Este sí que es el soundtrack de mi vida (y II).

Publicado originalmente el 16 de febrero de 2011.

Chica, ya te lo había dicho: es hora de dejar esos soundtracks de Santaolalla. No le creas nada. Son basura. Ba-su-ra. Préndeles fuego.

Aquí va una segunda parte de mi cinéfila lista de mis bandas sonoras favoritas, esas que no necesitan ganar estatuillas doradas para emocionar. Estoy seguro que, tras escuchar todo esto en una sesión, tu chick flick va a terminar, chica, y va a comenzar un tremendo skin flick con nosotros de protagonistas. Al tiempo.

Varios: American Splendor (Esplendor Americano, 2003)

Harvey Pekar es un maldito genio. No puede rebatirse de modo alguno. El artista cómic recientemente fallecido hizo de American Splendor, su serie de tebeos sobre un héroe de clase trabajadora (él mismo) un clásico contemporáneo. En 2003, Shari Springer Bergman y Robert Pucini llevaron parte de sus historias al cine no sólo con la aceptación de Pekar, sino con su intervención directa: aparece en gran parte de una metapelícula constructivista que va camino a convertirse en un clásico underground. Como buen coleccionista de jazz, Pekar aleccionó a los cineastas y American Splendor, película, está llena de piezas de Joe Marieri, Lester Young, el Oscar Peterson Trio, Dizzy Gillespie, el gigantesco John Coltrane, Jay McShann y hasta alguna intervención en clave soul de Marvin Gaye. Exquisito. Sirve como banda sonora, además, para la lectura de los cómics.

The Carrie Nations y Varios: Beyond the Valley of the Dolls (Más allá del valle de las muñecas, 1970)

Russ Meyer era un tipazo. Sus películas estaban repletas de voluptuosas chicas dispuestas a absolutamente todo; eso sí, sus personajes masculinos eran siempre unos pelmazos. C’est la vie. Beyond the Valley of the Dolls es una de esas películas peculiares que funcionan perfectamente a pesar de todos sus fallos… o precisamente por ellos. Dolls fue, aparte, escrita por el ahora respetadísimo crítico Roger Ebert y trata sobre las aventuras de un grupo de rock and roll de tres chicas, The Carrie Nations, que nos ofrecen una serie de espectaculares canciones originales de Stu Phillips (quien había compuesto para los Monkees.) Impresionante blue-eyed soul y psicodelia. Por ahí también hay intervenciones de los enormes, aunque poco valorados, Strawberry Alarm Clock (su éxito Incense and Peppermints y su pesadísima Girl from the City) y el grupo de close-harmony, The Sandpipers. Chicas malas, a por este soundtrack de inmediato.

Riz Ortolani: Cannibal Holocaust (Holocausto Caníbal, 1980)

Ruggero Deodato, un guarrísimo director italiano, se pasó de la raya con esta infame aunque inolvidable película de explotación. Filmada en tono de (falso) documental, narra el infortunio de un grupo de cineastas que son capturados y comidos por una tribu caníbal. Todo, por supuesto, con un look tremendamente sórdido, que incluye empalados, tripas, canibalismo en primer plano, sexo gratuito y la muerte cruel e injustificada de varios animales inocentes, incluyendo una tortuga desollada. Resulta sorprendente que el tema principal del film, compuesto por el genio entre genios Riz Ortolani, sea tan hermoso: una impresionante pieza que resulta inolvidable por todo lo contrario de la película. Pocos soundtracks quitan el aliento como hace este. La nueva música clásica. Punto.

Vladimir Cosma: Diva (1981)

Tal vez exagero al decir esto, pero Diva es una película entre mil. Un estilizado thriller criminal que sentó las bases para el desarrollo del género gángster  de los 90, francés y que gira alrededor de una cinta grabada de una inigualable cantante de ópera que jamás ha grabado un disco. Jean-Jacques Beineix creó una película de culto que, por si fuese poco, contiene inconmensurables piezas vocales interpretadas por la indescriptible Wilhelmenia Fernandez e instrumentales de Vladimir Cosma que valían el boleto. Resulta fácil, al escuchar cantar a Fernandez, entender al personaje principal de Diva, quien cae por completo enamorado de la cantante. Para escucharse con audífonos y el volumen en 11.

Badfinger y Varios: The Magic Christian (1969)

Esta película resulta difícil de valorar: por un lado es una comedia extrema estelarizada por Peter Sellers y Ringo Starr; por otra, parece abusar de un humor absurdo que más tarde sería marca de la casa de los Monty Python (quienes aparecen por ahí en afortunadísimos cameos.) La banda sonora corrió a cargo de Badfinger, un grupo que prometía ser el sucesor de los Beatles y que, de hecho, eran los protegidos de Apple Records. Paul McCartney les compuso una canción, Come and Get It, que sirve como tema de esta cinta dirigida por Joseph McGrath. Una canción clásica por donde se le vea, impecable. Además, este film sirvió como escaparate para Thunderclap Newman (un proyecto de unos amigos de Pete Townsend) y su hit Something in the Air. Ambas canciones lo valen. Tanto que trascendieron la película, que ha mantenido un bajo perfil durante todos estos años. Hay que verla.

Donovan: Poor Cow (1967)

Melodramón working class de Ken Loach, Poor Cow es una de esas películas británicas que deberían de ser clásicos indiscutibles. Anclada aún en el kitchen sink drama, pero en resplandeciente color, contiene un soundtrack pop en el que destacan tres de las mejores canciones de ese folkster escocés llamado Donovan: la intimista Be Not To Hard, la nostálgica Poor Cow (que anticipa con 30 años el Belle and Sebastian de Sinister) y la archiconocida Colours. Además de esto, hay destellos pop en clave menor como el famosísimo Crying Game de Dave Berry, el genial sunshine pop My World Fell Down de Saggitarius y la emocionante Daydream de los Lovin’ Spoonful. Alguien tendría que hacer justicia a esta película.

Lubos Fiser: Valerie and her Week of Wonders (Valeria y su semana de las maravillas, 1970)

Controversial por presentar el despertar sexual de una pequeña campesina y referencia esencial del surrealismo en el cine, este extrañísimo film del checo Jaromil Jires hace que cualquier cosa de Tim Burton post-Big Fish se vea como lo que es: un marrón. La música de Lubos Fiser hace que todo se vuelva mucho más inquietante, entre canciones folk y pasajes perturbadores de monótonas armonías. Trish Keenan, quien murió precoz y tristemente hace muy poco, de Broadcast, era tan fanática de la banda sonora que escribe las liner notes de la edición de 2006. Esta es la música de la confusión, de la dualidad del hombre de la que hablaba el Joker de Kubrick y del descubrimiento de que la oscuridad también es luz.

Varios: The Wanderers (1979)

Basada en una novela de Richard Price, ídolo, The Wanderers es la historia de unos pandilleros italoamericanos en el norte del Bronx a principios de los 60. Lo que les toca vivir no es fácil, pero va a cambiar al mundo: la guerra, el asesinato de Kennedy, la muerte de la gente amada y el despertar de una generación entera. El soundtrack es como una jukebox de singles de éxito de la época, así que se le pueden poner muy pocos peros. Está Lee Dorsey con su tontísima pero pegadiza Ya-Ya, las Angels con My Boyfriend’s Back, los melifluos Four Seasons con Walk Like a Man y Sherry, Dion con The Wanderer y Runaround Sue y todo el poder de los Contours (Do You Love Me), las Shirelles (Soldier Boy, Baby It’s You) y la testosterona de Shout de los Isley Brothers. Philip Kaufman la lió en grande con este film de verdadero culto, cuando este término de verdad significaba algo. ¿O no, Danny Peary?

Varios: Wattstax (1973)

De nuevo estoy hacienda trampa con éste, ya que Wattstax se trata de un documental sobre el festival que el sello Volt-Stax realizó en la comunidad negra de Watts, en Los Angeles. La banda sonora está conformada, entonces, por los participantes del festival, el cual fue un desfile de lo mejor del soul y el funk sureño de principios de los 70: The Staple Singers, Rufus Thomas (su vestuario vale la película entera), Kim Weston, Johnnie Taylor, Albert King (y su Born Under a Bad Sign, por supuesto), los Bar-Kays y una presentación de proporciones astronómicas de Isaac Hayes, el black moses en su época Shaft. El documental cuenta con intervenciones del increíble Richard Pryor. Woodstock, hazte a un lado; esto sí que es música.

Paul Giovanni: The Wicker Man (El hombre de mimbre, 1973)

Cabe aclarar que hablo de la original de Robin Hardy de 1973 y no del remake que ni siquiera me he atrevido a ver. Esta versión, que se beneficia de un par de gigantescas actuaciones (de Edward Woodward y el inmortal Christopher Lee), tiene una banda sonora tan perturbadora como la cinta. Compuesta por Paul Giovanni, está basada en canciones paganas pre-cristianas, canciones tradicionales y nanas, cantadas por los actores y por un coro de niños. No es sólo un desplante del profundo conocimiento de Giovanni de la música folclórica celta, sino un disco que hace que el corazón se salga del pecho. Muchos deberían aprender de él. Y nosotros, chica, deberíamos ir a hacer ese skin flick. Justo ahora.

C/S.

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