Discos que importan: The Raincoats, Odyshape.

Publicado originalmente el 17 de febrero de 2012.

Odyshape es uno de los álbumes más extraños que he escuchado. Eso, por supuesto, es un cumplido.

Las responsables son The Raincoats, un grupo de chicas. Tal vez por eso no se le ha hecho justicia. No sé si este disco hubiese sido grabado por un grupo masculino, pero tal vez habría montones de revistas y blogs que lo sobreadjetivarían y alabarían; o tal vez que sólo lo enmarcarían como el gigantesco álbum, innovador, iconoclasta y desconcertantemente placentero que es.

Así es el mundo. Accidentes como género o nacionalidad o color de piel pueden ser relevantes. Qué mierda.

The Raincoats fue un grupo que surgió con la explosión punk de 1977, formado originalmente por Ana Da Silva y Gina Birch, estudiantes del Hornsey College of Art de Londres. Probaron con varias formaciones (una de ellas con Nick Turner a la batería, antes de partir a formar a los colosales Barracudas) hasta conformarse en una banda de sólo chicas, con la tremenda Palmolive (de las Slits) en la batería y Vicky Aspinall delirando al violín (luego fundaría Fresh Records, pero esa es otra historia.) Un grupo que lucía espectacular y que sonaba como nada. Firmaron para Rough Trade y su primer disco de siete pulgadas incluyó tres pequeños himnos vitales: Fairytale in the Supermarket, In Love y Adventures Close to Home, en 1978.

En 1979 salió su primer disco, homónimo, con versiones a los Kinks, traducciones del poeta surrealista Jacques Prévert (su Déjeuner du matin fue convertido en No looking, seguro por la línea del hombre que se pone su impermeable, raincoat), canciones seminales y un montón de actitud. Uno de los grandes discos del punk, si me permiten.

Palmolive se fue comenzando el 80, pero fue sustituida por Ingrid Weiss. En ese lapso grababan Odyshape, el disco que nos ocupa. Da Silva y Birch se había dedicado, desde los primeros días del grupo, a recolectar cualquier instrumento extraño que se encontraban, así fuesen de juguete. Estaban decididas a utilizarlos en su segundo disco, sólo porque sí. La precisión técnica era lo de menos (¡cuánta sabiduría!) así que entraron al estudio sin siquiera contar con baterista. Improvisaban. Jugaban a hacer reggae y dub. Jugaban a los ritmos africanos y la cosa les salía bien. Jugaban a cada quién canta una canción o un pedazo de la canción y qué más da, divirtámonos. Jugaban a hacer una música caótica y expresiva. Jugaban a Japón y a Londres. Jugaban.

El disco resultó como una action paiting sonora. Incomprensible, pero fascinante. Imperfecto, muchísimo, pero en movimiento. Vértigo en la era del estatismo. Música de verdad. Muy arty, sí, pero muy visceral y callejera, también. Frenética. Rara. Ansiosa. Íntima. Extrovertida. Ruido total. Y real.

Es dificilísimo describir Odyshape en palabras. En apenas tres o cuatro minutos suceden tantas cosas, como en una película de Jacques Tati, y todo es caótico metrópolis. Pero todo tiene un sentido. Las notas caen donde deben caer. Los ritmos, primitivos, no suenan a pastiche ni forzados. No son canciones y sin embargo, lo son. Se me ocurre, pero sólo porque amo meterme en problemas, que es como si niños de parvulario quisieran emular a Can. Así de colorido, así de cacofónico y así de genial. Eso sí, con unas letras tremendamente femeninas, combativas y sinceras (“I’m not glamorous or polished, in fact I’m no ornament, it could be my body shape, I wonder if I’ll ever look right” o “A scar is open, I make mistakes, take me home” o “A beauty only loved at night, at daytime a face full of marks”.)

Como me gusta decir: una pequeña obra maestra.

The Raincoats dudaron hasta 1984 y cada una fue por su lado. Sin embargo, los músicos más inquietos de inicios de los 90 las tomaron como estandarte. Kurt Cobain escribió unas apasionadas líneas sobre ellas en las notas de su Incesticide y convenció al magnate de su disquera multinacional para que les reeditara. No sucedió mucho, pero al menos fue un acto de amor a la música. Kim Gordon, de Sonic Youth, escribió sobre ellas una frase de esas que hinchan el corazón: “Parecían gente ordinaria haciendo música extraordinaria.” No a cualquiera le queda el traje.

Odyshape es uno de los álbumes más extraños que he escuchado. Y creo que, incluso hoy, nada suena igual.

C/S.

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