El disco encontrado.

Publicado originalmente el 1 de abril de 2011.

Hace unas tardes pasé por el bazar de la Avenida Vonnegut que me gusta. Lo único es que con este clima subir esa calle que va en pendiente para poder llegar a la Vonnegut es tremendo. Ya en el lugar, y sólo porque sí, hice que el dependiente conectara un Electone que tenía a la venta para saber cómo sonaba. Y sonaba muy bien. Lástima que no estoy como para comprar un Electone, que si fuese… ¡Y no! ¡No toqué A Whiter Shade of Pale!

¿Qué toqué? Lo que sea. 96 Tears. La intro. Bach. Brian Auger. ¡Lo que haya sido!

¿Dónde es la avenida Vonnegut? Por ahí. Al norte al sur al este al oeste. Donde sea. Te confieso que tengo la mala costumbre de renombrar las calles con nombre poco glamoroso. Soy un inmaduro. Soy un romántico. Si no me gustan los nombres de las calles, se los cambio para que me gusten. Nombres de escritores, de héroes, de pin-up girls. Calle Bettie Paige. Bulevar Redding. Como sea. Lo siento, así me funciona.

Pero no era el punto. En una esquina del lugar -siempre hay cosas interesantes en las esquinas de los lugares- había muchos discos, amontonados, pero amarrados en paquetes de 30, misteriosos stacks de plástico negro esperando ser liberados. Ni tardo ni perezoso.

Que si fuese…

Y fue. En uno de esos paquetes, apretujado entre un disco de esos de Pink Floyd de los que siempre hay en bazares y tiraderos (todo el mundo se deshace de él, por algo será) y uno de Queen que, bueno, no se puede decir que realmente quería (¿alguien en sus cinco sentidos quiere seguir escuchando a Queen para siempre?) estaba ese disco. Ese disco. No, no era una rareza. No, no encontré el jodido Santo Grial. No, no es el disco que podría vender y comprarme el Electone con lo ganado. Pero era mi disco favorito de cuando tenía 15.

¿Y no debería de tener ya mi disco favorito de cuando tenía 15? Sí, sí. Sí lo tengo. Faltaba más. Pero –mea culpa, shame on me, lo que sea, pues- en “cedé.” En cassette. En vinilo nacional, reedición de los años 70. ¿Qué? Sí, qué más da. A los 15 compré el cedé y lo escuché hasta dejarlo inservible y luego compré otra copia para traerlo por ahí y cuando dejé inservible esa copia compré otras dos (con los ahorros de semanas), uno para guardarlo y el otro para dejarlo inservible de tanto escucharlo y llevarlo a todos lados. El cassette cumplió lo suyo y, bueno, ahí se ha quedado siempre, en la caja de las cintas que, la verdad, nunca fue tan grande ni estuvo tan llena. El vinilo edición nacional costó más trabajo. Un día lo encontré en un tianguis pero sólo era la funda y el disco no estaba allí: tenía otro disco adentro de la funda y, ¡por favor! ¿A quién carajos se le ocurre poner un disco en una funda que no es suya y más aún venderlo así? Idiotas. Un día di con él en una feria en otra ciudad y fue una ganga y, por supuesto, una gran victoria.

Pero debes saberlo: me he encontrado una edición importada, inglesa para ser exactos, tirada en un bazar de esta insensata y aburrida ciudad. We’re a winner, que diría Mr. Mayfield. No sólo es la emoción de que, una vez más, he comprado mi disco favorito de cuando tenía 15. Y que sigue emocionándome como entonces. Esto es pop. También es la intriga. ¿Cómo en el mundo llegó este disco a estos lugares en donde jamás pasa algo?

Se me ocurre que podría ser un regalo, un hermano o primo que –en aquellos días que no volverán– viajó al extranjero y luego lo trajo. Un pedido especial. O alguien que tenía un contacto inglés y que pudo recibirlo por correo. O, tal vez, una de esas viejas tiendas se hizo con mercancía de importación. O un milagro: alabado sea Otis Redding, que así debe llamarse Dios si es en realidad tan grande.

El gran encanto del vinilo: no sólo es un fetiche colorido, también es un artefacto que, si hablase además de cantar, contaría unas historias increíbles. Arqueología R&B.

Ya tenía este disco, pero encontrarlo de nuevo fue como adquirirlo por primera vez. Así somos algunos. Inmaduros. Románticos. Este artefacto de plástico y cartón, ahora que lo pienso, puede ser lo que tenga la culpa. Échale la culpa al boogie. Este disco fue el que lo inició todo. Todo. Mis obsesiones vitales empiezan aquí; la primera marca en el mapa sonoro está aquí, con esta portada que pasé horas mirando por las tardes, abandonando la tarea escolar por escuchar, escuchar, escuchar. Que cuanto sé lo aprendí entre surcos de vinilo y vermouth

Justo ahora suena mi disco, como ha sonado durante tantas otras ocasiones. Como cuando tenía 15. Esas cosas le hacen a uno el día. We’re a winner

C/S.

2 thoughts on “El disco encontrado.

  1. Hola Esteban, ¿Puedes mencionar el título del disco a que se refiere este artículo?
    De antemano gracias

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