Discos que importan: Would-Be-Goods, The Camera Loves Me.

Publicado originalmente el 28 de junio de 2013.

Fotos en blanco y negro. Almanaques de los años 60 y 70. Libros viejos para niños. El viento entre los sauces. Revistas de moda llenas de agujeros hechos por tijeretazos nerviosos. Novelas de Graham Greene y de Patricia Highsmith. La luna de Meliès. Blow Up. Audrey Hepburn. Motown. Discos de garaje temprano. Cecil Beaton. Swinging ecos. Postales sudamericanas. Atlas del mundo. Discos de exótica. Chanson. Rimbaud. Huysmans. Arte pop. Guitarras afiladas. The Shangri-La’s. Blue Note. Ropa caprichosa. Keith West y su ópera adolescente.

Ese es un universo en el que me gustaría quedarme a vivir.

Would-Be-Goods es el título de un libro para niños de la inglesa Edith Nesbit, conocida como E. Nesbith por un hecho tan lamentable como cierto: muchas mujeres escritoras escondían sus nombres bajo su inicial para poder publicar sus libros y venderlos. Would-Be-Goods es, también, el nombre de un grupo deslumbrante y favorito en esta humilde casa. Cuando sea grande quiero ser como Jessica Griffin.

Jessica Griffin se construyó ese universo del primer párrafo para ella. Y para quien quisiera compartirlo con ella.

Su historia me gusta: vivió entre Inglaterra y Singapur creando una colección inmensa de ideas. A finales de los 80 se encontró con Mike Alway de The Monochrome Set. En 1987 grabó con él un single, Hanging Gardens of Reigate / Fruit Paradise, canciones de Simon Tirner y Colin Lloyd Tucker. Todo salió bien. No podía ser de otro modo, porque la voz de Griffin es perfecta. Luego, una segunda grabación, con The Monochrome Set como grupo de acompañamiento y su hermana Miranda (que en algunas fotos parece un clon twee de Audrey Hepburn) cantando con ella. Fue producido por Keith West (del legendario combo sixties Tomorrow) y se llamó The Camera Loves Me. Salió en él Records, disquera de Alway, cuyo catálogo me produce taquicardias cuando lo repaso: Momus, Louis Phillipe, Vic Godard, Shock Headed Peters, además –claro– de The Monochrome Set y reediciones de grabaciones de David Axelrod, Brigitte Bardot, Gábor Szabó, Hency Mancini, Jacques Brel, Esquivel, Edgard Varèse y una lista amplia de esoterismos varios.

The Camera Loves Me es pura sofisticación. Es el disco antijevi por excelencia. Es decir, es un discazo. Y además, rompedor, si tomamos la divertidísima comparación que hace Fernández Porta en Afterpop del lector serio y estático con el jevi, posiblemente el fan musical más conservador y dinosáurico. The Camera Loves Me rankea muy alto en mis constantes listas de los discos esenciales para una vida mejor.

El pop es movimiento. Acción. Juego. Y juego en el sentido más amplio, no el ludismo que muchos teatreros y aspirantes a artista presumen como valor en sus currículums. Would-Be-Goods es todo lo que tu grupo puede ser y nunca será; hay que buscar en otros recovecos, hay que invocar otros entes; hay que cambiar nuestro lenguaje. Jessica Griffin, desde su sencillez (y aparente frialdad), sedujo a la belleza, se encamó y le salió un hijo veleidoso y solitario, de esos que están ahí para recordarnos que otro mundo es posible, que otro pop es posible, que la expresividad no es a gritos ni a estridencias, que el pop es disciplinado y riguroso, que la música importa.

Hemos escuchado por mucho tiempo los discos equivocados. Hemos vivido por mucho tiempo en un universo equivocado.

Jessica Griffin vio cosas que pocos podían ver. Se ganó el derecho. Las dijo en un disco que puede ser engañoso, como toda revelación. Pero aquí no hay oscurantismo, sólo imágenes; es un collage chicobestiano que se acerca a la idea hauntology de Derrida (que los de Ghost Box han llevado a planos sonoros casi extraterrestres.) The Camera Loves Me, desde el título, anuncia una sucesión de láminas warholianas en las que cada cosa está en su lugar y cada cosa es expresiva.

Y todo desde la candidez del pop de siempre. Sha. La. La. The camera loves me, yes it’s true / But behind the camera… there’s you!

Haz latir un corazón y el cerebro tendrá que avivarse. Eso lo entiende Jessica Griffin. Y aunque no es carne de cartel, es un nombre para recordar.

Quien crea universos habitables y bonitos como el de Would-Be-Goods se lo merece todo. Todo.

C/S.

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