El casete de la escarapela.

Publicado originalmente el 23 de marzo de 2012.

Me encontré hace poco con una cinta TDK con una pegatina en forma de diana de la RAF, escarapela que significaba todo entonces y que aún hoy -aún hoy- es una manera muy limpia de poner en un gráfico lo que soy. Y aunque sabía perfectamente lo que iba a sonar, la puse en la grabadora con manos temblorosas y el corazón saltando como James Brown en plena revelación. Yo siempre he dicho que la música no es solamente un vehículo de la nostalgia, pero decir cosas es facilísimo. Ahora sí que fui transportado, con todo lo cursi de la expresión, a tiempos excelentes. No que estos no lo sean, pero aquellos fueron diferentes. Había más movimiento y excitación y delgadez e insensatez e ingenuidad, más diversión inocente y más tiempo para quedarse tirado en el suelo de la casa de U escuchando discos negros que giraban por horas.

Eran otros días. La cinta era un diario sónico de esos días. De esto se trataban:

Telegrama, La Chica del Metro

Esta canción me obsesionó tanto que abría muchas cintas mías y otras tantas que regalé a los panas y a las chicas sonrientes a las que les estallaba el corazón. Para mí, La chica del metro era el mundo entero. Nunca hubo una chica a la que identificase con el personaje de la canción y eso me fascina, porque cada que la escuchaba tenía un rostro y un andar distintos. Pero esa canción era yo. Esa guitarra furiosa y welleriana, ese ritmo endiablado sacude los huesos, esas primeras líneas que significan nada y todo, perfección fonética melódica cru-tho-a-the-ras-por-tiii-deh-jues-ca-le-ras-tras-miii. Quiero encontrarte allí donde te vi. Qué importa que los Telegrama se hayan pasado después al jevi y que antes hayan sido lo que hayan sido. A mi ortodoxias no. La chica del metro es la canción perfecta y se hizo en una de mis épocas favoritas de la historia pop, que por supuesto no viví y que sólo he leído o escuchado en crónicas de segunda mano muy sumergidas en la leyenda, como me gusta, comodebeser.

Georgie Fame, Yeh Yeh

Un standard con todas las de la ley que fue mi himno particular por mucho tiempo. El coro, perfecto, era mi manera de responder ante lo que se me pusiera enfrente: I say yeh yeh, that’s what I say, I say yeh yeh. La escuché por primera vez cuando era demasiado pequeño para entender, la escuché por primera vez otra vez cuando estaba ingresando a ese pedacito de mi línea de tiempo en el que la línea se convierte en una espiral y creo que es una de las canciones responsables de que esto haya sucedido. Si debo culpar a alguien por todo lo que hice durante tres o cuatro años debo señalar a Georgie Fame, ese güero que se atrevió a convertirse en el Whigger de Mailer, ese semi-dios al que todas las almas vibrantes y mentes lúcidas aspiran, antes que todos nosotros lo intentáramos siquiera. Porque hubo un momento de la vida en que lo que yo decía era yeh yeh.

Ray Columbus & The Invaders, She’s A Mod

Pocas veces una canción tan simplona fue tan explosiva. Ray Columbus, neozelandés de ojos saltones, hizo de una canción desconocida de The Senators un hit. Y nosotros, jóvenes, rijosos, impúdicos y alborotados, le seguimos el juego. Él hablaba de una chica indecisa, como cualquiera (basta con seguir asomándose a la ventana para constatarlo), que primero era muy modosa y escuchaba las orquestas melódicas, pero pronto fue seducida por el cuero y las Harleys de los rockers y que, al poco tiempo, se convertía en una mod (¡ay, chicas mod! ¡Ay, chicas mod!) Y, claro, terminaba por dejar al pobre de Ray no sólo con esa mirada de aturdido, sino enamorado y con el corazón roto y, peor, sin un céntimo porque se los gastó todos en ella, comprándole ropa y otros caprichos. Pero acá no hay drama, sino euforia. Un coro ascendente, a tres voces, pegadizo como nada más; una guitarra estridente y cojonuda. ¡Es imposible, incluso hoy incluso hoy, quedarse sentado cuando suena! La chica, por supuesto, cambiará de opinión aún unas quince veces antes de decidirse por sentar cabeza y hacer lo que todos los demás. Allá ella. Yo, aún hoy, soy un mod. ¿Lo dudas?

Los Flechazos, Portadas en el Vogue

Los Flechazos. Un puto himno lleno de referencias que sólo nosotros entendíamos. Una carta en código. Una clave que sólo algunos elegidos podíamos descifrar. No había ritual más sagrado que ponerla a sonar.

Los Negativos, Habitación Realmente Pequeña

De Los Negativos podría caber aquí cualquier cosa. Pero Habitación… fue un increíble singalong en muchas noches. Era, y sigue siendo, la canción perfecta para despertar una tarde de domingo, con la seguridad de estar soñando aún, con ese zumbido en los oídos y el dolorcillo de cabeza señal de que uno está vivo y de que lo vivido fue real. Esas guitarras a lo Byrds son La Vida. La Vida, te digo.

Terry Tonik, Just A Little Mod

Que sí, que es de guasa. Que no, que es real. Qué más da. Una canción entrañable que luego tradujimos y que más tarde se convirtió en completamente otra canción más propia y más blanda, sí, pero, hey, Terry Tonik, qué buenas noches nos diste. No es un tema brillante, vamos, pero tampoco necesitábamos uno. Lo que necesitábamos era brincar. Y, además, contaba una historia a lo Quadrophenia, tongue-in-cheek (aún más) que podíamos cantar en un coro gargajoso y épico. A veces se emparejaba con Uno de los Mods, versión Paco Ruano, que tenía hasta su coreografía imbécil y todo. Al Pato le fascinaba este disco.

Van Dyke & The Bambis, Do The Mod!

A la fecha es el único tema que ubico y recuerdo de este combo con nombre tremendo, pero qué canción. Básica, primitiva, simple, mundana. Yo no pido más.

Tami Lynn, I’m Gonna Run Away From You

Tami Lynn en un show de talentos. Tami Lynn cantando coros en aquel disco francés de los Stones. Tami Lynn viendo, por primera vez, su disco con sello ATCO. Tami Lynn llegando, tarde, al Top Ten con un hit soul que, carajo, no tiene par. Tami Lynn haciéndome llorar. Tami Lynn haciéndome girar. Tami Lynn escondiéndose en una bodega repleta de discos y no dejándose ver. Tami Lynn sonando en una fiesta en la que ya no quedaba un solo ser que pudiese sostenerse en pie. Tami Lynn en tu auto y en tu apartamento, aquellos días en que yo jugaba a Rob Fleming y tú a Marie LaSalle. Tami Lynny su segundo aire. Tami Lynn es leyenda. Tami Lynn perdida en el tiempo. Tami Lynn no grabó muchas canciones. Tami Lynn grabó una de mis favoritas de siempre.

Small Faces, Tin Soldier

Nunca me decidí por una canción favorita de los Small Faces. No pienso hacerlo ni ahora ni nunca. Pero Tin Soldier aparece en demasiadas cintas, muchas más de las que yo querría. Estoy seguro de que a veces ni me daba cuenta de que la grababa. Tin Soldier aparece en muchas listas que hice a través de los años y del universo y la letra de Tin Soldier está garabateada con tinta en varias libretas, con lápiz en los reversos de algunos libros, con sangre en mi cuerpo. Marriott, Lane, Jones, Winston, con PP Arnold, en Immediate, R&B y psicodelia y Swinging Sixties y pop-art y Renacimiento e Ilustración y Romeo&Julieta y el espacio exterior y TheGreatestLoveOfAll todo en una canción. Steve Marriott, ¿cuándo podré escribir una canción como las tuyas?

The In Crowd, Where In The World?

La mejor canción de todos los tiempos. Y termina la cinta.

C/S.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s