Apuntes desenterrados: Los Calambres R&R y Jarvis Humby.

Los Calambres - Los Calambres Portada

Publicado originalmente el 12 de abril de 2013.

Me ha dado por escarbar en cajas. Me ha dado por buscar caer en la trampa del bulevar. Un nuevo hallazgo: unos cuadernos en los que hacía notas a finales del 2004 y durante 2005. Hay un montón de dibujos deformes, cuarenta y dos listas (canciones que mencionan la palabra October, canciones sobre comida, top-10 lado 1 track 1, buenas canciones sobre futbol), notas sobre conciertos, discos, películas y algunos conatos de reseña.

Rescaté dos, porque me gustó el entusiasmo que un imberbe y seguramente ajumado Yo Del Pasado mostraba. Si pudieran ver la caligrafía, está llena de manchas de tinta y agujeros en lugar de puntos. Una maldita belleza. No les he cambiado ni una coma.

Seguramente el primero lo escribí llegando a casa de una noche en el viejo Monaghan, donde sucedió lo relatado. El segundo suena como a un texto de fin de semana de repetir una y otra vez el disco reseñado. Hay muchas, demasiadas, imprecisiones. No me importa. Al final de todo esto es pop: acción, reacción, explosión.

Los Calambres R&R en León.

Bring out the gimp…

Piporro taconea presa de unos calambres rock and roll en la calle del desamor. ¿De dónde viene su locura? Del sonido que sale de un garaje, un ruidajo que más de uno describe como espantoso. Esos chicos del garaje tienen años tocando allí y no salen de las mismas, dicen unos. Tienen buen ritmo, dirán otros, pero son una bola de vagos: escuchan unos discos que dan dolor de cabeza, puros gritos y ruido. Como si los estuvieran pateando… o peor. Aunque a veces sí escuchan cosas bonitas, de las buenas épocas, de cuando éramos jóvenes… Pero bueno, ésta es la capital y se encuentra uno cada loco…

En público se hacen llamar Los Calambres. Viendo cómo reacciona el público ante su ruido, es un nombre de lo más adecuado. Su rock & roll-animal-surf-garaje no da otra alternativa qué empezar a mover los pies como un poseso. Todas sus piezas se parecen: instrumentales, con distorsión chamagosa y ritmo a-go-go, “una cerveza para mí y una piña colada para la señorita”, qué más da, dejemos los solos explosivos para los virtuosos que nosotros no lo somos sólo queremos pasarlo bien e impresionar a las muchachas. ¡Susto! ¡Calambre!

Los Calambres son tres y con eso basta. Dos de ellos se llaman Israel (el de la batería y el del bajo, que está siempre como en otra dimensión) y el del sombrero que toca la guitarra se llama Roberto. A veces el de la batería no llega y un sujeto enorme con una horrorosa chaqueta de cuero toma su lugar. Le dicen El Estrés. No sabe tocar, pero, ¿en realidad quién de Los Calambres sabe? No importa. A sudar sobre el escenario.

A veces, también, les acompañan unos sujetos que también hacen honor a su nombre: Los Malandros. Un par de barbajanes en toda regla, con el cabello parado y camisetitas de leopardo. El Sónico, abuelito malandro, canta mientras Los Calambres tocan. “Ya llegaron Los Malandros, tu-cu-tu-cu-tu-cu-tu-cu…” La locura. I’m cramped! I’m cramped! Todo se vuelve guarro, al grado de preguntarse Qué hace una chica como tú en un lugar como este

En una fiesta en que sonaba Goldfrapp o una porquería parecida, me atreví a quitar el disco y poner Los Calambres (2004) editado por Pepe Lobo Records. La reacción fue inmediata y todo mejoró. Hasta las chicas más recatadas tuvieron que ponerse a mover los pies/la cabeza/el cuerpo completo. Imposible quedarse estático ante Rufina, Bule, Queta Johnson o Pacific Blue. ¿Qué, no?

Bring out the gimp!

* * *

Jarvis Humby, vibrante swinging pop.

Imágenes inmortales, sonidos inmortales: Jeff Beck destrozando su guitarra en Blowup, al lado de los Yardbirds, con todo y Jimmy Page; Brian Auger desvariando sobre un hammond entre neblina púrpura; Roger McGuinn con su Rickenbacker de 12 cuerdas en el show de Ed Sullivan al frente de unos insuperables Byrds; Sean Connery bebiéndo, cool, un martini y una chica en su asiento de cine exclamando: “¡Ese, ese, es James Bond!” al ritmo de un score de John Barry; una película europea muy basura sobre vampiros funky; Inglaterra ganando el mundial de 1966, cuya banda sonora es Out Of Time, clásico de los Stones en versión Chris Farlowe; Mickey Dolenz haciendo el bobo en la serie de televisión de los Monkees…

A todo esto suena Jarvis Humby. Esta banda británica (el nombre los delata) que debutó en 2004 con Assume The Possition… It’s Jarvis Humby se ha ganado mi favor fácilmente. Son buenos músicos, tienen actitud y, por supuesto, han escuchado los discos adecuados. Se nota en su sonido moderno, en su sabio uso del Hammond, en su rasposa voz, en su ritmo implacable. Estos tipos me emocionan. Son cantables y ponen a bailar a las chicas. ¿Quieren hacer la prueba, lads? ¡No falla! ¿Se necesita algo más para amar a un grupo de gandallas bien peinados?

Poner el disco es asumir la posición. We Say Yeah! es un trancazo, una canción con la que podría comenzar cualquier fiesta: “Hey man, do you like my clothes? / Do you like the style I chose?”… ¡Diremos yeah! “Hey girl, do you really see? / Do you really dig my scene?”… ¡Ellas dirán yeah! ¡Esto es Jarvis Humby!

El segundo track, These Eyes, se pone algo folky, como si Brian Jones produjese a los Beau Brummels, pero con Hammond, instrumento dominante en todo el disco. Pero tal vez mi favorita del disco sea 99 Steps To The Sun, sensacional mid-tempo à la Julie Driscoll + Brian Auger, con una guitarra sexy, una sección de vientos y una letra que invita al exceso. Perfecto soundtrack a esas pinturas de Shag en que hay fiestas interminables en las salas llameantes del infierno. Por no escribir una onomatopeya, aquí va un aullido.

TV 200 sigue el mismo juego de 99 Steps… y el Hammond lidera a un coro femenino. Cual sintonía de programa pre-1973 de acción, minifaldas y autos veloces, el bajo es insistente y genial. Vampiros Hetros podría ser el tema de salida de este show, con su voz negroide y su ritmo go-go. ¡Jesús Franco nunca morirá! ¿No hemos tenido suficiente ya? No. Lástima que Oh Baby no sea tan potente, pero el disco se recupera con Badger, sensacional instrumental hi-fi con súper distorsión.

Si los guiños a Brian Auger no fuesen suficientes, los Jarvis Humby hacen su propia versión de Black Cat. Me pongo de pie. Es una canción tan sensacional que podría pasar por un original de la banda. Me encanta. Le sigue Let Me Take You There que comienza sonando a los Yardbirds del 66 pero tocados por los Plimsouls (de nuevo, con el añadido del Hammond). The 4th Man es otra sintonía para un show espectacular de televisión, ahora en clave de surf grasoso. Una delicia. Si no fuese suficiente garaje, el disco cierra con dos joyas: Formaldehyde, entre The Sonics y The Monkees, y un cover a The Sparkles, Ain’t No Friend Of Mine. Formidable.

Dicen que en vivo los Jarvis Humby son incluso mejores que en disco. Si es así, quisiera verlos ahora mismo. Para evitar otra onomatopeya, aquí va otro aullido.

C/S.

Esteban Cisneros.
panis_et_circus@hotmail.com

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