Freak Out!

Publicado originalmente el 2 de agosto de 2013.

El siguiente texto fue escrito, en su primera versión, en un cuaderno con pasta naranja en un día en 1999, según un boleto de cine casi por completo despintado que alcancé a descifrar y que recuerda que me sirvió para entrar a ver American Beauty clandestinamente porque no tenía edad. Pero sí tenía edad para ver ciertas cosas en el mundo, como lo delata el texto. Claro que no terminó allí. Este texto fue transcrito a computadora unos años después, 2005 o 2006 (juzgo la fecha por la carpeta en la que lo encontré dentro de un disco duro.) No sé a ciencia cierta porque abrí el archivo en 2011 por última vez para modificarlo, una tercera edición que, ahora que lo leí muchos años después, me pareció definitiva, pues revisé este texto una y otra vez por años, sin cambiar la esencia ni la anécdota pero sí algunas palabras. El texto, a modo de pequeño cuento en primera persona, aborda una ficción en la que yo conocía a Frank Zappa y The Mothers of Invention en sus inicios, 1966, etapa Freak Out! que es un disco que, como es evidente, cambió mi vida y no exagero y si caigo en el lugar común, que me disculpen tanto el lugar común como el lector. El disco en cuestión fue un regalo de mi madre porque, según recuerdo (y la memoria puede traicionar) “era un nombre, Zappa, que a ella le sonaba porque a su hermano probablemente le gustaba”. El hermano mencionado fue un jipi queretano que hizo teatro, escribió poesía, tocó música y alcanzó el cielo y después se retiró a hacer vida cotidiana porque era inevitable. Es mi héroe, evidentemente, aunque no lo veo con la frecuencia que me gustaría. Mi copia del Freak Out! era (es) la edición en CD de Ryko. La anécdota del cuento es sacada directamente de lo que ese personaje (¿ficticio?) llamado Suzy Creamcheese escribe en las liner notes del disco: un raro concierto de Zappa y sus secuaces. Este soy yo. Incluso hoy. Incluso hoy.

El tipo llegó al baile rodeado de gente extraña. Era viernes por la tarde en el gimnasio del colegio. Alguien, no sé quién ni por qué razón, invitó a este grupo a tocar. Se hacen llamar Las Madres. No entiendo. Las Madres de la Invención. Tocan una música extraña. Muy extraña. No se parece en nada a la que escuchamos por la radio, pero igual, a mí me gusta. Me mueve el suelo. La chica con la que venía se fue. Los odió. Me gritó. Se convirtió en una chica enfurecida cuando hace apenas dos horas era la chica de los sueños de cualquiera enfundada en su mejor vestido, peinada como si fuese el último día de su vida, radiante, tremenda, pero ahora se fue. Así. Todo comenzó con la llegada de este tipo, rodeado de gente que no parece gente, extraterrestres peludos y con miradas que dicen cosas. El tipo en cuestión viste muy raro, un abrigo de plumas y pantalones ajustadísimos. Impone. Tiene una barba muy grande y una mirada casi insultante. La gente con la que viene baila, se viste igual de raro y huele mal. Raro. Dicen que Frank (así se llama el tipo de la barba y el abrigo de plumas y los pantalones ajustadísimos) le tiene miedo a las drogas. No lo creería, porque parece que acaba de zamparse todos y cada uno de los psicotrópicos disponibles y aun así se atreve a salir a la calle a hacer de las suyas. Drogas. El año pasado fue una de las grandes discusiones en todos lados. Seguirá siéndolo. Y el asunto se va a poner feo y no precisamente por las drogas, no, ni por los que las toman. Ya verán, cuando el asunto se ponga feo podré hacer como los adultos y decir “te lo dije” y agitar mi dedo índice ante las caras de los demás y la verdad no, no quiero hacer eso, para qué, sería horrible.

Frank no toma drogas. Tampoco las Madres de la Invención. Es raro, porque tocan rock and roll aunque, pensándolo bien, ni siquiera es rock and roll. Es una música del espacio exterior, cuando menos. Y con unas letras muy extrañas. Jamás había escuchado algo así. Jamás.

Frank no está en el escenario, aunque es el líder de las Madres y escribe todas las canciones. Hace poco, una maestra de la escuela nos explicó lo que significaban las letras de estos tipos. Muchos se asustaron, pero a mí me gustó. Es algo diferente. Algunos insisten en que esto es música decadente y usan el adjetivo como si fuese mortal o algo así. Por favor. Decadente puede ser hasta un cumplido, dependiendo de la estética. Nos advierten que esta música habla de la destrucción, de la inmoralidad, de la agresión. No lo creo. Al menos, no en ese tono negativo. ¿Hay acaso una agresión mayor que la que vivimos en el colegio día a día? ¿Hay una mayor agresión que los políticos y el dinero? Esto es música. Y la música es importante, más importante que muchas otras cosas con las que nos quieren engañar. Se usan esos adjetivos grandes e impactantes para asustar a las almas débiles. No les creo. Nada de lo que nos enseñan es cierto. Tienen miedo de perder el control, es eso. Como dice la canción que cantan las Madres de la Invención: Míster America walk on by your schools that do not teach. Hemos heredado lo peor de esa America como sociedad. Pero como seres clandestinos que hemos elegido ser los que le hemos hecho caso a las Madres y a esos discos y esos libros que hablan de otras realidades, otros paraísos artificiales, otros mundos, hemos podido separar la basura. De esa America violenta y perversa hemos separado lo mejor, sus películas geniales, sus discos que nos hablan más claro que si lo hicieran en nuestro idioma, sus visiones. Eso somos nosotros. Estoy hablando de lo universal o algo así.

Cuando las Madres de la Invención comenzaron a tocar, muchos se fueron. La chica que me acompañaba se fue y justo después tocaron una canción que me voló la cabeza y dice algo como ve a llorar en el hombro de otro, decía, ya no te quiero más, me engañaste y dijiste sucias mentiras sobre mí decía. Sonaba como a una canción Motown pero hecha pedazos, rompecabezas, armado por una pandilla de lunáticos o de débiles mentales o de genios o tal vez todo junto, ya qué, todo junto porque todo junto porque todo junto porque todo tiene sentido al fin. ¿Sabes lo que es sentir y saber y ver y tocar que todo tiene sentido al fin, a pesar de ese mismo todo y de la nada y de ya estoy diciendo cosas que no quiero decir, pero, saber y saber de verdad que todo y eso quiere decir todo tiene sentido al fin gracias a una canción de cuatro minutos tocada por unos locos a los que ni siquiera les importo? A lo peor no sabes lo que es eso. A lo mejor sí.

Y, además, tocaban burlándose de todo y de todos. You didn’t try to call me, lloraban, why didn’t you try if you knew I was lonely, gemían. Lo hacían con la convicción del cantante de blues más profundo, pero con la burla y la sonrisa más macabra posible. Y era las dos cosas a la vez, una canción dolorosa pero una canción risueña también, todo mezclado como plastilina de colores en manos de un loco que amasa y amasa como tortilla y al final, todo eso hace una bola brillante roja azul amarilla naranja café negra blanca gris y que es todos esos colores por separado pero también todos esos colores al mismo tiempo y tiene sentido de una manera pero tiene sentido de la otra también. ¿Debo preocuparme por lo que pienso?

Las Madres de la Invención. Ese nombre es apropiado. Nunca lo olvidaré.

En un momento de silencio raro entre canción y canción fui a tratar de hablar con Frank, que estaba muy serio y seguía rodeado de toda esa gente, hombres y mujeres sudando, y se mostró cortante. No me habló nada. Lo único que me dijo, y no sé si era broma o en serio o las dos cosas al mismo tiempo o todo lo contrario, fue America’s wonderful wonderful wonderful wonderful. Sus ojos me intimidaron.

No acabé de escuchar a las Madres. Empezaron a hacer ruido, solamente ruido, y a recitar cosas que no entendí. No son los Beatles ni de cerca. Y a la vez, son los Beatles y todo lo que representan o representaban, pero más brillantes, fosforescentes, chillantes, no aptos para todo público. Son un secreto genial, como una película sucia a la que uno entra y le cambia la vida pero luego no la puede contar a todos, sólo a algunos elegidos que han visto lo mismo o que entienden las cosas de una manera parecida y no lo van a juzgar a uno, sino a comprender y hasta a arropar. Pero me fui, abrumado por todo, por el sonido, por todo el sinsentido patafísico que no logré comprender porque sólo soy un chico asustado que ha vivido poco y que ha vivido mucho al mismo tiempo. Porque esto, lo juro, esto no lo había escuchado nunca y creo que este es el momento en el que el mundo cambia. Y eso da gusto. Pero también da miedo, mucho miedo. Pero allá voy.

C/S.

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