Cinco discos chiflados para el weekend (y II.)

Publicado originalmente el 7 de septiembre de 2012.

Nunca falta el roquerín de turno que al escuchar una guitarra distorsionada se expresa diciendo algo como “qué loco.” Nunca falta. Habría que hacerle usar la expresión con algo que realmente lo amerite. Aquí van otras cinco recomendaciones. No me hago responsable de sus reacciones ante esta música: el punto es que les vuele los sesos. Almas frágiles absténganse.

Kim Fowley, Mondo Hollywood: Kim Fowley’s Phantom Jukebox Vol. 1 (Rev-Ola, 1995)

Kim Fowley es el puto amo, uno de mis chalados favoritos. Un tipo odiado y amado, un pervertidazo que tiene en su currículum trabajar con los mejores de la Costa Oeste en los 60, hacer música para las películas más cutres y voladas del cine B, haberse frito el cerebro con LSD para el desayuno-colación-comida-hora del té-cena, ser manager de The Runaways en los 70, nunca salirse de personaje y, de paso, tener una discografía tremenda que es bien perseguida por uno o dos connoisseurs. Esta recopilación de Rev-Ola incluye singles solistas de 1966 al 69 y es una retahíla de temas lisérgicos, garajeros, punks, torpes, gritones, estridentes, majaras, derrière garde, de mal gusto, distorsionados, caóticos, humorísticos, onomatopéyicos. Es decir, que cabe en una buena colección de discos. Sargento Pimienta, a un lado que va a pasar Kim Fowley. ¿Que no se quita? Aguante el golpe, entonces. Discazo.

Joe Meek & The Blue Men, I Hear A New World (Triumph, 1960/RPM Records, 1991)

Que Joe Meek era un orate no es un secreto. Que Joe Meek hacía las grabaciones más raras y, además, convencía al mundo de comprarlas y lastimaba seriamente las listas de popularidad, mucho menos. Y que Joe Meek, uno de los más grandes productores del pop, es una de esas personas que justifican la horrible frasecilla “de culto”, ni se discute. Pero hay un disco misterioso que merece una segunda visita. I Hear A New World, grabado con un grupo de sesión llamado The Blue Men, era uno de las grabaciones consentidas de Joe Meek y, es lamentable, pero han tenido que pasar décadas para lograr entender por qué: un capricho de pop sideral, lleno de efectos de sonido y de avanzadas técnicas de producción y vocecitas a lo Chipmunks, camp as hell, con sonidos de nave espacial y una candidez conmovedora. Maldito genio. Tal vez no hemos hecho contacto extraterrestre porque no hemos entendido I Hear A New World, con su rockabilly hecho de constelaciones y no de acordes. Perdónanos, Joe Meek. No sabíamos lo que hacíamos al ignorarte.

Barış Manço, 2023 (Yavuz Plak, 1975)

Pronuncie “Boris Mancho” si quiere parecer Alguien De Mundo. Y póngase de pie porque estamos hablando de una de las grandes figuras del rock… en Turquía. Allá sí fue un súper astro y con todo merecimiento. Su extrañísima lengua y, sobre todo, esa música tan ¿singular? pueden explicar su ausencia en cualquier enciclopedia sobre la música importante de este lado del mundo. O tal vez no. Porque fue un músico prolífico y furiosamente moderno. Nos centraremos en 2023, ese disco chiflado que lanzó en 1975 porque es difícil entenderle a la información en turco que hay en la web y porque es relativamente sencillo de conseguir para escuchar. Y, madre mía, no encuentro adjetivos adecuados. Es futurista y lo que le sigue. Es psicodélico y lo que le sigue. Está lleno de sintetizadores y de guitarras con el volumen en 11 y de atmósferas enrarecidas y de vocalizaciones muy afinadas pero que hacen gulmeacibagaviryolveriyoldaminbarabaragulmeahgagagagavurjavurkavurja. Después de escucharlo uno puede reírse con todo derecho y con el 100% de argumentos de todo aquel que considere a Yes o a Asia un grupo progresivo o arriesgado. So memos.

Pauline Anna Strom, Trans-Millenia Consort (Ether Ship Records, 1982)

¿Un disco de new age? Sí. ¿Y? Otro disco de sintetizadores analógicos a la lista de hoy. La próxima vez que juegues con tus amigos a Alta Fidelidad y tengas que enlistar tu Top-5 de artistas invidentes, añade a Pauline Anna Strom, una californiana que se está cotizando entre coleccionistas. Este es el primer disco de una carrera errática que no ha recibido la atención debida: discos fallidos, promoción nula, autoedición. Pero a lo que nos atañe, que es la música: la Strom no tiene ni un poquito que envidiarle a Jarré, Oldfield o Eno, o a todos esos sujetos que hicieron música “mística” y la enfundaron en portadas pinkfloydianas cutres. Sólo que, hey, es mujer; y además, ciega. Hay que conseguirse el disco para saber de lo que hablo: como para ponerse los audífonos, subirle mucho al volumen y que el mundo se acabe. Alguna vez escuché la expresión “colorear con música” y me pareció pedante; la broma estaba en mí, porque ahora entiendo que sí se puede y que Pauline Anna Strom lo logró. Fanáticos de la música electrónica, no se lo pueden perder. Fanáticos de la música, a secas, venga, a por él. De inmediato. Háganse el favor.

VVAA, Tensión: Spanish Experimental Underground 1980-1985 (Munster Records, 2012)

La Movida madrileña fue al mismo tiempo reivindicación y cáncer. Los movimientos subterráneos que llegan al mainstream suelen hacerlo dejando por el camino todo lo que les hacía interesantes o poderosos y este caso no fue la excepción. Siempre existen los que por integridad incorruptible o simple ingenuidad se quedan al margen cambiando, sin querer o queriendo, la forma y el fondo de las músicas. Justo lo que sucedió con estos 17 artistas españoles: putos genios. Tensión es un disco obligatorio: esta es la vanguardia, tanto que a pesar de que los tracks datan de la primera mitad de los 80 aun hoy suenan modernos, desafiantes, provocadores, excitantes. Nada aquí se parece a algo que hayas escuchado antes: synth pop enfermo, new wave escabiosa, jazz del siglo XXIII, poesía nihilista, dadaísmo meets rock industrial. Una locura. Si necesitas algo que te vuele el cerebro, aquí está. Un listado rápido del who’s who: Klamm, La Fundación, New Buildings, Mar Otra Vez, Clónicos, La Caída De La Casa Usher, Claustrofobia, La Gran Curva, T, Los Iniciados, Depósito Dental, Il Época del Hombre, 429 Engaños, Xeerox, Neo Zelanda, Teatro Negro de Praga y 1985-s. Una maldita pasada. Munster Records sabe lo que hace y se nota con este tipo de recopilaciones. Ponlo en una fiesta; quien se quede, es alguien de fiar. Los otros saben nada. Nada.

C/S.

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