Discos que importan: Miniskirt, Woody Allen Likes Guitar Pop.

Publicado originalmente el 3 de diciembre de 2010.

Miniskirt, dicen por ahí, es todo de lo que el indie pop se trata y todo lo que debería de ser. Dicen los ingleses que son el equivalente auditivo a un buen pastry: breve, simple y dulce. Los pocos oídos que Miniskirt ha invadido alrededor del globo coinciden en que una vez que esa música ha ingresado vía orejas hasta el cerebro, metiéndose a la sangre, llegando al corazón y a las tripas, negándose a salir y quedándose a vivir en el cuerpo ya para siempre, ya no hay vuelta atrás y uno es un poseso. Música que importa, vamos, diría yo para la gente simplona que lee allá afuera. Y, seamos francos, tienen razón.

La suya es una música que le debe todo a esos Real Indie Kids de los 80, esos lacónicos isleños que se saltaban clase para ir a escuchar, una vez más, ese disco de Bowie cuyos surcos estaban ya llenos de polvo y secreciones; los que llevaban parches de Slade, del escudo del equipo de futbol local y pines de Monty Python y Motown en sus anoraks; los que aprendieron a fumar y a beber con viejas canciones merseybeat. Los que ensayaban en una fría habitación con la alfombra llena de quemaduras de colilla y equipo barato, que grababan su música en cassette y lo regalaban con el fanzine del vecino que fue compañero de Edwyn Collins en el colegio. Los que eran acusados de niños ricos por los boot boys, de niñatas por los metalheads, de raros por la generalidad imbécil. Los que usaban flequillos y jerseys rayados y que hacían una música que heredaba lo mejor de su pasado inmediato, del de sus padres y pugnaba, sin patadas y con guitarrazos lentos y reflexivos, por una pequeña revolución de mis-shapes, mistakes, misfits con su mejor arma: that’s our minds. Situacionistas. Ruidosos. Dandies, a su manera, entre basura. Hedonistas.

No es raro que Miniskirt suene a The Pastels. A Felt. A Brideshead. A los Television Personalities. Pero es que todo esto se le atribuye a un grupo japonés con cantante alemán. Los nipones, de por sí sorprendentes en cuanto a su producción de cultura pop, no fallan con una. Miniskirt (nombre elocuente, sexy), si ves una foto de ellos, parecen un club de kite-flyers a lo Academia Rushmore, pero en oriental, como si todos fuesen Margaret Yang. Bueno, y un Goethe post-punk que no desentona en absoluto. Es decir, tienen la pinta completa. Y el sonido. Guitarra, bajo, batería, órgano, voz arrastrada y monótonamente expresiva, todo jangly, discordante, con apenas unos buenos pedales y amplificadores de segunda mano para completar la gran producción.

Pero detrás de eso está, claro, un bagaje repleto de culteranismo pop a la 69 potencia: una colección de discos que podría bien ser nombrada patrimonio de la humanidad, las cabezas llenas (como un disco duro con espacio inagotable) de icónicas escenas de series televisivas japonesas y americanas y de viejas películas de género, un gusto casi enfermo por rebuscar en tiraderos en busca de jerseys o de bombers que aún tengan los parches y las etiquetas originales. Esto no es simple consumo, mucho menos pueril entretenimiento de viernes lento, sino La Vida Misma, una especie de little underground mitológico, códigos secretos de pandilla (y si no entiendes, simple mortal, puedes irte a la mierda, gracias), mapas vitales, instalaciones dadaístas para la posteridad, plumaje de pavo real para comunicarse con los de la misma especie, los que todavía nos estremecemos con un genial cambio de acordes o con una buena película de daikaijus de las de Ishiro Honda en technicolor.

Miniskirt, pues, uno de esos grupos que importan. No importa cuál sea tu taza de té. Comenzaron publicando una o dos canciones en recopilados de revistas musicales, de colectivos, en tributos (a los Television Personalities, claro, faltaba poco.) Y tienen, hasta ahora, dos discos de estudio. Los títulos lo dicen todo: son un grupo que debes escuchar. El último, que está por ser lanzado en Alemania, se titula Audrey Hepburn Kiss Me Kiss Me. Genios. Y el primero, que giró por primera vez en 2003, no es menos icónico: Woody Allen Likes Guitar Pop.

No dudo, de verdad, que sea cierto. El neurótico de (cada vez más escaso) cabello rojo sólo escucha jazz, todos lo sabemos. Y puro roots. Siempre ha renegado del viejo wokandwoe. No soportó, por ejemplo, que los productores insertaran a los Lovin’ Spoonful en su primer filme, What’s Up Tiger Lily. Pero quién sabe. Me gusta pensar que si alguna vez escuchase este gran disco de Miniskirt, lo pensaría dos veces. Aunque tal vez sea una fantasía tan inútil como el deseo de aparecer en una de sus películas diciendo “these pretzels are making me crazy.” Pero, eso sí, el disco está lleno con once canciones increíbles, sencillas, sin desplantes, melódicas, descriprodistantes (saludos, Donc.) Geniales. Los títulos ya seducen: Be Here With Me, Tongue Information, Her Blue Contact Lenses Make Me Crazy (qué cracks), Woody Allen Likes Japanese Noise Rock (puro humor Woody Allen, por cierto), These Fish Glow in the Dark.

Hasta el artwork es seriamente irresistible. Por cierto, el artefacto hay que pedirlo por correo, pues la distribución no es, ni en broma, de una major. Indie Kids, les digo, nada de saquitos aurita, ni de flequitos de diseñador, ni de poses pensadas para la generación babosa. No. Soy redundante, y qué, pero esto es música. No un refresco de naranja. No un juguete desechable.

Si a tío Woody le gusta, debes escucharlo. Él sabe. Miniskirt en los audífonos ya.

Nota al pie: ¡Feliz cumpleaños 75, Woody Allen!

 C/S.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s