Vinyl: el coleccionista enfermo. Coleccionismo vital (y V.)

vinyl

Publicado originalmente el 28 de septiembre de 2012.

Alan Zweig, canadiense, es una anomalía en un mundo de productos y consumidores. Un verdadero artista. Un sujeto que, lejos de convertir su pasión por el cine y su incomprensión de la vida en indecentes cortometrajes sobre chavales que se suicidan y que ganan procaces premios en concursillos de séptima, se ha puesto a documentar su existencia a partir de sus manías y sus fobias. Nada de glamur, nada de ambición: el patetismo es y no hay mucho que hacer para disimularlo; de hecho, resultaría mucho más enfermo. Armado de una cámara de vídeo y de sus demonios, ha hecho dos de los documentales obligatorios para todo lunático. Uno es el indispensable I, Curmudgeon (2004), sobre la terquedad, la bilis y la seguridad de saber lo que quieres en un universo que conspira para crear cada vez más tonterías y corrupción. El pequeño film está repleto de gruñones, tercos y míseros que prefieren vivir entre libros que entre personas.

Pero hoy nos ocupa Vinyl (2000), primer gran documental de Zweig. Riguroso y descarnado como es sería de por sí una película tremenda. Pero trata sobre objetos. Específicamente discos. Y sobre tipos que los coleccionan.

¿Suena bonito? No lo es. Aquí no hay idealización ni romanticismo. No es una vitrina de lo cool que es saber un montón de música. No es una oda a los cruzados que recitan, en estricto orden alfabético, todos y cada uno de los elepés de su acervo. Vinyl es el lado oscuro de coleccionar, el diagnóstico duro y sin eufemismos de la enfermedad: honestidad brutal hecha vídeo.

Zweig se entrevistó por meses con coleccionistas de discos célebres y no tanto: amigotes, amigotes de sus amigotes y primos de los amigotes de sus amigotes. Por ahí sale el gran Harvey Pekar, por supuesto; estas dos lumbreras debían ser panas, no veo de otra. Pero a Zweig no le interesaba hablar de música con ellos (y alguno se lleva un disgusto por eso, filmado queda.) Lo que quería era hablar de la obsesión, la dolencia, la peste de coleccionar. De los objetos. De los complejos. Del miedo y asco de ser humano, de la impotencia de ser lúcido y de la mentira romántica (pero mentira al fin) de que los que coleccionan objetos entienden lo que hacen. Vinyl es la herida llena de pus del hombre que dijo que prefiere las cosas a las personas.

Pero Zweig también se expolia sin trauma ni miedo colocando su cámara frente a un espejo y hablándole: este es un hombre que siente que ha perdido el control de su vida. Su apartamento no es realmente suyo. Las chicas a las que invita se asustan porque el piso está infestado y salen corriendo y dando de alaridos. Son los discos de vinilo los que rigen cada momento de la realidad de Zweig. Esos pedazos de plástico son los dueños de su casa. De su vida. De su ser. Él sabe que es un maldito adicto y le encantaría formar una familia y tener una chica y tener hijos y un auto porque, sí, dicen los punks que eso no hace la felicidad pero qué carajos, él lo quiere, pero no lo intenta porque qué dirían los discos y qué diría la chica de sus discos y mejor tener discos que hijos porque aunque hijos es lo que más quiere en el mundo los discos han salvado su vida y seguramente la salvarían cuando los hijos se conviertan en el problema en el que se convierten tarde o temprano para todo padre…

Damas y caballeros, la humanidad. Así somos, menda Shakespeare. Lo sabías bien. Damas y caballeros, la humanidad. En toda su tragedia. Y en todo su esplendor. ¿Es que la línea entre una y otra es delgadísima o es que son parte de la misma cosa?

Tener demasiados discos es síntoma inconfundible de algo. O esa es la tesis de Zweig, nuestro héroe del día. Y sus amigotes la comprueban en Vinyl.

Uno de ellos, por ejemplo, habla de un amigo que murió de coleccionar. Así lo expresa, como si coleccionar fuese una enfermedad peor que la peste bubónica. Y complementa (traduzco con las tripas a partir del documental): “Bueno, no es que coleccionar haya sido la causa, pero esa un síntoma de problemas  mentales. Tú sabes, algunas personas que coleccionan usan el acumular como un medio de evitar dar la cara ante las cosas de su vida que nunca han podido resolver.” No es un teórico, es un práctico: un hombre de a pie, que ha dejado de cenar para poder comprar un disco y que lleva en su alma las cicatrices de la pasión y la obsesión.

Otro de los sujetos de estudio de Zweig dice: “La gente que ha sido dominada y abusada verbal o físicamente, la gente que nunca ha desarrollado su propio sentido del ser puede ser la que colecciona cosas. Mis propios padres tenían demasiadas opiniones.” Que cada quien saque conclusiones.

Uno más de sus entrevistados, un ofuscado que tuvo que deshacerse de su colección de discos, habla de vender todas sus posesiones. Y dice: “Vendí todo porque me dolía hacerlo. Si quería ser una mejor persona, debía vender todas las cosas que dolieran.”

Otro caso de un sujeto entrevistado por Zweig que se deshizo de su colección, un obnubilado que en lugar de vender sus discos o buscarles una nueva casa, los arrojó a la basura. Zweig, dolido al terminar de escuchar la historia, no puede más que decir: “Tiraste miles de discos para que nadie que no fuese tú pudiese tenerlos. Qué mierda.” Qué mierda, sí. Así somos.

¿Coleccionar? Lo hemos tratado de hacer estiloso y lechuguino. Pero no es más que un mecanismo de defensa. ¿O no, Alan Zweig? Como dice alguien más en Vinyl: “Cuando pones un disco de Iggy Pop o uno de Ornette Coleman sabes qué emociones van a invadirte. Eso no pasa en la vida real.”

Alan Zweig es una anomalía en este mundo. Porque dice cosas que no muchos nos atrevemos a decir. Porque ve el lado oscuro, como lo poetas, para sacar el luminoso a la superficie. Porque es un sujeto que se hace preguntas, demasiadas, como los niños, en una época en la que parece que todas las respuestas están dadas. Un pequeño héroe.

Esos son los que escriben la Historia. Porque la Historia la escriben los perdedores. No creas más mentiras.

Para que todo esto quede en algo, puede usted, lector, ver el documental en cuestión acá: http://youtu.be/bNRvB8lyRSM. Eso mientras dure activa la liga. Aprovechad.

Las otras entradas de la serie ‘Coleccionismo vital’ están acá: I: http://bit.ly/OHVA7E. II: http://bit.ly/MKcke4. III: http://bit.ly/Noe276. IV: http://bit.ly/QK4rrF.

C/S.

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