Ravi Shankar: Sitar hero.

Publicado originalmente el 14 de diciembre de 2012. También publicado ese mismo día en LaPopLife.

Ravi Shankar ha muerto. Chau, Ravi Shankar.

Los aficionados de la música culta (perdón por llamarla así, no encontré otro término) y los de la música pop le lloran por igual. O casi. Mi colección cuenta con pocos discos de música clásica o instrumental (disculpen el término, hoy no ando brillante), a no ser que sea exótica, jazz o algunas contadas bandas sonoras, pero ahí está el disco (los discos) de Ravi Shankar de rigor. Si le pregunto a cualquiera de mis panas, sucederá igual.

¿Es por los Beatles? Puede ser.

Una historia: una vez entré a una tienda hindú en una ciudad ajena. La que sea. La Chica quería ver algunas cosas y, pues, uno hace lo que La Chica indica en ciertas situaciones y era ese tipo de situación. Lo que yo esperaba era encontrarme con grandes túnicas y pantalones de esos que usan las chicas jipis de Comunicación e inciensos y litografías. Así me fue. Ahí, en el segundo piso de la tienda, entre algodones e inciensos, había una sitar, ese instrumento hindú que los tontos ubicamos por Norwegian Wood o Paint it, Black. La tomé, intenté sacarle algún sonido, y en mi torpeza sólo hizo un lastimero twang. Tuvieron que arrastrarme para sacarme de allí y aun así, mientras besaba el frío y nada higienizado suelo del lugar, gritaba “¡necesito ese armatoste o detono la bomba!” o una estupidez sonrojante del estilo. Y cuando se me reprendió por el lastimero espectáculo atiné a defenderme con balbuceos. La frase “es que… como Ravi Shankar” sí la recuerdo con nitidez.

Por cierto, como no estoy seguro si es cítara o citar o sitar o como sea, llamaré al instrumento sitar de ahora en adelante. Crecí escuchando documentales y entrevistas grabadas en cintas (¡ñoño!) en las que se le llamaba así en inglés, así que, disculpadme una vez más, para mí vale. Sitar. Así, aguda y elegante.

Ravi Shankar era el rey del (¿la?) sitar, el puto amo, el Grande. Pero eso no es un secreto. Que era amigazo de George Harrison y de otros astros pop, menos; las hemerotecas están llenas de textos sobre el asunto. Que fue una de las más grandes influencias de la música pop es sólo evidente y a las pruebas nos remitiremos. Es el intérprete de sitar más famoso del mundo y, Krishna mediante, así seguirá hasta que acaben los tiempos.

Tal vez hay miles de grandes sitaristas y una larguísima tradición en la India. No sé, pero prometo sumergirme en ello en cuanto haya un poco de tiempo. Por lo pronto, me toca recordar a Ravi Shankar poniendo a girar los discos de la Deutsche Grammofon que tengo… y algunas grandes canciones pop con sitar.

Obviando las tres grandes (las dos mencionadas de los Virus y los Rolin, más Heart Full of Soul de los Yardbirds que incluía a un músico de sesión antes incluso que Harrison y Brian Jones) hay un buen montón de temazos con ese instrumento de sonido caprichoso incorporado perfectamente. Todas, además, son de los años 60, en que los orates estaban bien vistos. Dejemos de lado también los otros temas de los Mariachis de Liverpool, que hay varios (y muy buenos: Love You To, Tomorrow Never Knows, Within You Without You, The Inner Light) y dejemos dicho de paso que Danelectro, una compañía de desarrollo de instrumentos y sonidos, pudo emular el sonido de sitar en un mamotreto eléctrico que se utilizó en varias grabaciones a partir de 1967. Dicho esto, enlistaré algunas de mis canciones favoritas con sonido de sitar.

Comencemos con un pedacito de un tema de John Fred and his Playboy Band que fue de mis primeros discos. No sé de dónde lo obtuve, pero recuerdo a mis amigos de la cuadra bailando ridículamente en mi habitación al ritmo de Judy in Disguise (with Glasses). La última línea de la grabación es, justo, lo mejor. Hay que escucharla: sitar extravagante, línea sardónica y, carajo, ponla de nuevo porque qué fue eso.

Obviemos también San Francisco de Scott McKenzie sólo porque es recurrente en radio recuerdo, aunque también lo son los Monkees y su This Just Doesn’t Seem to Be My Day usa la (¿el?) sitar con entusiasmo. The Turtles en su Sound Asleep también la rompen y, con todo, debo decir que siempre he sido parcial con las tortugas –uno de los grupos más fascinantes de mis años 60– así que no me crean todo lo que digo. La Chocolate Watchband (salvajismo puro) también la usan en In the Past y mis amados Box Tops (que viva Alex Chilton) tienen Cry Like A Baby que, coincidencias, es otro de los discos más viejos de mi colección. Creo que empiezo a ver un patrón.

Green Tambourine, el éxito bubblegum de los Lemon Pipers fue otro de mis primeros discos y lo extraje de la casa de la abuela: había sido de algún tío que había formado familia y se había olvidado de las cosas que le importaban antes. Años después le confesé el pequeño hurto y me dijo que le tranquilizaba que el disco hubiese caído en buenas manos. Gran tipo. Justo en esa casa materna conocí a Sergio Mendes que usa la sitar en Chove Chuva y a Ricky Nelson, que intenta hacernos creer que es interesante en Marshmallow Skies (¿de dónde sacaste la frase, pillo?) Traffic, idolazos, tienen Paper Sun y los Kinks, dioses, Fancy. Cada que me voy de juerga y comienzo a pasar el límite de la cordura suena en mi cabeza Sit with the Guru de los gigantes Strawberry Alarm Clock porque, claro, en aquella primera gran bacanal sonaron una y otra vez porque (sí) me conseguí ese disco en un viaje adolescente a Guanajuato. Busqué esa tienda en viajes (literal y figurado) posteriores y no la encontré.

Los tremendos Animals de Eric Burdon tienen ese sonido en Orange and Red Beams y Winds of Change y Monterey y seguramente en algunas otras que, justo ahora, no puedo nombrar porque vienen demasiados títulos a la cabeza. La Incredible String Band, que descubrí demasiado tarde, lo usaba también con buen efecto; justo ahora recuerdo la Mad Hatter’s Song. The Cyrkle tiene Turn Down Day que fue otro de mis primeros discos (y aquí aclaro: mi obsesión onceañera por los Beatles me hizo comprar cualquier cosa relativa a “los sixties” que encontrase: gran escuela.) Y no puedo dejar atrás a los Pretty Things, grupo que trastorna vidas, y su álbum SF Sorrow¸ que no debemos olvidar y no sólo porque la sitar tiene un papel prominente, sino porque es uno de los grandes discos de todos los tiempos. Love Buzz de los Shocking Blue y T. Rex con Chrome Sitar son otros dos grandes ejemplos que recuerdo ahora.

Seguro olvido muchos otros quizás bastante más importantes. Pero lo que es seguro es que ese twang de la sitar es parte de mi educación musical, ergo sentimental. No puedo sentir otra cosa que cosquillas en el vientre, nostalgia lacrimógena y sentir que la sangre corre cuando suena ese instrumento que Ravi Shankar tocaba tan bien.

La próxima vez, haya Chica o no, me haré del armatoste. Prometo que no seré arrastrado. Porque, carajo, no entiendo mi vida sin el sonido de la sitar. Gracias, señor Shankar. Que le vaya bien. Seguro irá a un buen lugar.

C/S.

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