Discos que importan: 13th Floor Elevators, The Psychedelic Sounds Of.

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Publicado originalmente el 22 de julio de 2011.

1. Tres bandas se disputan el honor de haber usado la palabra psicodélico por primera vez para adjetivar su ruido. Las tres lanzaron un disco con ese vocablo en noviembre de 1966. Blues Maggos, neoyorquinos, titularon su disco Psychedelic Lollipop. The Deep, de Philadelphia, Psychedelic Moods. Y los tejanos 13th Floor Elevators lanzaron un álbum tan estrepitoso como desconcertante: The Psychedelic Sounds of the 13th Floor Elevators.

2. Además de pelear por el honor de ser El Pionero del Adjetivo Más Sobreutilizado del Pop, el disco de los 13th Floor Elevators cuenta con dos elementos que lo convierten en un pequeño mito del pop: su exquisita portada (inconfundible, icónica, multihomenajeada) y el primer track del lado uno del álbum. You’re Gonna Miss Me fue el único gran éxito del grupo y se ha convertido, también, en canción efigie del rock de garaje y la psicodelia americana de mitades de los 60 del XX. Es un clásico de la música. Es punk antes del punk, es pura lisergia y rabia y desafío y actitud y ruido. No es casualidad que sea la canción que abre la versión fílmica de Alta fidelidad.

3. No puede decirse que The Psychedelic Sounds of the 13th Floor Elevators sea un disco perfecto, pero en parte está ahí su encanto. Es una serie de canciones furiosas, drogatas, sucias; casi todas fueron compuestas (y grabadas, incluso) en estados alterados. Si fuese legalmente aceptable, habría que incluir a la Dietilamida de Ácido Lisérgico (LSD-25) en los créditos de composición. Aún así, no se trata de un disco de divagaciones jipis. Muy al contrario, es un disco de canciones cortas y directas, repletas de guitarrazos garajeros y distorsión, letras gamberras y callejeras, alaridos burroughsianos y fragor. Proto-punk. Hay canciones gigantescas, las hay buenas, pero no hay mediocridad.

4. Posiblemente después de You’re Gonna Miss Me las mejores sean You Don’t Know, Rollercoaster y Reverberation (hay por ahí una versión tremenda de Echo & The Bunnymen.) O tal vez sólo son mis favoritas. Pero tras pensarlo mejor, también están Don’t Fall Down y Splash 1. O Kingdom of Heaven y Monkey Island. El álbum es consistente en su sonido y en sus ideas. Está lleno de chirridos, runrunes y golpeteos; hay, por ahí, un sonido rarísimo que funciona como leitmotiv: un tucutucutú chocante, cacofónico y onomatopéyico que salía de un instrumento que ellos mismos se inventaron y llamaron electric jug. ¿Qué carajos era eso? Era una especie de jarrita, como esa que se usaba como bajo en la música campestre, pero electrificada. No me preguntes cómo hacían. Lo hacían; era su trademark y lo es aún. No podía creerse cuando se les veía en vivo. En alguna aparición en la tele aparecen con el objeto aquel y hay que ver lo jocoso que resultan, una jauría de majaras que se retuercen entre guitarras, tambores y micrófonos… y ahí uno de ellos soplándole a una jarrita con un cable que se conectaba quién sabe a dónde.

5. El personal del disco: Roky Erickson cantaba y tocaba la guitarra. Aún lo hace. Ha girado alrededor del mundo cargando las más sórdidas historias. Adicto, esquizofrénico, alérgico al silencio, lo mismo ha estado en escenarios de prestigiosos festivales que en custodia en un psiquiátrico, en estricta dieta de electrochoques y clorpromazina. Tommy Hall tocaba esa jarrita amplificada y siguió haciéndolo; se ha mantenido psicodélico hasta el día de hoy. Es un loco del ácido y no se puede esperar conversar con él civilizadamente. No bebe, ha contado, sólo se droga. Stacy Sutherland tocaba la guitarra eléctrica, la aporreaba y la hacía chillar. Hizo música hasta el día en que murió, en 1978. Benny Thurman tocó el bajo y el violín. Tenía entrenamiento musical clásico y, desafortunadamente, se retiró de la música muy joven. Trabajó en una oficina de gobierno y murió en 2008. John Ike Walton golpeó los tambores y prácticamente cualquier cosa que se puso en su camino. Siguió trabajando en Texas y su intención es permanecer allí. Cinco sujetos pueden hacer demasiado ruido cuando se les da instrumentos y una habitación para tocar…

6. The Psychedelic Sounds of the 13th Floor Elevators no es un clásico canónico, pero sí que ha sido influyente. Y cómo no. Es el epítome de una etapa drogota, pero también una puerta hacia todo lo malo que siguió. Es un disco más bien violento y la característica que sí comparte con el jipismo más profundo es la irresponsabilidad. Es una gran muestra de esa música marginal que dio grandes (y breves y aparentemente efímeras hasta el revival y las reediciones) obras maestras del pop. Es un disco que muestra esos otros años 60 en que el buenaondismo era una utopía bastante babosa. Es un disco que, aún hoy, suena sucio y amenazante. Es un gran disco de rock and roll. Eso basta.

C/S.

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