Esta no es una canción: es un arrebato, un blues.

Publicado originalmente el 27 de julio de 2012.

He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la nostalgia insensata, por sonidos calculados, por versos añejos que significan nada. Todo, no los culpo, porque no encuentran más palabras ni más melodías que les hablen a ellos y solo a ellos. Agonizan entre supuestas divas sin talento, que usan el nombre para tener marcas de ropa y bebés y todo es muy lamentable. Agonizan entre grupos que usan guitarras sólo para preservar una marca y no una tradición. Agonizan entre canciones desesperadas porque esas mentes están desesperadas y buscan La Próxima Cosa Grande sin tregua, sin detenerse, porque morirán si no encuentran algo nuevo y como los moribundos se aferran de cualquier cosa, de lo primero que ven que se parece a lo que esperan. Esta ciudad es un arrabal aún, no nos engañemos. Es una ciudad que todavía no tiene voz, que se debate entre ser o no ser, ay, esa cuestión añeja, pero que al menos comienza a cuestionarse. ¡Si tan solo se cuestionara de maneras inteligentes! ¡Brillantes! ¡Distintas! Sigue impresionándome que sigan planteándose las mismas soluciones para los mismos problemas, cuando ya se ha comprobado de bulto que no funcionan. Pero no les culpo, insisto, porque esta maldita ciudad hijaputa se empeña en engañarnos, pero es sólo porque así está acostumbrada. Esta ciudad no es mala. Ni siquiera lo piensa. Es sólo que le han enseñado a ser así: ha tenido una educación espantosa, lamentable, horrible. Los peces gordos le han dicho que sólo se es grande cuando se pasa por encima de los demás, como hemos hecho con nuestros hijos y hermanos y amigos. ¡Y todos sabemos que no es cierto pero seguimos perpetuando mentiras! ¡Seguimos solidificando los cimientos para la música que quiere idiotizarnos y no iluminarnos! ¡Para las imberbes e idiotas letras que se disfrazan de literatura pero que engañan a muchos y, mierda, no es culpa de esos muchos, en realidad, aunque sí deberían de exigirse y deberíamos de exigirles más! ¡Para las instituciones que se diseñan para hacer pedazos a las instituciones, sobre todo aquellas que, aunque torpes y lelas, intentan ser de utilidad para quienes las necesitan! ¡A la mierda! Nos ha llegado la hora, por fin. Llevamos años esperando esto y aquí está, por fin. Y no, no se trata de marchar (ya vimos el circo que son esas caminatas por la ciudad, un circo imbécil, autoritario y muy pendejo, si me permiten la expresión) ni de lanzar consignas, sino de hacer. Y te hablo a ti, músico. Deja de hacerte el interesante, por favor. Por favor. Escribe y canta canciones que hablen por nosotros. Habla por tu gente, la conoces bien, no voltees hacia otro lado, no juegues a ignorar lo que importa. Sólo enfrentándolo serás grande, si no, lo tuyo es pura arrogancia y estupidez. No le creas a las revistas y a la radio, tan corrupta y obnubilada. La música importa cuando es honesta, cuando habla de ti, cuando la tocas con rabia y corazón. La música es alma. Si no, es estéril: sonidos encadenados uno tras otro que pueden ignorarse fácilmente. El oído es selectivo, demasiado. El oído es sabio, demasiado. Y no va a ceder ante nada, por más que el cerebro presione. Tus pinches orejas están conectadas al alma, si es que eso existe, pero capaz que sí. Es mejor creer que sí. Por eso cuida lo que escuchas y lo que sientes; encauza lo que piensas para que sea constructivo. Incluso las ideas más positivas pueden perderse cuando se juntan con otras ideas. Son peores que unos niños en un curso de verano burgués, las ideas. Son peores que todo, son atroces, son mortales. Las ideas acaban con pueblos enteros. Pero también los construyen. ¡Estoy hablándote! Valora tus ideas pero no las tomes como las únicas, porque no lo son y nunca lo serán. Son válidas, sí, pero no porque sean tuyas son aplicables. Por más experiencia que tengas, hay que dejarlas caminar para que, ay, método científico que nos condena, podamos ver si son las ideas que necesitamos para que este mundo (y ya no el mundo, esta ciudad de mierda, a la que amamos siempre, no sólo cuando el equipo de futbol gana, aunque eso ayuda) funcione. Tenemos que ser más prácticos. Mientras discutimos nuestros conceptos, los que tienen El Control aprovechan para hacer lo suyo; llegada esa instancia, somos los pinos en su sucio juego de bolos. Y con más fuerza lanzarán la bola. Porque son hijos de puta naturales, claro, sólo a uno de esos se le ocurre hacerse del poder sólo porque sí. Porque, hey, ellos llegan sólo porque sí, para mantener algunas cosas de su vida, pero no para ayudarnos. A nosotros sólo nos ayudaremos nosotros. Y lo haremos en la medida que hagamos lo que sabemos hacer: sembrar, cosechar, cantar, tocar una guitarra, escribir, tejer, coser, leer, recitar, inserte aquí el verbo necesario. Te hablo también a ti, artista. Deja tu puto ego de lado, que de nada nos sirve y sólo nos estorba. No se trata de ti. Ni siquiera de nosotros. Se trata del entorno en el que te tocó vivir. ¿Somos todos imberbes y cafés y gordos y malhechos y un poco ignorantes? Lo sentimos, con todo hay algunos de nosotros que queremos trascender, lo que sea que eso signifique. Háblanos. No eres superior a nadie. No eres un iluminado. Sólo tienes la capacidad de poner en palabras o en notas o en imágenes lo que piensas. Y, ¿sabes?, mucho de lo que piensas ya lo pensamos nosotros antes, sólo que nos ayudaría verlo desde tu perspectiva. Te debes a nosotros, al final. Y a ti. Y a tus obsesiones. Así que deja el miedo en el armario, enciérralo bien y sal a hacer lo que sabes. Esta ciudad, tan grande, tan poblada, tan vertiginosa, tan ávida de algo intenso, tan cazadora de La Próxima Cosa Grande, te lo agradecerá. No te lo pagará, lo siento, lo sentimos, porque así es la cosa justo ahora, pero te lo pagará después. ¿No te das cuenta? Hemos sobrevivido a todo. A todo, tal cual. ¡Hemos sobrevivido a todo y a todos y seguimos sin creer en nosotros! Tú, en la fábrica, en la máquina, en la oficina, en el cubículo, en el changarro, frente a la máquina (sea de costura o de computación), ¿te has dado cuenta de que no estás solo? ¿Te has dado cuenta de que podemos cantar una misma canción? Porque, hey, nosotros somos los de Arriba. ¡Así le pusimos a nuestra barra brava! ¡No es coincidencia! Somos los de arriba, los locos de arriba, los que vamos al volante, somos más. Muchos más. Hazte escuchar. Tu voz es música para nuestros oídos. Música. Música…

C/S.

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