Corin Ashley en el Brill Bedroom.

Publicado originalmente el 3 de junio de 2011.

Mientras todo el mundo está ocupado discutiendo a la sujeta de los vestidos extravagantes (un producto más, ahí no hay desafío, créanme) y a los mismos grupos de siempre (chica, cómo vas a confiar en ellos si usan spandex), hay geniecillos que no desperdician su tiempo. En cambio, escuchan montones de discos, se vuelven medio locos y hacen ellos mismos un disco o varios. Mientras la radio y la tele nos marean con la misma canción, estos majaras hacen veinte o veinticinco nuevas que relativamente pocos escucharán.

Como Corin Ashley.

Corin Ashley es un obseso de Boston que durante los diez años anteriores tocó el bajo (estrictamente Hofner) con The Pills, combo powerpop, girando por Europa, Estados Unidos y Canadá. Nunca rompieron las listas, pero tienen el (dudoso) honor de aparecer en Dawson’s Creek (meh) interpretando Spork. De pinta modernista y de ritmo ansioso, The Pills siempre fueron un grupo entrañable y emocionante, a pesar de ser tan derivativo.

El grupo se rompió hace poco y Corin Ashley no soportaba vivir en el mundo real de oficinas y fábricas. No sabía hacer mucho más. Así que se puso a hacer música. Es lo único de lo que hablaba, lo único que le importaba. Un gran tipo.

Si te lo encontrases en la calle, jamás imaginarías que es un sujeto con tanto talento y sensibilidad melódica. Y es que Corin Ashley es un tipo tosco, grande, más con pinta de leñador paulbunyanesco que de ferviente admirador de Harry Nilsson, los Beatles y el pop californiano de mediados de los 60. Sí, lleva un peinado moptop y viste impecablemente (Ben Shermans, zapatos puntiagudos, elegantísimas chaquetas), pero a simple vista podría pasar por un gamberro de bareto en Massachusetts; ya viéndolo y escuchándolo con detenimiento, uno se da cuenta de que es una especie de Brian Wilson medio barbudo, delirante y sensible. Tanto que se construyó un estudio casero a su habitación, a la que bautizó Brill Bedroom en un acto de nerdez y romanticismo extremos.

Y es que el Brill Building es una leyenda del pop. Era un edificio de oficinas en la calle Broadway, en el corazón de Manhattan, en donde se crearon algunas de las mejores canciones de todos los tiempos, ya que en él (y en un edificio de la calle contigua) trabajaron compositores como Carole King y Gerry Goffin, Burt Bacharach y Hal David, Tommy Boyce y Bobby Hart, Ellie Greenwich y Jeff Barry, Jerry Leiber y Mike Stoller, Barry Mann y Cynthia Weill, Neil Diamond, Phil Spector, Doc Pomus y Mort Shuman, Laura Nyro, Neil Sedaka… al mismo tiempo y con las mismas ganas. El Brill Building sirvió, durante la época del Swing, como oficina de publicación de música impresa, para evolucionar a finales de los años 50 en máquina de hacer hits.

Imagino, chica, a Corin Ashley encerrado en su Brill Bedroom, su habitación realmente pequeña, componiendo y grabando canciones. Inspirado por los primeros discos de McCartney, Badfinger, Burt Bacharach, Roy Orbison y Roger Nichols, grabó catorce canciones en un Otari MX 5050 ½”, totalmente análogo, con un consola de ocho canales y dos micrófonos. El resultado fue Songs from the Brill Bedroom (2006), un álbum íntimo y beatlesco, cálido y palpitante. Sonidos early-seventies, calidez Nilssoniana, Songs… es una declaración de amor a la música. No es un disco fácil de conseguir, pero seguro estremecerá tu mundo. Es un gran regalo, por ejemplo, a alguien a quien quieras mucho. ¿Mis favoritas? Gin and Panic, File Me Under Regret (que me recuerda un poco a Smile a Little Smile For Me de The Flying Machine), Little Runaround, Ladybug (un flirteo con la psicodelia), Your Moment of Weakness (con notoria influencia harrisoniana, All Things Must Pass), el homenaje For Roy Orbison y la extraña version con ukulele de Daddy’s Song de Nilsson, hecha famosa por los Monkees en la cinta Head.

En 2008, cuando surgió la noticia que los legendarios estudios Abbey Road en Londres serían vendidos y demolidos, Corin Ashley se apresuró a realizar su sueño de grabar allí. Por fortuna, los estudios sobrevivieron y nuestro héroe pudo grabar también en el mismo lugar donde sus adorados Beatles (y mis adorados Zombies) inmortalizaron sus canciones. Dos temas originales, Badfinger Bridge (qué belleza) y Second Hand Halo fueron los que Corin Ashley decidió grabar en esas sesiones, acompañado de un equipo all-stars: Ken Stringfellow (de The Posies), Martin y Rob de los Boo Radleys, Edward Ball (TV Personalities) y Charlie Francis como productor (Wilco, High Llamas, R.E.M.) El disco, The Abbey Road Session (2010) fue editado en un impecable disco de vinilo azul de 7” por los españoles Elefant Records. A por él.

Corin Ashley sigue haciendo música, aunque no se ha editado más. Toca en vivo en donde le dejen, solo o con su grupo The Dirty Ticket. Escribe una columna musical en The Big Takeover y aparece ocasionalmente en la radio para discutir sobre música y poner sus canciones favoritas y sus más recientes descubrimientos. Lo dicho, Corin Ashley es un gran tipo.

Abel Membrillo.

El miércoles por la tarde falleció el locutor y músico mejicano Abel Membrillo. Seguramente recordado por ser la voz de Televisa Deportes y la voz-off de cierto programa de seudo-comedia que no mencionaré, también fue locutor de Rock 101 y Radioactivo. Fue frontman de dos proyectos musicales desquiciados, Los Nena (rock hecho a mano, ruidosísimo y sardónico hasta decir basta) y Comando Groovy, que también tenía lo suyo. Tenía 40 años. Me parece que era un gran tipo también y así lo confirman amigos suyos. Una lástima.

C/S.

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