Discos que importan: Le Mans, Aquí vivía yo.

Publicado originalmente el 22 de junio de 2011.

A veces las canciones de amor no lo parecen. A veces las canciones de amor son como los actos de amor, sangrantes y cotidianos, heroísmos que casi no se notan. Hay demasiada canción de tarjeta de felicitación por ahí suelta.

Hay un gran disco de amor (y de pérdida y de dolor y de nostalgia y de días brillantes) y se llama Aquí vivía yo. Tu disco favorito, lo insinuaste alguna vez. De un grupo misterioso y mítico llamado Le Mans. Un disco milagroso, maravilloso, emocionante. Deberíamos de escucharlo juntos más seguido.

No sé si sepas, porque a veces esas cosas no te importan, que este grupo de San Sebastián (como esos otros donostiarras que amas, Family) antes se llamaba Aventuras de Kirlián. Este grupo se formó a finales de los 80, cuando todo el mundo quería hacer música en España porque había muchas cosas que decir. Grabaron varias maquetas y todos los que les conocían, supongo, hablaban de lo bien que sonaban. Y cómo no, si pasaban sus tardes escuchando a los Young Marble Giants (¡otros de tus favoritos! ¿te suena Music for Evenings?) y a los Talking Heads y todas esas cosas emocionantes que salían de Sarah Records o de Cherry Records. Y, por supuesto, montones de discos de Motown.

Tampoco sé si hayas escuchado antes los discos que preceden a Aquí vivía yo (Elefant, 1998). Le Mans (1993), Entresemana (1994), el mini-LP Zerbina (1995) y el otro clásico, Saudade (1996.) Seguro te gustarían. No tanto como éste, tu disco, pero deberías de escucharles. Te van a hacer feliz.

Aquí vivía yo salió en 1998 y fue el último suspiro de Le Mans. De hecho, ¿recuerdas?, salieron dos maxi-singles antes. Mi novela autobiográfica (una de tus canciones favoritas) y Yin Yang (una de mis canciones favoritas) fueron lanzadas antes que el álbum, como un doble adelanto musical y de intenciones: las portadas de uno y otro contenían sólo las letras F e I. El LP, por cierto, tenía en la cubierta una letra N. Juntas: F-I-N.

Pero entiendo por qué no te importa todo esto y sólo quieres escuchar la música, sin pensar. Disculpa por no callarme, por estar siempre hablando, intentando explicarlo todo. Yin Yang, supongo, cabeza y corazón. Tú sólo quieres volar, yo sólo quiero entender.

Y es que Aquí vivía yo es un disco precioso. Es poesía. Es Os Mutantes y Astrud Gilberto, pero también Nick Drake y Love; es Burt Bacharach y es el Charles Mingus más salvaje; es Orange Juice y The Sweetest Ache. Es, de hecho, el dolor más dulce. Como la vida, como el amor (una frase que suena a canción cutre de Eurovisión; pero perdóname, ahí está otra vez mi cabeza inmiscuyéndose en donde no le llaman.) Aquí vivía yo es prozac y es dexedrina, de llorar y de ponerse a brincar de júbilo. Es contemplativo. Es un disco de viajes en el auto y de noches difíciles, de estar allí aunque haya rabia y de tirarse sobre la cama a practicar nuestro deporte favorito: mirarnos y hablar y no levantarse jamás. Es, claro, un disco que arruina las fiestas porque es lento y complejo y te obliga a escucharlo; vayamos a arruinar guateques, que a veces también toca, para poder caminar tranquilos por ahí sin necesidad de llegar a alguna parte, sin mirar el tiempo, sin cuidar los pasos de baile. Es un disco que deberíamos compartir más (tú un audífono, yo otro), aunque ya lo hemos hecho demasiado en tardes en que, tú en tu lugar y yo en el mío, lo hacemos girar al mismo tiempo sin darnos cuenta. De eso se hace la vida. La vida que nos importa, al menos.

Por eso es un disco lleno de canciones de amor. De dolor. De gris. Si he de dejarte de llamar […] si evitas la casualidad de nuestro encuentro […] lloraré para siempre como llueve este otoño, tormentoso. Y esa trompeta… Buenos días, corazón, yo no te sé consolar; bajo un rayo de sol me siento a oírte llorar. Y esas guitarras… ¡Ay qué triste estoy! […] No sé dónde están el solaz y consuelo que acompañen tanta pena. Y esa voz… No me hace ilusión la vida formal, la revolución ni el materialismo. Ahí estamos nosotros. Aquí vivía yo.

La novedad tampoco es novedad. ¡Qué pesadez! Aquí no hay estridencias, por eso es tu disco favorito. Aquí no hay rabia, porque eres demasiado sabia para eso. Aquí hay pura nostalgia literaria, canciones de amor que piden acabar con los puentes de desmesurada altura (con la amargura del final), lujuria por la vida disfrazada de desencanto, el existencialismo a ultranza de un órgano Hammond y lucidez disfrazada de pesimismo negro. Todo va mal: el fin del siglo, el fin del mundo. Pero no se nos ha acabado el mundo. No aún.

Por eso te regalé Aquí vivía yo. Te regalo todas esas canciones que yo nunca pude escribir. Algún día lo lograré.

A veces las canciones de amor no lo parecen. Por eso hay que aguzar ese oído. Seguiremos encontrando nuestras canciones en parques (vayamos más a columpiarnos), en los gritos que se escuchan de la calle desde tu habitación, en cines y en los malos restaurantes de los jueves. Seguro que encontraremos alguna nueva.

C/S.

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