Mi súper grupo particular.

Publicado originalmente el 7 de octubre de 2011.

Algunas revistas y music fans son muy dados a enlistar a los ejecutantes destacados de algún instrumento y ponerles el sello de “el mejor de todos los tiempos” o cosas así. He estado ahí, tratando de competir, vaso con cerveza en mano y la lengua muy suelta, con otros sujetos igual o más insensatos que yo dando argumentos demasiado babosos defendiendo a nuestro músico favorito. Me da pena, pero qué voy a hacerle.

Eso sí, mucha gente cae siempre en los lugares comunes, por lo que al menos puedo jactarme de que no me impresionan los solos de guitarra, ni la rapidez con que se toca un instrumento, ni nada de esas cosas. Soy gente simple. Bueno, amo el virtuosismo de Coltrane o de Davis o de Mingus o de Joe Pass y me conmueve el falsetto de Curtis Mayfield y la manera en que Brian Auger pasa sus dedos por las teclas de su Hammond, pero sabes a qué me refiero, chica.

Si yo armase un súper grupo (uno de pop trad, con voz, guitarra, bajo, batería), tendría muchos problemas para encontrarle una voz, porque como todo el que se convierte en un pazguato babeante e híper sentimental cuando empieza a escuchar soul (y no somos muchos, creo, creo) podría pasarme horas enlistando gargantas importantes. Así que saldré del atolladero con dos impresionantes voces blancas, sólo porque se me ocurren ahora, chica (si al rato me acuerdo de otro, hey, te despierto para que te los diga), y dos de los años 60 sólo porque sí. Freddie Mercury era la reina, carajo, pero jamás lo enlistaría, te lo digo. Lo siento. Así soy. Quienes sí, esas dos voces gigantes que te digo, son Steve Marriott y Reggie King.

Primero, Marriott, ese pequeñito que no alcanzaba ni el 1.70, voz de los Small Faces, uno de los grupos por los que soy lo que soy. Mi tocayo. Modfather. Con un extrañísimo error fisiológico que al final, resultó un regalo de la naturaleza: una garganta inusitadamente grande que le permitía cantar como todo un soulman, gritando con tanta clase que jamás pasará de moda. Durante los 60 se codeó con el jet set del Swinging London y vivió como un rey; en los 70 decidió que todo eso era una tontería y se dejó crecer el cabello y dio su vida entera al más pantanoso boogie con Humble Pie; lástima que los 80 fuesen un desastre, porque ya jamás encontró su lugar en el mundo y terminó su vida en 1991 consumido por el fuego en su propia casa. Tin Soldier sigue poniéndome la piel de gallina aún hoy. Viva Steve Marriott, la gran voz blanca de los 60…

…si no fuese por Reggie King, que llevaba lo grandioso en el apellido. Líder de The Action, un grupo inexplicablemente menor en la psicogeografía sixties. Lo tenían todo: el sonido, agresivo, nervioso y colorido; el look, impecables mods, glory boys en todo sentido; incluso fueron producidos por George “el Quinto Beatle” Martin. Pero ahí quedaron, para toda la inquieta legión púrpura, como un legado de la época más explosiva del pop. Reggie cantaba con toda naturalidad donde otros parecían forzados, haciendo de sus canciones todo un maldito happening. A pesar de haber sido ignorado por demasiadas chicas gritantes, siempre se comportó a la altura de su leyenda: un dandi fiel a la causa que bebía en su pub local, echaba sesiones de soul por diversión y cuidando que sus zapatos permaneciesen limpios. Murió en 2010 sin ser primera plana pero dejando tristes a los miles de seguidores que había reunido a lo largo de 40 años de clean living under difficult circumstances.

En el bajo no tengo duda alguna. Si bien reconozco los méritos de montones de bajistas por uno u otro motivo (es, debo decirlo, el instrumento que más me gusta tocar pero resulta que siempre hay alguien mejor que yo así que me resigno a hacer el tonto y aporrear una guitarra, además de que los bajistas me parece que tienen un cierto cool) hay uno que, indudablemente, sería mi pick, y lo siento. Se trata de James Jamerson, tal vez una elección obvia pero también inevitable. Bajista de sesión no sólo de Motown, el sello más influyente de todo el pop, sino de cientos y cientos de grabaciones soul y jazz. Criado en la escuela de tocar duro, largo y tendido durante sórdidas noches en clubes de jazz, es de esos músicos de los que puedo escuchar una sola nota y reconocerlo. Shotgun de Jr. Walker & The All Stars sería un excelente ejemplo de su poder, aunque es sólo uno y resulta insuficiente – enlistar aquí todos sus trabajos destacados sería imposible. Su bajeo era melódico, sincopado, envolvente; podía crear una melodía paralela a la de todo lo demás como nadie más. Un maldito genio, un alcohólico hasta la muerte y uno de esos sujetos de los que todos los musicómanos deberíamos tener un afiche en nuestras habitaciones.

En la guitarra tengo muchas opciones también. Amo lo rudimentario de John Lee Hooker y lo sofisticado de Jeff Beck; me decanto casi siempre por el ritmo y blues como el de Freddie King, Bo Diddley (Dios), Steve Cropper, T-Bone Walker y hasta lo rural de Robert Johnson. Pero ahí están también las paredes de ruido de Kevin Shields y Thurston Moore. Amo, sí, a Hendrix a pesar de todo como lo hago con Link Wray y Dick Dale; no me resisto a la furia de Ron Asheton o Tom Verlaine, o Alvin Lee o Joe Pass o Bull Tapp. Incluso Zappa. Un gran problema cuando yo mismo soy guitarrista. Me quedo con dos, por ahora. Uno, B.B. King. Maestro. Le vi en vivo y es la puta leche. Sólo él es capaz de echar maldiciones a la gente con una sola palabra vudú o de bendecirla para siempre con tocar sólo tres o cuatro notas y doblar las cuerdas hasta casi reventarlas, para que a ellas también les duela como a él. Otro, Eddie Hazel de Funkadelic. Un desquiciado. Él mismo era una orquesta y no es decir poco cuando era parte de un combo musical tan fuera de este mundo. Chica, si no has bailado con Funkadelic no has vivido, te lo digo.

La batería, difícil. No son tantos los bateristas carismáticos del wokandwoe, a pesar de su importancia en la música bailable, por eso Ringo y Keef Moon destacan tanto. Los bateristas de jazz sí que me colocan un poco, aunque es demasiado ñoño decirlo. Así que haré la chistosada y escogeré, para mi super group, a un baterista tan conflictivo como genial; tan guarro como visionario. Un sujeto que competía con Gene Krupa hombro a hombro, que tocó con los más grandes y también con los más peludos. Hoy por hoy, sigue siendo uno de los más reverenciados y famosos. Estoy hablando, por supuesto, de Animal, el baterista de los Muppets. Lo puto crack. Pocos músicos tan legendarios como él. I mean it. Qué tipo, creo que lo amo.

No estoy seguro de cómo sonaría mi súper grupo. Creo que sería un desastre. Pero, igual, sería divertido. ¿Tú a quién pondrías en tu súper grupo, chica?

C/S.

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