Desempolvando discos: Connett, In The Nursery, The Magnificent Brotherhood, Los Nena, CorazónAttack.

Publicado originalmente el 26 de abril de 2013.

Llega un momento en la vida en que es necesaria una Gran Reorganización. Los motivos son variados, aunque parecidos: una gran crisis existencial, una necesidad de revisar la biografía, la chica que riñe por espacio y orden (¡o los discos o yo!), una mudanza. Ponle nombre tú. El día llega y con él las alergias, los estornudos y los mini-ataques al corazón: el polvo y los hallazgos de cosas olvidadas, traspapeladas o completamente nuevas (¡no sabía que tenía este disco!) atentan contra la salud mental y física de por sí bastante tocada en estos días de mareos y mentiras.

La Gran Reorganización me tocó hace poco, muy poco. La nariz todavía pica. El cuarto de los discos está impecable y no estoy seguro de que vaya a durar así mucho tiempo, pero qué más da. En tan titánica labor me encontré con algunos discos que debí volver a tocar. Algunos olvidados, otros no tanto, pero en cuanto pasaron por mis manos entre su morar en un estante y su nuevo sitio, sentí una necesidad caliente de ponerlos a girar. Enlisto cinco (seis, en realidad) cedés desempolvados que me dio gusto volverme a encontrar.

Connett, Onwards and Upwards EP / Waging War On The Obvious.
No tengo ni idea de cómo llegaron a mis manos estos dos minidiscos del londinense Darron J. Connett, pero sí que tengo buenas memorias con su música. El primer EP de 2007 dice Advance promo copy y trae una etiqueta con una corrección del tracklist, que viene mal impreso. Es un cedé lanzado por Ikon, la marca de zapatos, y no está nada mal. No me pareció tan emocionante como cuando lo puse por primera vez, pero sospecho que es normal, porque soy un anciano decrépito y amargo en sus ya-late-twenties-ni-modo. Problem Page y Just A Boy me trajeron un par de buenas escenas nocturnas de cogorza y juventud despreocupada. Bien ahí: powerpop con toques mod bastante decente y welleriano. La portada es lamentable (lo siento, Darron.) El segundo disco, Waging War on the Obvious de 2009 sigue en la misma línea aunque con algún coqueteo con la psicodelia (una tímida sitar aquí y allá.) Efectivo como Alka Seltzer y también detonador de emociones enterradas como minas en un campo de guerra. También fue editado por Ikon y la cubierta mejora ligeramente aunque es un homenaje chambón a Revolver. Connett sigue su carrera con The Last of the Trobadours y sigue terco en su línea revivalera. Mientras lo pase bien, que haga lo que le venga en gana.

In The Nursery, Man with a Movie Camera.
Pocos lo recuerdan, pero el 15 de octubre de 2001 In The Nursery tocó en el Teatro Doblado en León. Yo era un plebe que ya sabía una cosa o dos y ahí estaba con las manos sudorosas y un jersey de cuello alto, cabello a lo Dave Davies y una sonrisa idiota. Buenos tiempos, perfectos. La primera parte del recital de los de Sheffield fue la proyección de Man with a Movie Camera de Dziga Vertov de 1929 (peliculón enfermo) con los hermanos Humberstone y sus sintetizadores proveyendo la banda sonora; la segunda, un vertiginoso festival de éxitos con Dolores en la voz y Q en el tambor militar. Me volaron la cabeza porque sí y porque en la ciudad pasaban aún menos cosas que ahora. Como en gig de club, al final el grupo completo estaba en la calle saludando a la gente y sacando de una caja de cartón discos para vender y firmar. Me llevé uno y lo he escuchado, desde entonces, tal vez un par de veces: es un asesino de fiestas, lento y exagerado, pero temas como Kinoki sirven para desconectar del mundo y quedarse en el viaje sin usar sustancias ilegales. Ya contaré en alguna otra ocasión más detalles de aquella noche de In The Nursery, supongo.

The Magnificent Brotherhood, The Magnificent Brotherhood.
¡Este seguro me lo regaló Javier Ecos! Lisergia pura y dura con órganos Farfisa volados, guitarras con fuzz y aaaaaaahs ora plácidos, ora de pánico de mal viaje, pésimo viaje. De hecho sí es un combo que puede presumir tener como influencia e inspiración tantos tripis como discos viejos de garaje. Por el sonido se podría jurar que son de California 1969 pero en realidad son de Berlín 2008. Tienen la pinta completa y, según sé, siguen rodando aquí y allá tras tres discos potentes como tableta de ácido smiley. Con este disco recuerdo el piso de ajedrez de la habitación donde vivía antes (antes, antes) y ponerlo a girar y bailar solo porque era la única manera de vencer el insomnio. Eran tiempos de intercambiar discos y hacer cintas para los panas y pasar las noches discutiendo sobre record labels (“los hidalgos hablan sobre disqueras”) y sobre películas marranas y libros amarillos.

Los Nena, Los Nena.
Abel Membrillo era famoso, muy famoso, y no precisamente por ser la mitad del cerebro y el alma de Los Nena junto a Daniel Goldaracena. Búsquenlo en Google. A mí este disco me ganó por su portada cutre de papel rojizo con una silueta de mujer-guitarra pintada con Liquid Paper. No, en serio, con Liquid Paper: cada copia del disco fue elaborada artesanalmente y pintada a mano por vayan ustedes a saber quién. Y cuando lo puse se convirtió en un favorito al instante. Humor, esquizofrenia, ruido. Los Nena surgió de una borrachera muy popof y, como hijos de una botella, vivieron al límite entre lo ridículo y lo sublime. En dos discos (ambos sin título o tal vez ambos titulados Los Nena) crearon un sonido genial y eufórico. Enlistar canciones es necio, pero van dos que no he podido superar: Segundo Misterio y La rola de la banda. México necesita más grupos así. Lástima que Abel Membrillo no siga por acá para seguir rompiendo cosas.

CorazónAttack, Demo.
Estos mendas son obstinados. Tal vez les conozcan allá afuera por algunas intervenciones en el muy borde festival aquel que se anuncia como campeonato (el de la compañía de telefonía celular.) Y si no, ya es hora. CorazónAttack es un grupo de nerds que pasaban las tardes intentando sacar ese acorde raro que sonaba en aquella canción rara de aquella banda rara. Y así suenan. El demo en cuestión lo conseguí de manos del mismísimo Memín (de apellido Libre y Loko) y, por supuesto, ya no suenan así. Pero aunque las canciones del cedé están todas patasparriba, torpes y de una sola toma, me gustan, me emocionan. Además del hecho de que es un disco único, rayoneado con plumón, con portada de fotocopia y celofán barato, me fue regalado tras un concierto de unos primerizos CorazónAttack el 2 de marzo de 2007. Les he escuchado después y sigo prefiriendo aquella noche de grupos incompetentes tocando ante veinte personas, todos miembros de otros grupos. A veces la música es así. A veces sólo así se puede vivir. Vivir, vivir.

C/S.

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