Psicogeografía.

Publicado originalmente el 29 de julio de 2011.

Se insiste mucho en estos días de la Historia de la Humanidad en los valores. Se habla de ellos en las escuelas, en la tele, en cursos, en panfletos. Hay una preocupación por ellos. Y pocos saben lo que significa, pero se insiste mucho en que se necesitan porque el mundo está sin ellos. O algo así, la verdad es que yo tampoco entiendo muy bien.

Se me ocurre, eso sí, que tal vez hablen de principios, de creencias o de convicciones. O algo así; tal vez hablan de Cosas Que Importan, de eso que hace que valga la pena vivir y vivir con los demás y cosas que dan sentido.

Todos tenemos una psicogeografía personal, un mapa al que recurrir cuando estamos perdidos. Siempre hay una clave ahí. Por algo nos gusta lo que nos gusta.

Aquí va un vistazo a la mía, sólo porque sí. Este es mi mapa. Esta es mi vida. Este soy yo.

Woody Allen. Dexys Midnight Runners y Kevin Rowland. Tibor Fischer. James Brown. Otis Redding. Art Spiegelman. Small Faces. Los Beatles y los Stones. The Zombies. Astrud. FC Barcelona. Guardiola, Cruyff. Kevin Pearce y sus Cosas que empiezan por O. Kiko Amat. Los Godards: Jean-Luc en el cine y Vic en la música. Kubrick. Serge Gainsbourg. Douglas Adams y su guía para el autoestopista galáctico. Nik Cohn. Northern soul. Sly. The Libertines, esos grandísimos románticos. Withnail and I. Nick Hornby, aunque no todo, sino especialmente Fever Pitch y High Fidelity. León FC (apoya a tu escena local.) Joseph Losey. Hitchcock, no importa qué etapa. Mel Ramos. Jane Birkin. Belmondo. Guinness. John Peel. Ralph Bahski, especialmente Heavy Traffic y Coonskin. Susan E. Hinton. Stereolab. Mark E. Smith. Billy Bragg. Audrey Hepburn. Coltrane, siempre Coltrane. Miles Davis y Betty Davis. Edward Gorey. Seinfeld. Pasolini. Walerian Borowczyk. Colin McInnes. Richard Hell con sus Voidoids y con Television. Menotti. Cornershop. Bart Mendoza y Manual Scan y The Shambles también. Aki Kaurismaki. The Clash, por la adolescencia. Light in the Attic y Daptone. Kenneth Anger, qué grande. Salinger, porque sí. You’ll Never Walk Alone, para cantarse a la menor provocación. Nick Garrie, Mark Eric, Brian Wilson. Gershwin. Impulse Records con sus lomos iguales. Lalo Guerrero. Baudelaire. Jack Daniels, Beefeater, lo siento, así soy. Leonard Cohen. Montreal. Lee Mavers y sus rabietas. Jesús Franco, especialmente sus Cintas que contienen mucha Soledad Miranda y mucha Lina Romay. Alex Díez y sus Flechazos y después Cooper. V for Vendetta, el tebeo; la película, jamás. Burroughs y Kerouac y Ginsberg, qué carajos. Nas. De La Soul. Dilla. Edwyn Collins y Orange Juice. Vila-Matas. Ecos de Sociedad, repito, Ecos de Sociedad y Javier Morales y la Vieja Ola. Making Time Fanzine. The Creation. Pete Townshend. Los Negativos. Héctor Gómez-Vargas. Bull Tapp. John Kennedy Toole y su Conjura de los necios, lo mejor que existe en el puto mundo. Dadá. The Red Button y su Cruel Girl. El Lambret-twist. Las películas de horror de Hammer. Flint. Bill Hicks, cuánto te extrañamos. Meiko Kaji, quiero morir por tu mano. Christina Lindberg, quiero morir por tu mano. La Velvet con y sin Nico. Nick Drake. The Firm de Alan Clarke. Peter Sellers. Bowie. Ishiro Honda. Las tiendas de discos de vinilo. Weller, The Jam, The Style Council. Charles Schulz, gracias. Jacques Tati. B.B. King, solo porque le vi en vivo y porque le echó una maldición a Tapp. Bill Drummond, Loog Oldham, McGee. Astrud. Wes Anderson. La Modern Drunkard Magazine. Groobeats SoundSystem. Harvey Pekar. Jarvis. Situacionismo.

Así, de memoria. Mi portada del Sgt. Pepper particular. Podría cambiar cualquier día de estos…

Amy Winehouse

Una verdadera tristeza. No sólo tenía una voz entre mil, sino que entendía y vivía la música como pocos artistas de este mainstream nuestro de cada día. Romántica y tonta, Amy Winehouse nos deja con un vacío que es difícil llenar y con una terrible incógnita: cómo sonaría su tercer álbum. Su disco debut, Frank, fue el manifiesto de una alienígena que cayó en Camden y que, sin querer y sólo haciendo lo que tenía qué hacer, libró y ganó una pequeña batalla contra la homogeneidad y el plástico del XXI. Back To Black, su segundo, fue un hit y con razón: grandiosas canciones con un sonido negro y profundo que hoy no es tan recurrente en las insípidas listas de popularidad. Rehab será la canción con la que mórbidamente se le recuerde: una especie de mantra que una vez cantó a modo de broma y que Mark Ronson, su productor y soulmate, le instó a grabar como un exorcismo necesario. ¿Que este final era cuestión de tiempo? Quizás. Pero lo que realmente importa es que se ha ido temprano uno de nuestros últimos románticos. Así lo dijo incluso Ronnie Spector (líder de las Ronettes en los 60, ícono soul) y ella sabe de lo que habla. Ronnie se expresó sobre Amy reconociéndose en ella: no solo en su exagerado peinado beehive, su manera de cantar y su manera de actuar en escena, también en su inocencia y en su vulnerabilidad. Love is a losing game. Txau, Amy.

C/S.

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