Lado A, Lado B.

Publicado originalmente el 21 de junio de 2013.

Denme una buena historia y escucharé. Me detendré. Bajaré de mi penco motorizado y tendrá usted toda mi atención. He dicho toda.

Y eso es ya bastante dar, ustedes no me dejarán mentir.

He crecido y he vivido para las historias: unas para dormir, otras para envalentonarme ante la calamidad, algunas muchas han estado rociadas de brebaje. Muchas las he leído: poseo asaz de libros. Grandes historias he visto en una pantalla, a oscuras, pequeñas crispetas invadiendo mi jersey de cuello alto como liliputienses fisgones.

Cada historia me ha hecho lo que soy, estas ruinas, estos ojos cansados, estas manos cerriles.

Ahí va otra historia de abuelo, que soy uno y muy achacoso: yo crecí con historias que hoy se cuentan pero de otro talante. Crecí con intermedios en los cines y con lado A y lado B en los discos. Esas narrativas fueron parte de mí una vez y, ay Billy Childish, son parte de mí para siempre.

Mi educación se dio entre cassettes y discos de vinilo, pero esto ya se lo sabe usted. Por eso, hélas, a veces extraño esa narrativa de dos caras. No siempre, porque conservo mis amuletos y mis efigies redondas y les cuido y les doy de comer. Pero las posibilidades eran otras con esas narrativas. No digo que el shuffle sea una cuestión execrable, pero sí tiene un poco de eso. Denme una buena historia y escucharé. Pero las historias tienen un principio y un fin. Ciclos.

Por eso me gustan los discos. Es una razón de muchas, es manifiesto. Pero es una muy poderosa.

No es que sea totalmente contrario a la entropía del random. Las sorpresas me caen bien. Pero las historias me caen mejor.

Estilo y estructura, me dijeron una vez. Y me lo creí. No me juzguen por ello.

Lado A y lado B. O cara 1 y cara 2. Dos maneras distintas de ver una misma cosa. Ya es ganancia. Abre tu mente, cantaban. Y me lo creí. No me juzguen por ello.

Levantarse a cambiar de lado el disco tiene su cuestión de ritual. Y yo soy de esos amantes a la antigua que entienden el mundo así.

Aquí un paréntesis imperioso: no hablo de discos concepto. Cualquier disco es narrativa. La magia consiste en rellenar los huecos, construir universos a partir de un cambio de acordes bonito o de una línea especialmente bien cantada.

Phonomancers.

Y está el lado B, ese lado B misterioso y jugón. En palabras del hidalgo Ulises Guzmán: “los sencillos ganan guerras, cambian al mundo. Pero los lados B se quedan con la chica, se la tiran, sucio.” Ulises Guzmán sabe una cosa o dos.

Escuchar un disco completo fue mi disciplina por mucho tiempo y ahora no puedo hacerlo de otro modo. Si he de ser carne de gusano por este pecado, caminaré yo solo hasta el patíbulo. La postmodernidad, si es que le siguen llamando así, no ha podido conmigo hasta ahora y pretendo morir de pie. No me queda más.

O sí. Por lo pronto me quedan historias y no renunciaré a ellas. Yo así entiendo vivir. Y ya ha estado bueno -noble caballero, ilustre dama- de pensar sobre la vida. Toca salir y patear algunos traseros aunque sea de molinos. Toca construir un par de historias.

Con lado A y con lado B. Con un poco de hiss. Historias frágiles que puedan rayarse con el mal uso, que haya que guardar y cuidar y alimentar.

Abran paso.

C/S.

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