Canciones esenciales: Lush Life.

Publicado originalmente el 29 de abril de 2011.

Cuántas canciones hay en el mundo. Cuántas partituras llenas de combinaciones de notas. Cuántas horas de música.

¿Y qué de eso rescataremos cuando todo se acabe?

Marzo 7, 1963, un día importante en la historia de la música. En la historia de la humanidad. Ese día, con sello Impulse! (la casa que Coltrane construyó) se escuchó por primera vez la versión definitiva de una de las canciones más importantes desde que el hombre de las cavernas descubrió el rock garaje golpeando huesos, piedras y sus propias cabezas contra otras: Lush Life, en voz de Johnny Hartman, con el acompañamiento musical de John Coltrane (los amigos le llamamos Trane; tú puedes llamarle Dios) y su quinteto.

Lush Life es un indiscutible standard jazz que, como toda Canción de Verdad, fue padecida y luego escrita por Billy Strayhorn (gran amigo de Duke Ellington y cómplice en sus mejores ideas) durante la segunda mitad de los años 30, esos sórdidos y espectaculares días de radio y de sudor. Ya en 1938 se dice que Strayhorn la interpretaba en sesiones de ensayo y para entretener e impresionar a sus amigos. Pero hasta después de diez años la interpretó ante un público por primera vez, en el Carnegie Hall neoyorquino, con la orquesta de Ellington y su segunda voz oficial: Kay Davis.

Versiones hubo a partir de entonces, notables las de Nat King Cole y Billy Eckstine. Incluso Coltrane ya la había grabado en 1958. Pero fue en 1963 que se lanzó la versión definitiva, la canción que hay que rescatar cuando todo explote y no quede más. Si se queman los libros de historia, habrá que dejar que se consuman, pero que nunca muera esta canción. Jamás.

Lush Life va de lo que las buenas historias van: el fin de un romance, la cuestión de si la vida lo vale, lamentos alcohólicos y lúcidos acerca de la edad, el sexo, dios. Es la canción total. Supongo que si los cuadernos de anotaciones de Einstein se tradujesen en música sonarían como el solo de saxofón de Coltrane, posiblemente el mejor músico del XX. Es el π (pi) del jazz. Imaginación, emoción, vértigo, placer. Si Guardiola fuese músico, habría hecho algo así.

Hablemos de la versión definitiva, entonces. Johnny Hartman, un crooner maldito, se sube a un escenario y se pone a contar esa historia. Parece que se derrumba en cualquier momento. Pero en realidad va haciéndose fuerte con cada frase. Él solía visitar todos esos prometedores lugares llenos de mujeres, jazz y cocteles. Para relajarse y bajarse de la rueda de la vida. Para vivir La Vida. Historias de medianoche. Chicas con rostros grises. Y entonces llegó ella, con su canto de sirena, a destruirlo todo/construirlo todo, a conducirle a la Locura. Deseo. Vehemencia. El mundo da vueltas, puto mundo, todo se detiene. El corazón en un puño. Temblar como una hoja. La risa floja. El temblor. El corazón. Todo el universo tiene sentido por un momento, por lo que dura una canción.

Pero, claro, estás equivocado, Johnny. Lo sabes. La vida es solitaria, terrible, desquiciante. Ni siquiera una semana en París va a aliviarte. Sólo va a hacerte sentir peor. Y vas a querer regresar a esos lugares suntuosos, a tu whisky, a tu heroína, refugiado con todos esos otros corazones rotos que seguirán reuniéndose por las noches a cantar, a escuchar, a beber, a estar. Ahí te pudrirás con todos los demás, con todos nosotros, Johnny.

Pero ahí está el saxofón de Coltrane. Siempre entra a tiempo. No lo entiendo. No quiero entenderlo. Es la pura perfección. Al morir, al menos, podrás contarle al diablo que te estremeciste alguna vez. Y no fue por una mujer, ni siquiera. Fue por un saxofón, por una insignificante escala de notas. Y reirás.

Record Store Day

El pasado 16 de abril se celebró, en gran parte del mundo, el Record Store Day: el día de la tienda de discos. Aquí en México no tiene mucho eco, ya que no tenemos muchas tiendas independientes de música. Desde 2007 viene haciéndose un día al año una conmemoración de la música en formatos de reproducción tangibles, con artistas lanzando discos de edición limitada como una celebración de un arte que no debe morir. La gente sale a su tienda de discos local a comprar vinilos y cedés y cintas, se llenan de ediciones de coleccionista que luego valdrán mucho, o simplemente lo toman como pretexto para seguir escuchando más y mejor música. Ojalá el año entrante sea un acontecimiento más grande por estos lugares. Nos toca instaurarlo.

Poly Styrene, 1957-2011

Poly Styrene, de X-Ray Spex, murió esta semana, el 25 de abril. Fue una mujer de gigantescas ideas y peligroso talento. Vamos a extrañar su actitud desafiante y su lucidez. No sólo fue un ícono del punk y un orgullo para todas las chicas pop allá afuera. También fue una artista fuera de serie en aspectos visuales y de moda. Una lástima. Ahí quedan sus crudas canciones para jamás olvidarla. Jamás.

C/S.

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