Maravillas del mundo moderno: Tim Hardin.

Publicado originalmente el 9 de septiembre de 2011.

Tim Hardin es uno de los personajes más influyentes de la música pop que importa. Y, sin embargo, sigue siendo uno de los grandes desconocidos, relegados a un tercer plano, un nombre que aparece cientos de veces en letras pequeñas en los créditos de las canciones en discos ajenos, pero cuyos propios discos fueron siempre discretos.

Nuestro héroe, Tim Hardin, no fue un revolucionario, no inventó géneros ni volteó el mundo de cabeza con sus conceptos y sus ideas. No fue cabeza de ningún movimiento, jamás tuvo que evadir masas de fanáticas ululando a lo majara, no era carne de cartel. Pero, eso sí, componía Canciones, así, con mayúscula.

Sus melodías, eso sí, han sido hits tremendos. Desde 1966 han lastimado seriamente las listas de popularidad, asaltándolas por sorpresa, dejándoles inconscientes y quedándose, como cicatrices, en las almas de muchísimas personas con oídos. Pero la fama alcanzó sólo a sus canciones, nunca a él: todos los músicos querían cantar sus canciones. Desde geniecillos visionarios hasta rockstars llena-estadios, las canciones de Tim Hardin sirvieron para inaugurar carreras ajenas, revivirlas, darles un nuevo giro. Era un músico de los músicos.

Personajes como Johnny Cash, Small Faces, Four Tops, Nico, Joan Baez, Bob Dylan, Scott Walker o Rod Stewart recurrieron alguna vez (o dos, o tres) a las canciones de Tim Hardin, nacido en Oregon en 1941. A finales de los 50 se enroló y se fue a Vietnam. Regresó con una mirada más aguda y profunda, pero también con unas ganas gigantescas de más heroína. Comenzó a tocar el blues con una guitarra, ingresó al circuito folk de Greenwich Village (en donde se hicieron Dylan y Baez, por mencionar dos) en La Ciudad Que Nunca Duerme. Quiso estudiar arte dramático y fue echado. Así que mejor se dedicó a tocar viejas canciones de Woody Guthrie, estándares de blues y a intentar componer alguna buena melodía.

Pero sus primeras grabaciones no se lanzaron sino hasta 1966. Antes, se fue de Nueva York, intentó fichar con Columbia aprovechando el boom del folk, en donde también le dieron las gracias y lo pusieron patitas en la calle. Vagó por California, vio e hizo, y se dirigió una vez más a La Gran Manzana en donde, por fin, pudo lograr un contrato con Verve, mediante su subsidiaria Forecast que se especializaba en folk y música de raíces.

Su primer disco se llamó Tim Hardin 1. El segundo, de 1967, Tim Hardin 2. Así de sencillo todo, incluso los arreglos de las canciones. El hombre, su voz, su guitarra y no mucho más. Pero resultaron tan impactantes para algunos oídos inquietos que comenzaron a ser grabadas por otros artistas. Al final, las melodías de estos dos discos seminales se convertirían en estándares pop, puntos rojos en el mapa de la música del XX, paradas obligatorias en el camino.

Reason to Believe alcanzó las listas en voz de Tim Hardin en 66. Rod Stewart la haría un hit en 1971. Pero también hay destacadísimas versiones del gigantesco Billy Bragg, el heroico Paul Weller, la belleza sixties Marianne Faithfull, los ñoños de Gary Lewis & The Playboys, esa anomalía llamada Carpenters, el rancherón Glen Campbell, el gas clásico Mason Williams, los holandeses Brainbox y el locuaz Ron Sexmith (y creo que aún estoy olvidando a alguien.)

En 1 están también las preciosas Don’t Make Promises (luego versionada por la diva Helen Reddy, por Bobby Darin, el Kingston Trio, Ricky Nelson, los entrañables Three Dog Night y mi favorita, con Paul Weller ya en los inicios del XXI) y Misty Roses (que también fue grabada por Astrud Gilberto, Sonny Bono & Cher, los folkitos de The Youngbloods y de nuevo Bobby Darin.)

De It’ll Never Happen Again recuerdo una excelente version de The Dream Academy (¡mellow gold, chica!) y Never Too Far fue cubierta por Gandalf, ese extrañísimo grupo de voladísimo rock progresivo. How Can We Hang On To A Dream? funciona también en manos de The Nice, psicodelia dura late-sixties y de los legendarios Echo & The Bunnymen. Pero Smugglin’ Man y Green Rocky Road y While You’re On Your Way y Part of the Wind son también destellos de genio, puro genio. Un discazo, y no es el mejor de Tim Hardin.

Mi favorito es Tim Hardin 2, que incluye el trancazo If I Were a Carpenter, una de las canciones más versionadas de nuestro gran compositor. La versión que llegó alto en las listas fue la de Bobby Darin, pero los Small Faces y los Four Tops tienen las más molonas. Otras que no se quedan atrás son las de Johnny Cash, The Nice, Ramblin’ Jack Elliot, Leon Russell, Doc Watson y Joan Baez (que cambia la letra para cantarla en segunda persona.) Hay otras de Bob Seger, la niñata de Robert Plant, la otra niñata de Rod Stewart y aquí en México la hizo Roberto Jordán con una traducción hilarante. Disculpe lector si me olvido de alguna otra versión nacional, justo ahora entre tantos nombres sería fácil resbalar.

Red Balloon, una canción drogota donde las haya, fue rehecha sensacionalmente por, de nuevo, esos pequeñuelos impresionantes llamados Small Faces y de muy buen modo por Kula Shaker ya en el cambio de siglo. The Lady Came From Baltimore es una joya épica que Scott Walker rehizo y está como para ponerse a llorar de pura emoción (Lloyd Cole, el de los corazones rotos, y Joan Baez también lo hicieron muy bien; también la grabó el entrometido de Bobby Darin, que hizo carrera a costa de Tim Hardin como ya se puede notar.) Otra que grabaron Scott Walker (qué grande) y Paul Weller (qué grande) es Black Sheep Boy y Weller mismo hace homenaje a Hardin en su debut con The Style Council llamando el single Speak Like A Child, como la canción que aparece en este disco (aunque no es la misma, sólo son tocayas.) Por si fuese poco hay himnos del calibre de You Upset the Grace of Living When You Die, It’s Hard to Believe in Love for Long y See Where You Are and Get Out. Hay agradecimientos a sus héroes como en Tribute to Hank Williams y un montón de emoción y lágrimas y taquicardias a lo largo del disco.

Hay más Tim Hardin, por supuesto, pero nos quedaremos hoy con esos dos discos. Siguió grabando hasta 1980, cuando la adicción acabó con su vida. A ver si Tim Hardin se vuelve un mito, como sus canciones. Ojalá no tarde mucho. Este hombre se lo merece. Nos ha regalado canciones que nos han hecho felices.

C/S.

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