Cinco canciones para el weekend.

Publicado originalmente el 15 de abril de 2011.

Los listados de cosas son no sólo una afición (¿obsesión?), sino una manera muy práctica de hacer mapas de lo que hay en la cabeza. Da Vinci hacía esquemas y pintaba, Roky Eriksson gritaba letras incomprensibles mientras rasgueaba su guitarra de un modo no menos raro, Woody Allen escribe la misma genial película una y otra vez. Yo hago listas. Soy un personaje menor en este filme de la vida, así que yo sólo consumo lo que otros hacen y luego hago listas. Es mi particular manera de Creación.

Disculpad, pero hoy la cosa va de listas. Cinco canciones para el fin de semana. Audífonos puestos. Volumen al 11. Play.

Wire, “12XU”. Del álbum Pink Flag, 1977.

“Saw you in a mag kissing a man, smoking a fag, kissing a man” es la letra [casi] íntegra de este bombazo de Wire (el coro sólo dice “got you in a corner”), una de las canciones más excitantes de todo el pop. Este es un grupo punk, arty, situacionista, importante, de esos esenciales en toda playlist que se respete. Toda habitación teenager debería tener un afiche de Wire en la pared. Son tan fundamentales como los Sex Pistols, pero el tiro iba por otro lado, más por las canciones, la atmósfera y el discurso que por la provocación escupidora. Londinenses y arrogantes, Colin Newman, Graham Lewis, Bruce Gilbert y Robert Gotobed muestran aquí no sólo su sequísimo sentido del humor, sino su negrísimo sentido del ritmo en una canción tan minimalista que hace ver a los White Stripes como un grupo de rock sinfónico. Mike Collins, alma y cerebro de dos de mis grupos favoritos (The Gories y The Birtbombs) cuenta que una vez fue a un gig de Wire y que mientras sonaba 12XU había un grupo de negros bailando twist con desenfreno. Así de gigantesca es esta canción.

Dave Berry, “The Crying Game”. Del album Dave Berry, 1964.

El de Sheffield se hizo grande en los exagerados 60 cantando macizos temas R&B y baladas pop tan plañideras que podrían ponerle a competir con el visir del llanto, Johnny Ray, aunque à la mod. The Crying Game fue una de estas canciones. Compuesta por Geoff Stephens (cuyos hits sixties iban desde el lelísimo bubblegum de Winchester Cathedral y hasta el pop discordante a lo Sorry Suzanne, pasando por grandilocuentes baladas como There’s A Kind of Hush), fue llevada hasta el Top-5 de las listas por un Dave Berry enclenque y pálido que en sus presentaciones para televisión cantaba detrás de una especie de biombo. No dejarse ver era el secreto. A veces, también, usaba las solapas levantadas para cubrir su rostro o pedía que el set no se iluminara tanto, para cantar entre penumbras. Chillona e irresistible, The Crying Game es una canción tan dramática como lo sugiere el título, un exitazo que hacía que las mamás quisieran adoptar al pequeño Dave y las chicas caían a sus pies. “One day son I’m gonna tell the moon about the crying game.” Boy George se hinchó (de dinero) en 1992 con una versión producida por los Pet Shop Boys para la película homónima de Neil Jordan, acerca de un sujeto que se enamora de una mujer que resulta ser hombre. O algo así.

Miguel de Deus, “Black Soul Brothers”. Del álbum Black Soul Brothers, 1977.

Funk cojonudo brasileño. Desde que el incontrolable Miguel de Deus inicia la canción con un extrañísimo rap de onomatopeyas se sabe que algo especial hay ahí. Para 1977, cuando se lanzó Black Soul Brothers, el de Bahía (¿has estado en Bahía, Donald?) tenía ya una carrera musical más que activa desde los 60; tocó en grupos como Os Brasoes y Assim e Assado, yendo de la tropicalia a la psicodelia y terminando enclavado en el movimiento negro brasileño. El funk americano más explosivo se encuentra con los ritmos brasileños más furiosos y jariosos en Black Soul Brothers, canción y disco; por cierto, el álbum es una rareza y los coleccionistas están dispuestos a pagar bien por él. Es escaso y, además, una pequeña obra maestra que seguro pone a brincar al personal. Esa sección de metales es casi épica y el estribillo cantado a coro por (lo que suena como) un grupo de brasileñas ninja con afro dispuestas a todo no desentonaría en absoluto en un soundtrack blaxploitation de la época. Por suerte, Tarantino no la ha descubierto aún. Ojalá que no lo haga.

Raphael Saadiq, “Good Man”. Del album Stone Rollin’, 2011.

El Sr. Saadiq, nacido en 1966 en Oakland, California, es una de esas personas que están en todos lados pero no se nota. Fue parte de Tony! Toni! Toné!, produjo para Joss Stone, Macy Gray, Prince y otros nombres menos flasheros pero más importantes como A Tribe Called Quest, The Roots, Erykah Badu, Ghostface Killah y hasta a Stevie Wonder y el casi siempre insufrible Lionel Ritchie en sus etapas más esperpénticas (es decir, post ‘80s), pero parece que lo suyo es, además de todo, cantar. Y cómo lo hace. Con una dilatada carrera musical llegó a 2011 y lanzó su cuarto disco solista y la primer canción que delató lo bien que está es Good Man, un soul muy moderno y efectivísimo. Así suena el XXI. Incluso hoy la música negra sigue imponiéndose y dictando a todo lo demás cómo debe sonar. Ese bajo solito aplasta sin esfuerzo y causa tremendo dolor a toda la discografía de, digamos, Jethro Tull o esos grupos progresivos sin gracia. La canción funciona para bailar, para conducir, para tirarse en la cama y escuchar, para follar, para viajar…

Kak, “Lemonaide Kid”. Del álbum Kak-Ola, 1969.

Gary Lee Yoder es un tipo que lo vivió colocado durante el final de los 60 entre Davis y Frisco (of all places) en California, haciendo música de guitarras genial. Fue parte de Oxford Circle y de los seminales Blue Cheer (puto Ozzy, hazte a un lado.) Entre un proyecto y otro, lideró Kak, un grupo psicodélico que se perdió en el olvido a pesar de que no le fue tan mal en el circuito californiano. Su único disco es una pieza muy valiosa (aunque hay una reedición de 1999 con canciones adicionales que no desmerecen) y mi favorita de favoritas es Lemonaide Kid, un folk-rock con una deliciosa guitarra que se desliza por la partitura como un reloj blando dalíesco. La música resulta tan buen-rollo que puede resultar incómoda, pero entonces entra GLY haciendo de un crooner que suena a Lou Reed en camisa de flequillos pasándolo bien en ácido (disculpa Lou, sé que lo tuyo era otra cosa, espero no te ofendas, heroin hubbie) y ni Peter Fonda ni Jack Nicholson ni Bob Rafelson en sus épocas más drogotas se lo pasaron tan bien. Indispensable canción feelgood.

¿Cuál es vuestro Top-5? Impresionadme.

C/S.

 

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