“En Guanajuato no hay una cultura musical.” Entrevista con Carlo Olmos.

carloolmos

Publicado originalmente el 8 de febrero de 2013.

No es la primera vez que hago un cuestionario parecido. Pero esta entrevista sí marcará el inicio de una serie de charlas con amigos relacionados con la música de una o de otra manera. Hay varias ideas detrás de esto. Una, claro, que todos estos son amigos y cuando uno no les apoya, le pavimenta el camino al enemigo. Y nuestros enemigos hoy se llaman Ignorancia e Indiferencia. Dos, conocer puntos de vista y explorarlos. Tres, conocer el estado de la música a partir de experiencias de los involucrados. Cuatro, compartir (y comparar) obsesiones. Cinco, divertirse y aprender, que de eso se trata la vida. Con ustedes, mis panas.

Carlo Olmos es un nombre que, tal vez, debería estar en boca de más gente. Quién sabe. Está en sus late-twenties, ha sido baterista en numerosos proyectos y grupos guanajuatenses (el pop facilón de Esfera, el rock duro de Moloch!, el jazz extraviado en la ciudad de Los Pájaros Lolos) y ha producido una lista importante de demos y EP’s de música local, además de dos o tres producciones audiovisuales interesantes. Procedente de la –en sus palabras– ociosa ciudad de Guanajuato y obsesionado con el nervioso “tras bambalinas” de cualquier espectáculo, comenzó trabajando en teatro. Siguió, claro, la música, su hábitat natural. Hoy, busca nuevas preguntas porque está harto de las mismas respuestas. Y aquí están las suyas a un cuestionario que le planteamos entre una pinta y otra, como debe ser.

¿Cómo nace en Carlo la obsesión vital, La Obsesión, por la música y los discos?
Tengo un recuerdo: moverme hacia el tocadiscos no por la música, sino por la fascinación de saber de dónde provenía. Comencé con rock clásico de la FM de StereoRey: fui fan desde bebé y hasta que la destruyeron. En Guanajuato y León salía en la 99.9. Tocaban mucho R&B, disco, pop clásico, jazz. Para mí fue como la historia que cuenta Lou Reed en Rock & Roll de los Velvet, aunque a mí no me salvó el rock sino la música de la FM. Me salvó de Flans, Timbiriche, Maná y toda la fauna del tipo. El rock lo descubrí hasta los 12 años con los Smashing Pumpkins y Marilyn Manson.

¿Cómo descubriste la batería? ¿Y cómo comenzó ese largo trayecto de Carlo como músic0?
¡La batería siempre me gustó! Siempre tuve ritmo, aunque nunca como para bailar. Me animé a los golpes hasta los 15 años. Desde entonces fue estudiar y practicar, estudiar y practicar. Mi primera banda fue Esfera; duramos ocho años y compusimos cerca de treinta canciones. Yo las grababa. Ahí vuelve a mí esa fascinación infantil de estar detrás de la escena cuando algo está ocurriendo.

Mi primera batería fue prestada por Chipo, el cantante del grupo. Era de juguete: tarola y tom de 10 pulgadas, bombo de 16, un platillo y un pandero roto haciendo de contratiempos. No recuerdo la marca, pero debió ser New Beat o algo así. Resulta que ese compadre la tenía desde hacía tiempo y no la usaba. Pero a los tres meses una amiga me vendió la batería de su exnovio. Pagué 1,500 pesos por toms de 12 y 16 pulgadas, un bombo de 22, contratiempos apropiados y un platillo ride. En realidad, los contratiempos parecían buñuelos…

¿En cuántos grupos has tocado? ¿Cuál es tu mejor experiencia como músico? ¿Y la peor?
Formalmente con tres: Moloch, Esfera y Los Pájaros Lolos; improvisadamente con muchos, no puedo contarlos. No tengo una peor experiencia, soy caótico e improvisado y de una o de otra manera disfruto la música, siempre ha sido así. Aun cuando peor he sonado, me he divertido mucho. La música es lo mejor de la vida, carajo. El día que la sienta como algo malo, como una carga, me largo de inmediato del lugar y regreso al siguiente día… cuando todo haya pasado y esté dispuesto a disfrutar de nuevo.

Mejores experiencias: alguna vez con varios músicos, de esas veladas caóticas en que la gente que acude al bar se ve obligada a padecer nuestra locura, formamos como diez bandas diferentes. Ha habido tocadas divertidas al lado de ¡Los Padrinos! en León y en Guanajuato. Toqué una vez de modo totalmente improvisado con un grupo que existió sólo esa vez y que de broma bautizamos el Alain Persons Project (uno de los músicos se llama Alain.) Y la última realmente buena fue hace poco: tocaba Moloch!, pero entre el público estaban los exintegrantes de Esfera así que tocó Esfera. Al final de la noche ya nadie entendía qué sucedía, ni nosotros. La gente salió feliz de allí. Y yo más. Creación en el caos.

En cuanto a la producción, ¿cómo comenzó todo? ¿Y cómo va ahora?
Desde niño me obsesionó el sonido. A los tres años me regalaron mi primera tornamesa. A los cinco hacía mixtapes llenas de pop ochentero, rock clásico de los 70 y Barry White, y desde que comencé a tocar me interesó aprender a grabar audio y vídeo por cuestiones prácticas. Me fui entrenando de a poco, como en todo. Tres años más tarde estaba en medio de un rally cinematográfico en uno de los festivales de cine de Guanajuato. Seguí por allí y ahora es lo que hago. En marzo de 2012 fundé Producciones Huapango (que tiene su sitio web en http://www.be.net/huapango) y hemos producido algunas cosas interesantes en materia audiovisual. Y antes de toda esta vorágine, hice proyectos de grabación de música, fotografía y cortometrajes y documentales en vídeo bajo seudónimo. Me hacía llamar Locarco.

Has trabajado en muchas áreas de producción, pero la música sigue allí. ¿Por qué?
La música es el motor: si la escucho, la toco y viceversa. Quiero ampliar mis horizontes profesionales y me he mudado a Guadalajara a ver qué pasa por acá. He estado buscando también en el DF, trabajando freelance como loco, aprovechando que no tengo compromisos que me retengan en un solo lugar. Creatividad y viaje. El punto es crear, que aún hay muchas cosas qué decir.

En cuanto a música, tengo ganas de un proyecto de neofolk gringo a lo Iron & Wine o Fleet Foxes. Quiero experimentar con sonidos y tempos que no he probado. Quiero aprender la vibra de esos estilos. Pero lo que de verdad me interesa profundamente es comenzar a hacer beats: hip-hop, soul, R&B molón. Pero por acá hay pocos que le entran a eso. Debemos unir fuerzas.

¿Qué pasa con Guanajuato? ¿Hay una escena musical? ¿Tiene potencial? ¿Estamos jodidos?
Estamos absolutamente jodidos. No hay un ímpetu ni una cultura de hacer música. Cuando se forman bandas (y he visto muchas hacerlo) uno o dos integrantes tienen ganas de hacerlo bien y el resto lo hace como hobby. Hay una ignorancia grande en cuanto a cómo hacer música. La mayoría de los intérpretes, incluyendo a los de conservatorio, viven pensando que la música es como un mito urbano de esos que se crean alrededor de los “grandes artistas”, como si fueran genios que al poner un instrumento en sus preciosas manos ya pueden hacer música genial. No existe la cultura de conocer realmente el trasfondo de la Gran Música: los secretos técnicos, tecnológicos, académicos o filosóficos. Incluso la industria la malentendemos. ¿Así o más jodidos? Los músicos necesitamos estudiar más, educar a nuestro público en cierto sentido, cobrar adecuadamente y apoyarnos entre nosotros. Las divisiones entre grupos, a estas alturas del partido, son estúpidas.

¿Cuál es tu bebida?
Manhattan, un cóctel fuerte, bien balanceado entre dulce y seco. Hay un barman en Guanajuato (el único que merece ese título en la ciudad) que lo prepara adecuadamente, en el México Lindo y Sabroso, un restaurante por la Presa de la Olla.

¿Tus grupos mexicanos favoritos?
Café Tacuba, Plastilina Mosh, el Mariachi Vargas de Tecatitlán. Insuperables.

¿Beatles o Stones?
Beatles, por la gran cantidad de experimentos sonoros. Se reinventaron muchas veces.

¿John Lennon o Paul McCartney?
Lennon. Es más dramático, a pesar de todo. McCartney me gusta pero es muy Silly Love Songs todo el tiempo.

¿Tienes algún gusto musical culposo?
¡Claro! La canción esa de tribal, “Me prende”, aunque no sin Thom Yorke bailando (alguien hizo un vídeo mezclando la imagen de esos clips en los que Radiohead quieren ser profundos y terminan siendo graciosos con la canción y funciona muy bien.) En realidad, sin vídeo también la disfruto.

La pregunta molestamente obligada de estos cuestionarios: ¿Podrías nombrarnos 10 discos?
The Beatles, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.
Michael Jackson, Off the Wall.
PJ Harvey, This Glorious Land.
Pink Floyd, Ummagumma.
Elbow, Cast of Thousands.
Radiohead, Kid A.
Spiritualized, Ladies and Gentlemen We’re Floating in Space.
Icarus, I Tweet the Birdy Electric.
Blur, 13.
Yo La Tengo, I’m Not Afraid of You and I Will Beat your Ass.

¿Y diez singles?
Elbow, Newborn.
Iron & Wine, Glad Man Singin’.
PJ Harvey, Written on the Forehead.
Gil Scott-Heron, My Cloud.
Flying Lotus, Zodiac Shit.
Graffiti 6, Free.
Other Lives, For 12.
Raphael Saadiq, Good Man.
St. Vincent, Marrow.
Neil Young, Walk With Me.

¿Películas? ¿Libros?
The Darjeeling Limited de Wes Anderson, Mullholand Drive de Lynch, El hombre sin pasado de Kaurismaki, Más extraños que el paraíso y Coffee and Cigarettes de Jarmusch, Pulp Fiction y Trainspotting porque son obligatorias para mi generación, Eyes Wide Shut de Kubrick, Persona de Bergman, El sacrificio de Tarkovski. ¿Libros? Dos príncipes (como la cutre canción aquella): el de Maquiavelo y el de Saint-Exupéry. Bukowski, sobre todo Pulp. Cualquier diccionario enciclopédico. Foucault, Vigilar y castigar. ¿Va bien hasta aquí?

Todo bien. ¿Algo oscuro/raro/esencial que no podamos perdernos?
La música de David Byrne con St. Vincent. Y las TED talks, charlas para diseminar ideas. De eso se trata esto, ¿no? Diseminar ideas.

C/S.

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