Discos que importan: The Roots, Things Fall Apart.

roots
Publicado originalmente el
20 de mayo de 2011.

La música negra gobierna universos. Los crea. Los modifica. Los destruye. Es la música que echa raíces y riega semillas por todos lados; es como un dandi irresistible que va dejando hijos por todos lados, hijos que (en muchos casos, no en todos) se convertirán en gente que lo vale. Algo así.

Un rápido recorrido por la historia de la música popular nos dará la razón. De Blind Blake a Chuck Berry, de Robert Johnson a BB King, de los campos de algodón a los spirituals, de Big Mama Thornton a Aretha Franklin, de Billie Holiday a Erikah Badu, de Smokey Robinson a J Dilla, de Isaac Hayes a Busta Rhymes, de Louis Armstrong a Miles Davis. Y un largo etcétera que nos llevaría la sección entera del periódico.

El ritmo y el desafío, incluso cuando la música negra cayó en su Gran Pecado (según Nik Cohn) de convertirse en un entretenimiento inofensivo para blancos, ha sido su común denominador. Hacer bailar y decir verdades ha sido una consigna implícita de esta música que en algún tiempo era censurada y que hoy, de un modo o de otro, está incrustada en el mainstream de un modo inevitable, dominándolo para bien y para mal.

Con el surgimiento explosivo del hip-hop, nacieron también distintas propuestas. Resultó una música/poesía importante y democrática, a la mano de cualquiera con talento y virtudes técnicas. El sampleo se convirtió en piedra de toque de una música callejera y agresiva, una definitiva mejora conceptual del punk rabioso.

Pero también está el hip-hop que no se debe al sampleo, sino al trabajo como un grupo tradicional, aunque llevado al extremo de su cultura. The Roots son el ejemplo más célebre. Formados a finales de los 80 en Philadelphia (en el Mapa de la Música hay una estrellota sobre Philly), estos genios comenzaron a mezclar toda la música que les gustaba para crear algo muy parecido al arte. Jazz Blue Note e Impulse!, soul de todo mientras fuese bueno, Philly songs, funk chamagoso, Música Importante, para no sólo recitar su poesía urbanita sino para hacer canciones-monstruo y echarlas al mundo, a ver si entendía un carajo.

El grupo comenzó llamándose The Square Roots, siempre muy adecuado para su approach sofisticado, aunque casi científico, hacia su música; lo acortaron a The Roots, que al final resulta mucho más coherente. Las raíces: lo que se queda y lo seminal, la vuelta a empezar, el nacimiento. Grabaron y giraron. Fueron a Europa. Más tarde, les firmó una transnacional. Los oídos finos sabían que algo estaba por suceder, algo grande y bueno. Lanzaron dos discos. Participaron en Lollapalooza, que no era su público, pero igual le conquistaron. Parodiaron el hip-hop y sus clichés en videoclips. Se volvieron famosos. Y llegó Things Fall Apart. Una disculpa por la elipsis tan violenta.

Pero es que Things Fall Apart es el BUM, la explosión, ese momento en que empezó el nuevo siglo, y eso que era aún 1999. The Roots debieron dominar el mundo, que estaba muy ocupado aún diciendo “ok computer” y tonterías así. Y es que es un disco que, carajo, no necesita entrar a sesudas listas de Lo mejor de un crítico de oídos tapados por tanto engaño.

Things Fall Apart es formidable, emocionante, muy negro, pura poesía, uno de esos artefactos-pop que es obligado para cualquier colección de discos, posiblemente las galerías de arte más democráticas (y de arte más democrático). Toda la fuerza de The Roots, con esas influencias tan contundentes, dio como resultado una seguidilla de canciones increíbles, que funcionan tan bien solas como en conjunto. Es decir, son puro pop (inmediatez, ritmo, golpe) pero también parte de una obra con pretensiones. Y también funciona. El Black Power, la furia del rap, Malcolm X, Spike Lee, los derechos civiles, el ghetto, todo eso está ahí con el soul, la esperanza, la lujuria del ritmo, la suavidad del jazz, el brincoteo del funk. Algo así no puede fallar.

Producido por el colectivo The Soulquarians (que servía como cuartel a Common, D’Angelo, Erykah Badu, Mos Def y a ese demi-dieu llamado J Dilla, entre otros), Things Fall Apart es un disco casi perfecto, indispensable, mayor. Contrapunto necesario del rap gansta, es un disco revolucionario no sólo por su música impactante (un poco de funk aquí, otro de modern jazz acá.)

Desde la cubierta del disco, la declaración de intenciones era contundente y ruidosa: originalmente, había cinco versiones distintas de portada, destacando una que reflejaba la lucha por los derechos civiles en Bedford-Stuyvesant, Brooklyn, y su dramatismo. Esto es desafío, no juegos de palabras.

C/S.

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