Cinco canciones para el weekend (y V.)

Publicado originalmente el 3 de agosto de 2012.

Bien, sigamos hablando de música. Al final, es de las pocas cosas que importan. Cuando todo se va al carajo sólo nos queda cantar, bailar, escuchar. Yo sigo creyendo en la música. En La Música. En la Música Pop. Peco de naïve, sí, tal vez, pero prefiero mil veces ser un ingenuo que un cínico. He dicho. Van cinco canciones, arbitrarias como siempre, para acompañar un buen weekend.

Allah-Las, Tell Me (What’s On Your Mind). Del 7” Tell Me (What’s On Your Mind) en Innovative Records, 2012.

Un grupo joven que parece viejo. Total. No perderé muchas palabras describiendo su sonido California porque, contrario a esas revistas grandes, no pretendo vendértelos ni exponer qué tal cool o versado es quien escribe ni nada de eso. Estos hacen un ruidajo tremendo con guitarras estridentes y órganos viejos. Se les nota en su hacer que su colección de discos es muy gorda y llena de Byrds, Monkees y demás fauna salvaje. Muchos, demasiados grupos, se montan al tren del rock de garaje para hacerse de un nombre o para justificar sus limitaciones. Allah-Las (gran nombre) no. Aquí se nota una labor de amor, un total hundimiento en el sonido y en la cultura california sesentas, pero no esa de los Love-Ins y los Acid Tests, sino la previa, la Gran Ingenua, la Gran Posibilidad. Por tanto, lo posible sigue existiendo en ellos. Y en quienes los escuchan y los entienden. La música pop se trata de esto: de la contingencia, del riesgo, del evento, de estar allí porque mañana ya no se está, del presente, del pasado convertido en futuro. Sí, son tres o cuatro acordes. qué más da. Chica, ¿nos levantamos a bailar? Si dices que sí, todo ha valido la pena. Y habrás comprobado mi teoría. La música pop, el gran rock and roll y la fe en el futuro no ha muerto. No han muerto, chica. Vivamos. Por favor.

Comet Gain, You Can Hide Your Love Forever. Del 7” You Can Hide Your Love Forever en Fortuna Pop, 2001.

Tengo que insertar aquí un poco de información para los lectores despistados que no ingresan ni a Wikipedia, ni modo, pero para que vean que los aprecio: grupo que inicia a principios de los 90… Pero no. Hey, ustedes, les toca a ustedes buscar si les interesa. Y debe interesarles. ¿O van a quedarse en el Tremendo Estático de la existencia? Perdón, me he puesto intenso, pero no es para menos viendo sus caras. Es que hablo de Comet Gain, música que importa. Historias sobran. Comet Gain no necesita de pirotecnia. La cuestión es escucharles. Uno se enamora locamente, como aquel amor de secundaria. De hecho, de eso se tratan. Como esta maldita canción trastanuta. La odio. La amo. Es perfecta, con un carajo. Un tipo le graba cintas a una chica, le hace canciones, le escribe cartas. Dije cartas, no e-mails, manada de obtusos. Cartas. A mano. En papel. Y ya de paso, dije cintas, no cedés o playlists. Eso se llama devoción. Si usted, lector, lectora, no ha amado con esa intensidad, entonces vaya a la calle e inténtelo. Porque si no lo ha hecho no ha vivido. No. Ha. Vivido. Y este periódico, que acabará siendo un WC para el perro o un rollito para castigarlo o un envoltorio para el pescado o una herramienta más para los lavacoches de la ciudad (fuerza, panas) o qué más da. Amar no es cosa fácil, por eso mismo se llama amar. Amar es demasiado. Los que aman hacen canciones, no sólo las dedican. Los que aman hacen cintas, compran discos, recorren distancias, gastan dinero que no tienen, sangran en la calle, resisten, combaten, escriben con la mano, cantan con la garganta destrozada, andan descalzos, se esconden detrás de tres o cuatro acordes. Los que aman, sienten. ¿Sientes tú? ¿O solo asimilas?

Jacco Gardner, The Ballad of Mary Jane. Posible adelanto de un posible nuevo lanzamiento.

Este lunático holandés hace ver un hash bar como un jardín de niños. No, esperen. De hecho, mezcla ambas cosas. Imaginería lewiscarrolliana, teclados lisérgicos con notas que se derriten en las manos no en la boca, líneas de bajo mccartnianas y oooohs que nacieron en Revolver pero salieron al mundo como buenos hijos bastardos a ganarse la vida en las esquinas, alucinaciones sólo posibles en el más profundo delirium tremens o en insondables visiones cerebrales; ideas geniales, sucias, pecaminosas. Jacco Gardner, y ya lo dije en otros lugares, sólo pudo nacer de la costilla de Syd Barrett y si caigo en el lugar común, lo haré: este sujeto no es normal, es un chalado y deberían de tenerlo en un cuarto esponjado vestido con una camisa de fuerza. Este sujeto pertenece a otra época, no estoy seguro si a una pasada o a una futura, pero por eso tiene cosas interesantes que decir. Hay que escucharlo. Alguien que suena así, así, y que nos convence con esa pinta de sonado de que está en lo correcto sólo puede estar en lo correcto. Así que, chica, no me hables más de esos nombres exiguos, de esas canciones insustanciales, de esos ojos mediocres. ¿Sabes? Puedo ver en los ojos de esos idiotas que no dicen nada. Que están aquí por las razones equivocadas. No están locos. No entienden el mundo. Viven en un presente confuso. No sirven para nada. Y, en cambio, Jacco Gardner tiene muchas respuestas. Pero, claro, todos van a ignorarlo. Llevémosles la contraria. Tengamos la razón, chica. Tengamos la razón.

Jonathan Richman & The Modern Lovers, Action Packed. De la recopilación Jonathan Richman Action Packed, 2002.

Si voy a una fiesta, no quiero quedarme sentado. Si la música va a moverme tiene que estar action packed. Un coro que dice too-too-wap-de-wap o too-too-wah-de-wah tiene que ser genial. Porque ahora todos los coros (don’t bore us) quieren ser importantes llenándose de palabras vacías y de acordes artificiosos, pero llenándose. Mierda, pura mierda. Sí, sé que esta canción no es de Richman, pero eso la hace más grande: es del gigante olvidado Jack Rhodes (anota el nombre, chica), un tipo que sabía que la vida era un mojón gigante y apestoso y que lo que valía era hacer oro de la mierda. Y disculpen por no elegir una canción de Richman sino sólo interpretada por Richman pero es que esta, cantada y tocada por Richman, es el epítome del rock and roll, el viejo wokandwoek, la Gran Idea, el cénit del ritmo y la palabra. Es cierto que tanto Rhodes como Richman (grandes erres) tienen cosas mejores, más destacadas, más complejas, pero esta me emociona. Listo. Y con esta conocí a Rhodes y a Richman. Si no es suficiente, deja de leer. Ya establecí que esto sería arbitrario; al final, escribo yo y tú deberías de hacerlo (de hecho, sigo esperando, cruzo dedos cada que entrego mis textos al periódico, para que llegue alguien y hable más fuerte, más elocuente y con más razón, por favor; ¿dónde están, jovenzuelos? ¿No están leyendo? ¿Siguen en Facebook? ¿Siguen riéndose de los idiotas memes? ¿Siguen viendo el mundo desde una pantalla cuando se puede ver en vivo?) Y si vas a escribir, por favor, comienza escuchando esta canción. Porque si la música pop va a moverme, tiene que ser action packed.

Rodriguez, I Wonder. Del LP Cold Fact (Sussex, 1971.)

Hace varios días vi el documental Searching for Sugar Man. De hecho fui al infecto GIFF (Guanajuato International Film Festival, por Otis Redding, ¿a quién se le ocurrió tan nefasto nombre? ¡ya sé! ¡mercadotecnia!) sólo a la proyección de esta película. El Teatro Juárez le hizo justicia o no sé que si Rodríguez le hizo justicia al Teatro Juárez. El punto es que los asistentes salieron llorando. Con el riesgo de sonar pedante, Rodríguez ya era gran parte de mi vida al menos dos años antes y, aun así, todo me conmovió. Es que no hay historia más pura y genial en toda la música pop. Rodriguez es lo más grande. Y, ya también lo dije, nos toca a todos difundir sus palabras. Hoy me quedo con I Wonder por su letra increíble, por su línea de bajo mortífera, por su ritmo endiablado, por esa guitarra que (como en las grandes canciones pop) sólo toca cuatro acordes: La, una variación de La, Re y Mi. Aprendan, lelos, que así se puede hacer una canción. Pero dejen de imitar y sean. Sean. Sean. Como el gran Sixto Rodríguez, que, 70 años después, no sabe otra cosa que ser. Aparentar se acaba y un gran porcentaje de nuestra música pop va a acabarse pronto. Pero no es tarde, menda, para decirte que estás haciéndolo todo mal. Para decirte que nos hables de ti. Para decirte que, hey, eres importante. Y que no te dobles ante nadie. Que seas terco. Que seas Rodriguez. Me pregunto qué pasará después. I wonder. Respóndeme.

C/S.

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