud se levantase de su tumba a aplaudir y un sonido que Heródoto mismo definiría de “clásico”, si a Heródoto le importase la música pop.

Después de una serie de impecables sencillos con Rough Trade (of all names), The Monochrome Set lanzó un fulgente primer álbum: Strange Boutique (1980.) A finales de ese mismo año le siguió Love Zombies, que los críticos tildarían de hermético y los entendidos, los que sí sabían de qué iba la cosa, harían suyo para acompañar las noches tristes y los días grises. Y en 1982 llegó Eligible Bachelors, un disco que (si hemos de creerlo todo y por qué no hacerlo, carajo) fue admirado, alabado y convertido en fetiche por el mismísimo Andy Warhol post-balazo. Aunque, pensándolo bien, eso es lo de menos. Imagínate.

Bachelors lo tiene todo: melodías trapisondistas y letras que hacen agujeros en el cuerpo, además de una portada bonita, un montón de sentido del humor heredado de Noël Coward, Bonzo Dog Doo Dah Band y las películas Carry On y un montón de dandismo de ese que crea escuela. The Jet Set Junta es el tema de los Monkees (y de Bevoir y su JetSet particular) pero tirado hacia la izquierda, con guitarras a lo Ventures y con la actitud mod de Cozens o Ian Page. Y, claro, con más sentido del humor del que cualquier grupo pudo soñar – hablo de un sentido del humor fino, exquisito, corrosivo, inteligente. Lo que sigue es I’ll Scry Instead, que me ha acompañado en tantos crepúsculos que somos casi uno. La canción va sobre un fulano que escribe a una agorera que cobra muy bien y está inseguro de los resultados. On the 13th Day es como si la Bonzo Dog Doo Dah Band se tomase en serio y esto es una paradoja de esas que destruyen el mundo cualquier día de estos. Obra maestra, dije. Cloud 10 implora a algo o a alguien un poco de ayuda, porque los dandies entre basura la necesitan de vez en cuando al menos para tomar fuerza en una noche oscura y llegar al mediodía siguiente con el semblante tranquilo y las ideas listas para saltar como pulgas desquiciadas: “I’ve heard my knell on church bells ring and I feel it’s time to go.” The Mating Game es tan peligrosa como un Tony Clifton colocado y rijoso en cualquier calle secundaria de metrópoli displicente en la oscuridad de un viernes que se niega a morir: “Blonde, brunette or redhead / Black, yellow or White / They’re all the same in the mating game.” Pero es tan encantadora como cualquier pisaverde que se precia de serlo. La tonadita, ay, cabría en cualquier disco de los Beatles y se saldría con la suya. Pero no era la cuestión, tampoco. March of the Eligible Bachelors cierra el lado A sin voces ni rechinamientos: tomémonos un respiro o, pensándolo mejor, vamos a taladrarte la cabeza mientras te tomas un respiro que nosotros no estamos para juegos y el botón de pausa lo hemos descompuesto a propósito.

El lado B comienza con una reunión de Aleister Crowley, Tristan Tzara y Andy Warhol y se titula  The Devil Rides Out y la letra, entre otras cosas como “adagita vau-pa-ahe zodonugoni fa-a-ipe salada” dice claramente “in nomine Dei nostri Satanas Luciferi excelsi!” y traduzca quien quiera hacerlo. Fun for all the Family va sobre Goya y la guerra de clases y el diablo y el arte y el dinero y la pamema de la vida beata y el pop más rompedor. The Midas Touch es tan celebrada como dolorosa. Hay que escucharla. The Ruling Class es un Shakespeare del siglo XX que denuncia el dolo y el fariseísmo de los que han llegado allá arriba (porque por lo general lo hacen con artimañas insanas e indecorosas): “My old man’s a Viscount / And he wears a Viscout Crown / He buys me a Cardin trousers / Of a tasteful shade of dark brown.” Cierra el disco The Great Barrier Riff, que suena como un epílogo necesario para recuperar al espectador y mandarlo a casa sano y salvo.

El mundo está en las manos equivocadas y a veces (a veces) es muy evidente. Ellos son quienes designan a los perdedores según sus criterios, sesgados y petulantes, tabicados y viles. Pero siempre habrá un chalado que se cuele en la corte y le juegue chanzas al rey. El bufón es sabio. El rey va a perder de todas, todas. Caerá por su propio peso.

Y todo por una canción pop.

The Monochrome set ya descubrió nuevas latitudes. Nos toca habitarlas dignamente. Y ver hacia el horizonte, que aún hay un más allá. Arriba qué.

C/S.

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