Es el fin de R.E.M. y me siento bien.

Publicado originalmente el 23 de septiembre de 2011.

Para Rafael, Andrés, Konstantinos y todas esas personas que viven en una sola.

“El ingenio de ir a una fiesta es saber cuándo es tiempo de irse.” Michael Stipe explicó así la disolución de R.E.M. después de 31 años de música gigantesca y también de tropiezos vergonzosos. Irónicamente, creo que muchos estamos de acuerdo en que R.E.M., uno de los grupos claves de la música pop de guitarras, ya apestaba a muerto desde hacía un tiempo. Triste, pero cierto.

R.E.M. nació como un proyecto juvenil en Athens, Georgia, en 1979. Como todas las bandas que importan, surgió de la calentura que se siente al escuchar una canción de la Velvet Underground, de la adrenalina de los guitarreos discordantes de los Byrds y de la urgencia y furia de Richard Hell y Television. Crecieron entre discos de vinilo, clásicos de la literatura en ediciones Penguin y horrible cerveza americana. La formación base siempre fue Michael Stipe cantando (siempre diva, a veces tirándole a lo Boy George y a veces mucho más fino y certero), Peter Buck homenajeando a los Byrds con cada rasgueo de su guitarra, Mike Mills llevando primero el compás y luego siendo uno de los bajistas más imaginativos de toda la música pop y el extrañísimo Bill Berry que, como todos los bateristas, a veces era un histérico y a veces apenas una sombra.

Durante 1980 y 81 giraron por el sur de Estados Unidos, en pequeños establecimientos y en universidades. Mucho se ha romantizado esta etapa del grupo como parte esencial de la insurgencia de la música independiente de la América post-punk. Pura emoción. Para el verano del 81 habían grabado un single, Radio Free Europe, hoy un himno insuperable. En otoño hicieron un EP, Chronic Town. Les fichó, inevitablemente, IRS, disquera independiente que entonces era distribuida por A&M. Grabaron un primer LP, Murmur (1983), que a distancia funciona como postal histórica y como sensacional colección de canciones: el gran vértigo del disco debut. Una pequeña maravilla, todo hay que decirlo. Por supuesto, el álbum no vendió a pesar de que fue reseñado incluso overseas por revistas inglesas que comenzaban a seguirles la pista y de que todos en el circuito de las radios universitarias estaban al pendiente de cada paso que daban.

Siguió Reckoning (1984) con su primer y precioso single So. Central Rain, un adelanto de otro de los mejores discos de los 80 (otro gran sencillo fue Rockville.) Fue grabado rápido en apenas unos días (25 según algunos, 11 según otros), con letras extrañas y un sonido más profundo. En cuanto a ventas, fue mucho mejor. En cuanto a influencia ni se puede discutir: comenzaba oficialmente la gran leyenda de R.E.M., un gran grupo que fue.

Fables of the Reconstruction (1985) continuó con la saga de las canciones importantes, aunque con un importante cambio de sonido. Fue producido por Joe Boyd, el desquiciado psicodélico que durante esos tiempos en que los alocados 60 se convirtieron en los pervertidos 70 grabó a montones de grupos en ácido que cantaban lindísimas sobre la campiña inglesa ataviados en penosas túnicas. Fue, por tanto, un disco mucho más ñoño, aunque igualmente efectivo. Lifes Rich Pageant (1986) seguía mostrando una creatividad importante, siguiendo la tradición de grabar un disco al año, como los grupos que ellos admiraban. Hay canciones sobre ecología, sobre literatura y sobre obsesiones. Otra excelente placa.

Document (1987) fue un pequeño adelanto de los 90. Dos singles fueron clave de la época y de todo R.E.M.: The One I Love y It’s the End of the World as We Know It. Un nombre elocuente para un álbum elocuente. El punto más alto, tal vez, de esa gran banda que fue.

Cortaron con IRS y ficharon con Warner Bros. para Green (1988), el disco que tal vez comenzó la Gran Debacle. Ahí están Stand y Orange Crush, que aún hoy son un obligado en la radio de nostalgia. Pero sucede que muchos seguidores abandonan a sus grupos cuando firman para una disquera grande; aquí, R.E.M. también se abandonó a sí misma.

Aunque Out of Time (1991) fue el disco que llevó a R.E.M. al mundo, también fue un disco mucho menos brillante. Suele suceder. Losing my Religion y Shiny Happy People dañaron seriamente las listas de popularidad, a pesar de ser canciones facilonas y hasta un poco fastidiosas. Con todo, puede decirse que es un disco muy bueno, que inauguró los 90 americanos con júbilo (de ese mismo año son los discos rompedores de Nirvana y Pearl Jam) y que significó, también, los mejores tiempos (si es que los hubo) de la MTV. Automatic for the People (1992) sólo confirmó el estátus de rockstars que habían adquirido, con gigantescos himnos como Nightswimming o el homenaje a Andy Kaufman Man on the Moon, pero también tonadas insulsas como Everybody Hurts.

Pero ya no era lo mismo. La creatividad, por un lado, parecía haberse ido. El sonido se había adaptado a lo que se pedía en las radios. Y aunque nunca dejaron de hacer grandes canciones, sí se notaban más forzadas. Monster (1994), su disco grunge y New Adventures in Hi-Fi (1996) les terminaron de acercar en pose, actitud y hasta en su forma de abordar la música con el U2 más insufrible. El mesianismo nunca es divertido. Up (1998) intentó regresar a sus raíces al mismo tiempo que expandían sus horizontes. Pero para entonces, pocos les creíamos y seguíamos su juego más por todo lo que habían hecho antes que por lo que hacían ahora.

R.E.M. cambió muchas vidas, estoy seguro. Conozco a un sujeto que cuando se enteró de que ya no eran más lloró de pura nostalgia y buenos recuerdos, pero también se alegró porque dejarían de remedarse a sí mismos, de hacer discos malos, como sucedió prácticamente con todos desde el 98. En la escuela teníamos un chiste nietzschiano juanjonesco acerca de los Beatles y los Stones: la diferencia entre unos y otros es que los primeros habían sabido morir a tiempo. R.E.M. debió haberse ido desde hacía ya un tiempo, para recordarles bien, para convertirse en pura leyenda; lástima que cuando los mencionemos en el futuro tengamos que suprimir parte de su discografía reciente, el anti- rock and roll que hacían, la poca diversión que resultaba escucharles en épocas recientes. Si todo va en ciclos, el de Stipe y compañía había terminado hacía ya varios años. Eran como aquella historia del cirquero que, aún después de muerto, salía de gira hecho cadáver porque sus compañeros no se atrevían a salir sin él. Son los riesgos de tomarse demasiado en serio. Así es el mundo: primero lo conquistas y luego él te paga tragándote. Y tú ni cuenta te das.

R.E.M. fue una influencia gigante para muchos: mortales, músicos, artistas pueden citarles como algo importante en su vida. Me consta. Un hurra por R.E.M. Por lo que fueron hace un tiempo. Por lo que quisieron ser después de su primera muerte y pocas, muy pocas veces lograron. Por aquellas grandes canciones, que las tienen a montones.

Gracias por la música. Al final es lo que importa.

C/S.

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