Discos que importan: Sly & The Family Stone, Stand y There’s a Riot Goin’ On.

sly

Publicado originalmente el 12 de agosto de 2011.

Sylvester ‘Sly’ Stone debió regir el mundo. Estuvo a nada de hacerlo y asumir el trono de genio entre genios, pero en cambio se sumergió en un sórdido mundo de aislamiento, drogas y oscuridad.

Nació en 1944 en una familia texana religiosa que le enseñó la música. Desde muy joven cantaba gospel y se unió a un grupo de doo-wop. A inicios de los 60 se hizo DJ para una estación en San Francisco, programando la música de la invasión británica y su contraparte americana, siempre eligiendo lo mejor, sin prejuicios. En esa misma época fundó un grupo, Sly & The Stoners, que serían el embrión del gigantesco grupo que seguiría: Sly and the Family Stone, que quedó conformado así alrededor de 1967. Lanzaron dos discos extraordinarios, pero que no tuvieron mayor impacto fuera de California.

La Family Stone, grupo y comuna, hacía honor al nombre. Como una verdadera familia, era un barullo de ideas provenientes de las menores mentes y manos negras, blancas, amarillas, rojas, cafés, femeninas, masculinas; un conjunto realmente integrado. Era un brainstorm constante, con tantas técnicas musicales distintas como ideas y puntos de vista. Sly sabía hacer que todo se cocinase de la mejor manera. Y entonces surgió ese sonido que alguno calificó de punto de partida para la nueva música negra, dividiéndola en antes y después de Sly y su Family Stone.

Era cuestión de tiempo para que algo realmente grande sucediese. Y eso fue Stand! un disco que es, posiblemente, el punto más alto de Sly and the Family Stone. Desde el single adelanto, Everyday People, había un penetrante tufo a genio. La canción era un llamado a la unión y a la destrucción de prejuicios raciales. Fue un número 1 y debería seguir siéndolo. El disco llegó a las tiendas a inicios de 1969, annus mirabilis. Era una maldita obra maestra. Y cómo no, con canciones como Don’t Call Me Nigger, Whitey o Sing A Simple Song, añadidas a piezas de gran agudeza como I Want To Take You Higher, You Can Make It If You Try o Sex Machine. El mundo estaba a los pies de Sly.

Pero también comenzó aquí la debacle. Como en un mal episodio de Behind the Music, Sly comenzó un tórrido romance con cualquier sustancia ilegal que podría encontrar, dejó de tocar música y concentró su energía en volverse un sujeto decadente. Su disquera, Epic, incluso tuvo que sacar un disco recopilatorio de lo mejor de sus tres anteriores álbumes para mantenerlo vigente en el mercado. Hubo cambios en la formación de The Family Stone, pleitos con los Panteras Negras y demasiados weekends para olvidar. Pero Sly tenía un as bajo la manga.

There’s A Riot Goin’ On fue lanzado en 1971, otra maldita obra maestra. Más lento, pero igual de sustancioso que Stand!, atacó las listas pop pero también se convirtió en un pequeño manifiesto de lucha entre los grupos defensores de los derechos civiles y para Sly mismo y su familia. Es, desde su título, una colección de canciones mucho más agresivas y directas (America Talks To You/The Asphalt, Brave & Strong, Thank You For Talking To Me Africa) acompañadas de los delirios funk marca de la casa Stone (Family Affair, You Caught Me Smilin’, Spaced Cowboy.) Sin duda Stand! y Riot son un double feature sensacional, como El Padrino I y II, en que original y secuela son igualmente buenos, consistentes y emocionantes.

Ambos son discos que destacan en un tiempo en que la nueva música negra estaba creando canciones y discos que hoy, indiscutiblemente, siguen tan vivos como durante esa primera parte de los 70 del XX. Discos importantes, imprescindibles, impresionantes: Curtis (1970) y Superfly (1972) de Curtis Mayfield, What’s Going On (1971) de Marvin Gaye, Hot Buttered Soul (1969) y Shaft (1971) de Isaac Hayes, Pieces of a Man (1971) de Gil-Scott Heron, Everything is Everything (1970) de Donny Hathaway, los trabajos de Mandrill, War, Kool & The Gang, James Brown, los Isley Brothers, Herbie Hancock y la seguidilla de ambiciosos discos de Stevie Wonder (Talking Book del 72, Innervisions del 73, Fullfillingness’ First Finale del 74 y Songs in the Key of Life del 76, que merecen una buena revisión, debo aplicarme.)

Después de otros dos álbumes, Sly salió de The Family Stone y grabó varios discos en solitario. En 1993, Sly and The Family Stone entró al Salón de la Fama del Wokandwoe. Todo su trabajo discográfico es importante, pero esos dos discos ya son parte de la Historia de la Música que Importa. ¿No posees ninguno de ellos? Corre a por ellos. Ya.

C/S.

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