Mis discos de 2011.

Publicado originalmente el 23 de diciembre de 2011.

No me fascinan las listas que las revistas y los críticos hacen al final de año, pero hay que admitir que algo tienen de irresistibles. Además, jamás se está de acuerdo con esas listas y se está, perdón, pero es que no se ha consumido lo suficiente o que uno está dispuesto a menear la cabeza diciendo sí, amo ante cualquier propuesta ajena.

Como sea, no quiero ponerme pesado. Haré todo lo que odio. Haré una pequeña y errática lista sobre lo que más me ha gustado de 2011. Es una selección totalmente arbitraria, con el único criterio de que son cosas que me interesaron, fascinaron o que, al menos, me gustaría recomendar a quien se deje. No esperen encontrar a Coldplay o cosas parecidas. Por favor.

La lista no lleva un orden jerárquico. Seguramente olvidaré una o dos cosas, supongo que ya tendré tiempo, espacio y oportunidad para rectificar. Y si no, nos vemos frente a unas cervezas para discutir. Ya dije.

The Art Museums, “Rough Frame”.

Ya empezamos mal, pero lo advertí. Técnicamente no es un disco del año, salió en 2010, pero será la única licencia parecida que me permita. Y lo hago porque, carajo, qué bueno es el disco. Deudores de Television Personalities, The Pastels y Sarah Records, hacen un pop efectivísimo con ecos sixties y filo punk. Aunque lo correcto es decir hacían. Porque The Art Museums no existen más. Lástima, porque hicieron de varios días de mi 2011 mucho mejores. Uno para los young soul rebels.

The Ladybug Transistor, “Clutching Stems”.

Este grupo de Brooklyn no sabe fallar. Los chicos de Gary Olson no tienen canciones malas, tanto que es difícil quedarse con una favorita. Luego de cuatro traumáticos años regresaron a hacernos felices con un álbum que debe dejarse correr para poder apreciar entero. No se puede ignorar a un grupo tan bueno. No se puede dejar pasar un disco tan consistente y bonito. Para traerlo en los audífonos todo el día.

Raphael Saadiq, “Stone Rollin'”.

La música negra sigue siendo la gran revolución. Raphael Saadiq hace un ruido vibrante y aparatoso, un soul de vanguardia que raya en la euforia. Lo más clásico de Motown y Stax se cruzan con lo más infeccioso del pop moderno. El viejo rock and roll de Chuck Berry no pierde efectividad en la era digital si está en buenas manos. Con talentos como Saadiq no hay fallo y nos ha regalado un álbum bueno tras otro. ¡A bailar!

The Wave Pictures, “Beer in the Breakers”.

David Tattersall es, y no lo digo sólo yo, un letrista superlativo. Y hacen falta canciones como las suyas en las ondas radiales. Sencillez y contundencia podrían ser dos sinónimos de The Wave Pictures, aunque con estos siempre me quedaré corto. Ajenos a cualquier imposición de modas, su personalidad no necesita de disfraces ni artificios. Aquí, claro, lo que importa es la música. Y es música que importa.

Tom Waits, “Bad As Me”.

Con Tom Waits, el iconoclasta de la voz rasposa, uno siempre sabe qué esperar. Esto no quiere decir que sea predecible, sino que con él jamás se trata de hallar el quid, sino de asistir a un performance en el que un hombre lúcido nos muestra su cabeza y su corazón. Waits sigue haciendo las mismas canciones de siempre (blues de cantina, chanson de cabaré, rock and roll callejero) pero con una convicción que es igual o más grande que su considerable talento. A él jamás hay que perdérselo.

The Black Keys, “El Camino”.

Y sí. Ya pasó toda una década y de todos esos grupos garajeros que buscaban La Próxima Cosa Grande en tres acordes y mucho ruido sólo quedan los Black Keys. Y qué bueno. Siguen con un récord de álbumes buenos uno tras otro y El Camino está dispuesto a superarlos a todos. Wokandwoe sudoroso tocado en instrumentos y equipo vintage, pero con mucha más sustancia, inteligencia y melodía que cualquier otro grupo revivalero. Gracias, chicos.

El Columpio Asesino, “Diamantes”.

Si la lista llevase un orden jerárquico, creo que tendría que subir este a los primeros cinco peldaños. No es sorpresa, claro. Los de Pamplona han hecho las cosas bien por más de diez años y su placa más reciente sólo confirma lo buenos que son. Basados en el pop de guitarras pero utilizando la electrónica como una manera de redondear sus impecables canciones, suenan como sólo ellos saben hacerlo. Un discazo, realmente.

The Roots, “Undun”.

El final del año fue de discos muy esperados. Y un nuevo disco de The Roots siempre será un acontecimiento relevante. El grupo más importante del hip-hop se arriesgó a hacer un disco conceptual acerca de un chico del ghetto, a finales de los 90, que intenta encontrarse sentido entre la droga y la calle y termina mal. Suena moralista, pero con la lírica y la música de The Roots se convierte en un trabajo mayor. La gente que rechaza o no entiende el hip-hop debería comenzar por aquí. Cinco estrellas.

Fountains of Wayne, “Sky Full of Holes”.

Amos del powerpop, Fountains of Wayne son grandísimos inventores de canciones. Tanto que parece fácil hacer lo que hacen: temazos guitarreros con melodías beatlescas, perfectas para bailar o para salir de fiesta. Estandarte de un género olvidado por el mainstream (y mejor así) siguen siendo estandarte del underground y su quinto disco es todo un manifiesto de cómo hacer gran música pop. Si quieres algo refrescante, aquí está.

La Casa Azul, “La Polinesia Meridional”.

Guille Milkyway lo ha hecho de nuevo. El nuevo disco de su ambicioso proyecto pop lo tiene. Si eres lo suficientemente libre de prejuicios como para disfrutar de un colorido coctel de sonidos retrofuturistas, nostalgia electrónica y melodías pegadizas, este es tu disco. Repleto de referencias pop (sonoras y líricas), LCA presenta un trabajo divertido y muy auténtico. Qué bueno que están de regreso.

The Throne, “Watch The Throne”.

Jay-Z y Kanye West son los dos más grandes nombres del hip-hop. Un día se juntaron a hacer un disco como terapia de relajación y les salió esto. No es el mejor trabajo ni de uno ni de otro, pero aún así es un álbum imponente y brillante. Hay más ideas aquí (y llevadas a buen puerto por dos genios) que en discografías enteras de muchos otros grupos que pretenden ser La Próxima Cosa Grande.

East River Pipe, “We Live In Rented Rooms”.

Admito que no es un disco que cambia vidas, pero FM Cornog no puede pasar desapercibido para mí. Lo admiro demasiado y siempre ha respondido con excelentes canciones en tonos menores sobre dolor y purgación. Este año fue para él muy políticamente activo apoyando a los ocupas de Nueva Jersey y nos olvidamos un poco de sus nuevas canciones. Injustamente, porque no tienen desperdicio.

The Beach Boys, “SMiLE”.

Todo un acontecimiento. Después de más de 40 años, por fin se lanzó la versión oficial de SMiLE, el disco perdido más célebre del pop. Usando las grabaciones originales de los Beach Boys y tras un descomunal trabajo de ingeniería, podemos disfrutar de la visión que Brian Wilson tenía de su obra maestra en 1967. Psicodelia y pop barroco para un mundo mejor. Sonreíd, todos.

Seguramente olvido algún disco, así que espero que me lo recuerdes. ¿Cuáles son tus discos de 2011? Sólo por curiosidad…

C/S.

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