Los clásicos serán siempre modernos.

dexysSoar

Publicado originalmente el 15 de junio de 2012.

Los discos más calientes de la temporada son de artistas que vivieron su cénit hace muchos años. Y que, 2012 al fin, están viviendo un necesario segundo (¿tercer?, ¿cuarto?) aire. Aquí los comentamos para que, lector, no te quedes atrás comentando los insustanciales conciertos de Zócalo o temas así de memos. Abre esos oídos. Libera tu mente y tu culo la seguirá.

The Beach Boys, That’s Why God Made The Radio

El año pasado, SMiLE, la esperada edición oficial del disco perdido de los Beach Boys, rompió todo pronóstico y se convirtió en un éxito. Brian Wilson, la mente maestra de los legendarios ñoños playeros y el compositor pop más reverenciado desde Brian Wilson, ya llevaba trabajando solo muchos años. Tras una serie de negociaciones, aceptó reunirse con sus antiguos compañeros de grupo, Mike Love, Al Jardine y Bruce Johnston (los otros dos miembros fundadores y hermanos Wilson, Dennis y Carl) para retomar una gira mundial basada en la nostalgia y, para justificarla un poco, grabar nuevo material. La verdad, es que el esfuerzo ha valido la pena. Mike Love, el más conservador del grupo ya desde mediados de los 60 cuando se oponía al lanzamiento de Pet Sounds, por fin ha entendido que el surf temprano que siempre defendió palidece (al menos ante el público que compra las entradas y los discos) ante las elaboradas armonías de las canciones más profundas de Wilson. That’s Why God Made The Radio (God de nuevo, Brian) está lleno de ellas. Es una pequeña maravilla. No pedimos otro SmiLE porque no lo necesitamos; de hecho es un disco en el que los Beach Boys suenan viejos: refrescantemente viejos. Sí, es un disco que se nutre del pasado, que recurre a él para todo, pero todo el mundo lo está haciendo de todas maneras y quién más autorizado que cada uno de los Beach Boys para hacerlo. Hay dos o tres temas top, muchas referencias a las buenas épocas de los playeros, a California, al sol, a la playa y es, inevitablemente, un sentido homenaje a Dennis y a Carl. Es todo lo opuesto a Kokomo, qué mierda, para que me entiendan. Ojalá todo el mercado de la nostalgia musical fuese así. Porque es nostalgia que ve adelante. Gracias, chicos. Abuelos. Como sea.

Dexys, One Day I’m Going to Soar

 Con los Dexys (antes conocidos como Dexys Midnight Runners) no puedo ser imparcial. Son uno de mis grupos favoritos de toda la vida, si no el que más, y ya saben cómo es esto de las filias. Kevin Rowland es uno de mis héroes más reverenciados. Me parecen el epítome de lo que una gran banda debe ser y, como Lionel Messi, son unos asesinos de adjetivos porque por más que intento, no puedo describirles con palabras: puras onomatopeyas que no vienen al caso en un texto como este. Y sólo habían lanzado tres discos antes que One Day I’m Going to Soar, todos bajo su anterior nombre. Todos, clásicos subterráneos, Biblias del graduado en underground. Y así seguirán, por fortuna. Ni siquiera el revival noventero de Come On Eileen (vía aquel grupo raro) hizo que Dexys ocupara portadas mainstream. Desde 1985 hasta hoy, Kevin Rowland estuvo ocupado en otras cosas: activismo, travestismo y una carrera solista tan errática como interesante. Pero Dexys necesitaba regresar. Al grupo se le añaden Mick Talbot (el lerdo acompañante de Paul Weller en The Style Council), Jimmy Patterson y Pete Williams. Y, bueno, es, carajo, tantas comas, un disco que he esperado toda mi vida. Porque quería saber qué se sentía esperar un disco nuevo de Dexys. Y aquí está. Y es todo lo emocionante que esperaba. Hay que escucharlo con devoción. Lo dicho: no puedo ser imparcial.

Public Image Ltd., This is PiL

Otros que se ausentaron por largo tiempo, veinte años. Y vuelven justo a tiempo. A John Lydon, es bien sabido, le gusta joder la paciencia y meterse con todos. Pues qué bien cae eso en un mundo farandulero que nos vende pezones destapados como la polémica nuestra de cada día y en el que, parece, los fraudes son la gasolina de la sociedad. Triste. This is PiL es un disco del PiL más clásico, gamberro y desquiciante. Honestidad brutal. Estridente, funky, es un disco de abuelos enojados pateando el trasero de los jovencitos con pantaloncitos ajustados dizque enojados. El espíritu combativo de PiL sigue ahí, sus lemas políticos, su ritmo insuperable (aunque ya no esté Jah Wobble), su música que importa. Es potente, es  La voz de Lydon está intacta, sigue gritando como en sus primeros días con los Pistols y sigue igual de furioso y confundido. No sé si decir que este es un disco de post-punk es lo correcto, pues me parece una etiqueta temporal. Y, bueno, en realidad toda la música de hoy es filosóficamente post-punk. Pero divago. This is PiL es una gran adición al de por sí gran catálogo de los londinenses. Que la insufrible Pitchfork le haya criticado tan mal es demasiado elocuente: es un disco anti-catetos, nada digerible para los mal llamados hipsters porque es un disco muy consistente y sustancioso. No está como para que se hagan camisitas y chapitas, no hay hits radiales, no hay consignas facilonas. Qué bueno. Precisamente, música de la que necesitamos ahora que el estofado comienza a hervir. A ver si no se sale de la olla. Consejo: ponerse los audífonos, subirle al volumen y bailar.

Patti Smith, Banga

No se puede agregar mucho a todo lo que se ha dicho sobre Patti Smith: reina del punk, activista, literata, sería redundante agregar más. Pero sí se puede hablar mucho de su último disco, que si bien no es un “retorno” como los otros casos discutidos hoy, sí es un álbum al que hay que ponerle atención. Lleno de referencias literarias, es un disco que se escucha como un libro. ¿De qué va? De Américo Vespucio, de Amy Winehouse, de la canción clásica, del terremoto y tsunami de Tohoku, de Bulgakov, de la vieja Norteamérica, de viajar, de meditación, de Gogol. La Smith nunca descansa. Sus últimos años, como muestra, han sido frenéticos: un documental, premios aquí y allá, conciertos por todo el mundo, un libro (Just Kids, sobre su legendaria relación con Robert Mapplethorpe, ya disponible en su traducción al español), un cameo en una cinta de Godard y otro en La ley y el orden, grabaciones de música con sus amigos. Y Banga, referencia directa a El maestro y Margarita, esa tremenda novela en la que el diablo visita la Unión Soviética. ¿Y la música? Una pasada. Uno de los mejores discos del año, ya. A por él.

Bobby Womack, The Bravest Man In The Universe

Hace catorce años que el gigantesco Womack (Cleveland, Ohio, 1944), uno de los cantantes soul más famosos y emocionantes, grabó su último material original. Hoy llega su revival dosmilero de la mano de Damon Albarn, con quien colaboró en 2010 en Plastic Beach de sus Gorillaz y de Richard Russell, responsable del retorno de Gil Scott-Heron el año pasado. The Bravest Man in the Universe es, en esencia, un disco soul como debe ser: letras sobre dolor y calle, canciones intensas que huelen a alcohol y sudor, que sirven para desgañitarse en una pista de baile y para sentirse al menos vivo en una tarde lluviosa y solitaria. Pero, al mismo tiempo, es un disco rabiosamente moderno. Y funciona. Tal vez se echa de menos un poco más del funk sucio en el que Mr. Womack era experto (todos conocemos Across 11oth Street y el que no, no entiendo qué hace andando por ahí tan campante), pero si este regreso a las canchas va en serio, ya llegará eventualmente. Ojalá sea, precisamente, un primer disparo: necesitamos recordar por qué la música era excitante y Bobby Womack era una de esas razones. Esta generación, si quiere ser combativa realmente, necesita de mejor música. Música es mundo, elocuencia, tiempo. Aquí hay un documento importante de introducción a un mundo en donde las cosas se hacen de otra manera; Bobby Womack es otro de esos casos que me gustan tanto, el artista que fue y vino, que hizo y deshizo, que tocó la cima y tocó el fondo, que asumió sus errores y que vuelve para contarlo porque vivió para contarlo. Estamos hablando de un hombre que tocó para Sam Cooke (para algunos, nada insensatos, Sam Cooke es Dios mismo), para Aretha Franklin, para Joe Tex; que hizo carrera en solitario igualando y opacando a algunos de sus contemporáneos, verdaderos tótems, Sly o Curtis para no ir tan lejos. Womack está de regreso. Que se quede.

C/S.

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