Maravillas del mundo moderno: Marine Girls.

Publicado originalmente el 29 de marzo de 2013.

El Chico Bestia me escribió hace poco para preguntarme si había escuchado a las Marine Girls. Claro, Chico Bestia, le dije. Son parte de un universo que me encanta, le dije (o algo así, estoy seguro de que sí le hablé en términos muy cursis como suelo hacer cuando algo me gusta mucho) y le solté la retahíla de nombres: Dan Treacy y Television Personalities, Young Marble Giants, John Peel, Beat Happening, The Raincoats, Kleenex/LiLiPUT y, claro, semilla de la que saldrían después Grab Grab the Haddock y Everything But The Girl. Todo lo necesario para una gran vida de placer auditivo y corazones saltones, Chico Bestia.

Este tipo va por buen camino.

Ah, sí, que quién es Chico Bestia. Es un chaval. Va y viene. Estaba perdido en un mundo aburrido y suburbano; ahora está encontrado en uno de discos viejos de garaje, órganos Farfisa estridentes, supermonstruos de cómic, chaquetas de cuero y vampiresas dispuestas a succionar sangre y sueños y simiente juvenil. El canalla se atreve a dibujar tan bien y tan retorcido como Zach Bellissimo. Dibuja en donde puede: cuadernos, periódicos, paredes, mesabancos escolares, playeras, sus propios zapatos. Y pasa la tarde escuchando cassettes y discos de música sorprendente y guapetona, rigurosamente lo-fi, ruidosa y acelerada y descubriendo una ciudad a la que no entiende pero que, de un modo u otro, quiere. Un buen tipo, Chico Bestia. Ya lo conocen.

El tipo me hace extrañar su edad, ya ven.

Y entonces Chico Bestia menciona a las Marine Girls y todo tiene sentido. Compartimos chifladura por, entre otras cosas, los grupos de chicas. No hay mejor cosa, en serio. Me invaden pensamientos, nombres, imágenes, portadas de discos, escenas de una hace no tantos años (aunque se sienten como cientos) y bailes y manotazos. Marine Girls: Tracey Thorn y Gina Hartman, Alice y Jane Fox. Hertfordshire, al Este de Inglaterra, con su bandera con el venado perezoso. Ética punk. La pinta completa. Raros peinados nuevos. Ojos brillantes. Vestidos de segunda mano. Zapatos bicolor. Actitud anti-rock and roll. Libros de Rimbaud y Shelagh Delaney y discos del sello Red Bird. Guitarras y tambores. Magia. Una larga sombra, como ya la llamó Tracey, que sigue cobijando a chalados y anoraks que, cada cierto tiempo, redescubren (como me pasó a mí, como le pasa a Chico Bestia) a un grupo que grabó sólo dos discos y apenas dio algunos conciertos. Dos discos apenas (Beach Party de 1982 y Lazy Ways un año después), pero dos discos tremendos, cándidos, que suenan a chicas en el destierro emocional, jóvenes que se construyen su propio universo a partir de nada, creando sus propias reglas sentadas en una banqueta, redactando manifiestos en el aire fumando en parques, aprendiendo acordes de viejas canciones de los 60 (el primer refugio de las almas sensibles extraviadas.)

En Marine Girls el sonido no era calculado y no había impostaciones ni teatralidad rock. Era pura valentía y corazones desnudos. Emoción desbordante. Chicas haciéndose un montón de preguntas acerca de chicos, de la vida, de su otredad, encontrando respuestas en una extraña armonía que quién sabe de dónde salía, pero no de una hoja pautada ni de un devaneo ensayado. Imagino a las chicas frente a hordas de púberes imberbes y ampulosos, ansiosos y recios, puños apretados y ojos de sapo y dientes chirriantes. Y ellas, ante ellos, haciendo lo suyo, sin importar lo que les gritasen. Tal vez alguno se enamoró de ellas. Al menos de su gran idea.

Yo lo hice. Chico Bestia está a punto de hacerlo. Por lo pronto ya anotó Promises y 20,000 Leagues (del segundo álbum) a su lista de canciones que le hacen la vida.

Después del mensaje de Chico Bestia me puse a revisitar ambos discos. Y me fascinan. Suenan raro. Desentonan con la idea general de música producida. Claro, los grabaron en un cuartucho, con apenas el equipo necesario, de una toma o dos, en una tarde o dos, en pausas del colegio y la universidad. Las letras son tan emocionantes como básicas, francas, nada de palabrería ni de falsa importancia.

Discos de estos van a gustarme siempre.

Marine Girls duraron poco. Como debía ser. En 1983 las hermanas Fox tomaron por su lado y formaron Grab Grab the Haddock, geniales. Tracey continuó con el proyecto que había iniciado con Ben Watt en Hull, Everything But The Girl, uno de los grupos de baile más exitosos de los 80 y 90, tan esenciales como Pet Shop Boys o Saint Etienne, pero que en varios temas mantenía esa ingenuidad de Marine Girls. Dicen que Kurt Cobain las adoraba. Que no hay gran colección de música sin un disco de ellas. Que quien no ha escuchado a Marine Girls no ha vivido.

Chico Bestia ya comenzó a vivir. El tipo va por buen camino.

C/S.

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