Cinco canciones para el weekend (y IV.)

jaguar

Publicado originalmente el 4 de noviembre de 2011.

Van otras cinco canciones para no dejar pasar el weekend con sólo música ambiental. Para la carretera, para beber cerveza, para brincar, para seducir. Apaga la radio un rato. Apaga la tele. Dale algo bueno a tus oídos. Te lo agradecerás.

Van cinco canciones (nunca “rolas”, qué palabra más horrible) para el weekend. Sin orden particular ni jerarquías. Sólo cinco canciones que deberías escuchar.

1. Scott Walker, The Lady Came from Baltimore. Del LP “Scott” (1967.)

Dice un amigo que sólo puede confiar en gente que escuche a Scott Walker. Creo que es una gran filosofía vital. Y es que Scott, el hombre del siglo 30, es un cantante increíble, un artista con todas las de la ley y un tipo modelo. Fue teen idol en su juventud. Después cantó con los Walker Brothers, legendario grupo vocal que se benefició de grandes canciones y de una extrañísima producción wall of sound. En 1967 comenzó a grabar una serie de discos en solitario que todo musicómano debería al menos saberse de memoria. Su primero, Scott, incluye tantísimas grandes canciones que elegir una es casi un sacrilegio. Pero lo haré, que eso de sacralizar se me da mal. The Lady Came from Baltimore suena hoy porque, para empezar, la escribió el gran Tim Hardin. Es una canción inscrita en la tradición de la canción pop: menos de dos minutos, una melodía impresionante, rimas estrictas y la historia, cursi, de un ladrón que se enamora de la dama a la que robaría sus joyas y al final ni se queda con las joyas ni se queda con la chica. Pero Tim Hardin la escribió de una manera que resulta fascinante (hay montones de versiones de la canción, cantada por gente grande, no cualquieras de turno) y Scott Walker la canta con una convicción que conmueve. Es gigantesca. Es una de las canciones pop que debería de servir de rito de iniciación para todos los que dicen amar la música. Por favor, déjate de tonterías y ponte a escuchar a Scott Walker. Me lo agradecerás.

2. Carpenters, All I Can Do. Del LP “Offering” (a.k.a. “Ticket to Ride”) (1969.)

Sí, Carpenters. Sí, esos Carpenters. En serio. Me refiero al dúo de hermanitos de pinta adorable y limpísima que conmovió al mundo en los 70 no sólo con sus canciones sino con sus sórdidas historias (Karen murió prematuramente entre escándalos de anorexia y drogadicción) que han sido analizadas en documentales como el rarísimo, aunque exquisito, Superstar: The Karen Carpenter Story en el que Todd Haynes recrea la vida de la diva (got me!) con muñequitas Barbie. Y es que los Carpenters podrán tener un catálogo con pinta de inofensivo y lleno de melifluas baladas MOR para la radio AM a juzgar por sus recopilados de greatest hits, pero si te sumerges en sus LP’s encontrarás grandes sorpresas. Como All I Can Do, de su disco debut. Es, para empezar, un genuino jazz en ritmo de 5/4 tocado con una fuerza implacable por Karen Carpenter, quien además de gran vocalista era una baterista increíble. Ni un sólo segundo de esta canción tiene desperdicio. Es jazz. Pero también es pop barroco. Y tiene un órgano más groovy que lo groovy. Las armonías vocales (algo que, lo siento, aprecio mucho, línchenme punks) son extraordinarias. ¡Y esa batería! Karen le patea el trasero a cualquier heavy metal drummer, cantando suave y todo. Y, venga, todo sucede en cosa de dos minutos. Deja de intentar escribir esa gran canción. Richard Carpenter ya lo hizo antes.

3. Cheap Trick, Surrender. Del LP “Heaven Tonight” (1978.)

Cheap Trick es un grupazo. Sí, un poco a lo Spinal Tap, nadie puede negarlo. Cutres, peludos, demasiado gringos e indiscutible grupo de culto en Japón (donde les dicen los American Beatles), pero también fabricantes de canciones de primer nivel. Deudores, sí, de la Ola Inglesa de mediados de los 60, aunque también del gran wokandwoe de acento americano con tremendos acordes de poder, la muy bonita y siempre subterránea escena powerpop les debe todo. Sus discos están, por lo general, repletos de himnos adolescentes, guitarrazos memorables y melodías que se incrustan en un cajón de la mente para reaparecer justo cuando comenzamos a ponernos solemnes y adultos. Gracias, Cheap Trick. Por eso no tengo empacho en dejar de escarbar entre lo más oscuro y desconocido de estos garrulos y mejor apuesto por uno de sus hits. Surrender abre su emblemático tercer disco, Heaven Tonight, posiblemente su mejor placa y una de sus más exitosas. La melodía es clásica. Esa guitarra rítmica. Y la letra, interpretada por algunos como un niño descubriendo a sus padres en El Acto y dándose cuenta de que ellos también fueron jóvenes y que también la cagaron en grande alguna vez, antes de hacerse adultos: drogas, sexo y wokandwoe (¡es 1978, los hijos de la Generación del Amor está creciendo y dándose cuenta del mundo!) Otra interpretación es una protesta sobre la guerra. Me quedo con la primera. Y con el proverbial ruido de Cheap Trick. Genios. La versión en vivo del LP At Budokan (1979) tampoco tiene desperdicio. Incluso a veces la prefiero. El estribillo no tiene precio: Surrender but don’t give yourself away. Suena como a filosofía verdadera. Vital.

4. The Sweetest Ache, Briaris. Del LP “Jaguar” (1992.)

Si hoy llegase Rob Gordon (o Fleming, da igual) a preguntarme mi Top 5 de canciones que abren el lado A de un disco, Briaris de The Sweetest Ache sería indiscutible. Hoy, porque mañana quién sabe. De lo que sí estoy seguro es que estos galeses son una parte memorable de mi vida. No sólo estuvieron ahí cuando me enamoré de mi chica, sino también antes cuando sufría por las cosas por las que los adolescentes sufren, whatever that is. Me acompañaron en noches tristes, pero también en noches eufóricas, a pesar de ser tan “pa’bajo” (que diría Javier Morales) y melancólicos. Un gran amigo y yo, cuando éramos más jóvenes, pasamos largas noches etílicas escuchando a The Sweetest Ache y no mucho más. Y al salir a la calle, ya de día y sin dormir, íbamos decididos a vivir esas canciones. Uno de los grupos estelares del fugaz (pero 100% influyente) sello Sarah Records, que ya es decir, The Sweetest Ache siempre hizo honor a su nombre: el dolor más dulce. Su sonido nunca estuvo a la moda. Sus peinados, menos. Aún hoy, son música de anoraks, de outsiders. Pero de outsiders de verdad, no de esos farsantes de los que se vale Converse para hacer sus patéticos anuncios. Su primer disco (de dos) abre con Briaris, una canción que me da escalofríos desde el primer acorde. Lloroso jangle pop para una vida mejor. No apto para cualquier oído. Sólo para oídos finos. Como el tuyo, ¿no?

5. Television Personalities, Part-Time Punks. Del EP “Where’s Bill Grundy Now?” (1979.)

Dan Treacy. Ídolo. Ídolo en coma, I know, I know, it’s serious. No sé qué sería yo sin los Television Personalities, sin ese errático grupo que ha comandado Dan Treacy desde finales de los 70 haciendo música que importa. De esa de dos acordes en una guitarra estridente y un tambor y una voz desgarrada por la resaca de la noche anterior. Deudor de la psicodelia SydBarrettiana, de lo más oscuro del Swinging London y del espíritu subversivo del punk (que Treacy trascendió con un poco de humor y un mucho de referencias pop), este loco ha creado algunas de mis canciones favoritas, como Part Time Punks¸ que es tan básica y tan corrosiva que es imposible no amarla. De nuevo vienen a mi imágenes de mis panas brincoteando totalmente intoxicados por no sé qué y logrando, por ende, cantar sólo el coro: La-la-la-la-la-la… la-la-la-la-la-la… Part Time Punks! Qué cracks. Hace unos días esta canción me golpeó en el rostro cuando menos lo esperaba. Estaba jugando a ser un tipo respetable cuando comenzó a sonar en mi cabeza. Hice pogo conmigo (¡toma eso Palahniuk!) y me puse a cantar como si la vida se me fuese en ello. Esta es música vital. No hay otra. Por cierto, lo de Dan Treacy en coma no es broma. La noticia comenzó a esparcirse el 13 de octubre (está claro que no fue una de primera plana) y a la fecha no se ha sabido mucho más. Cerraré este texto con dos frases: Dan Treacy, get well! Mo, get well!

C/S.

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