¿Por qué el mundo no escucha a East River Pipe?

Publicado originalmente el 15 de octubre de 2010.

Si el mundo escuchase más y mejor música, sería un lugar mejor. Mucho mejor.

Si el mundo escuchase más a East River Pipe, sería un lugar mejor. Mucho mejor. Aunque tal vez eso nunca sucederá. Allá afuera están más ocupados repasando la misma paleolítica canción.

East River Pipe es el nombre de batalla de FM Cornog, un sujeto que parece más un personaje literario, y de los buenos, que músico. Porque, afrontémoslo, eso es: no es un tipo estudiado. No lee música. Toca porque tiene buen oído, porque debe; algo le quema dentro y tiene que cantar. Nada de artificios innecesarios, peluquines ni desplantes bochornosos. Maldice no ser negro, porque así podría hacer música soul, la que más le gusta, pero se resigna confeccionando melodías elocuentes en tonos menores.

Cornog es uno de esos all-american rejects, un outcast que la hizo en grande. Desde joven se mudó a la extrañísima Nueva Jersey, donde creció escuchando discos, escribiendo versos con una navaja en las paredes de callejones llenos de cajas de basura y aceptando cualquier trabajo para subsistir. Puro material de novelista nuevaolero, pero de vida real, muy real. Sensible como poeta maldito, frágil de melancolía y enfrentado a un imbécil mundo que no entendía, sucumbió. Vago, alcohólico, adicto, pasó de peón de línea de producción de una gris fábrica a sin techo que dormía en la estación de trenes de Hoboken. Un borrachín más para la estadística de vagancia. Un adicto más, un sin techo más, un alma perdida, un cuerpo que no daba para más.

Ahí se topó por primera vez, cuenta la leyenda, con Barbara Powers. Apellido elocuente, también. Se enamoraron. Lo llevó a vivir a su apartamento. Y él, con todo a cuestas, se puso a escribir. Y a tocar. Como un bluesman del Mississippi, comenzó a cantar sobre su vida en el infierno, del que estaba salvado gracias a una especie de deus ex machina en forma de mujer. Pero sus canciones, desesperadas, melódicas, resignadas, eran en un tono folk muy poco ortodoxo; a veces, también, en una vena psicodélica a lo Syd Barrett. Y Barbara Powers le animó a grabar.

En un apartamento lleno de libros, discos y no mucho más, armaron un pequeño estudio de ocho canales. Montaron un par de micrófonos. Y Cornog se puso a grabar, instrumento tras instrumento, secuencias de acordes tan simples que parecían lullabies. Capas de sonido que iban cubriendo las heridas. Hizo un trato con la ciudad, esa perra; no pretendía cerrar las puertas del infierno, que permanecen abiertas siempre, pero si pedir truco o trato al que vive ahí dentro.

Cornog y Powers lanzaron las grabaciones como 7” y cassettes autoproducidos. Como debe ser. Como un pecan pie casero. Nunca podrá competir uno de Wal-Mart. Nunca, ¿me entiendes? Las canciones llamaron la atención de Sarah Records, sello británico de culto gigantesco, quienes las editaron en un LP en 1994, Goodbye California. Profeta, claro, fuera de su tierra. Aunque más tarde en Estados Unidos el sello Ajax Records se animó a editarle también y adaptó, a la vieja usanza, sus singles y canciones desperdigadas en un LP titulado, apropiadamente, Shining Hours in a Can.

Lo que sigue no es una historia de estrellato. Faltaría más. De hecho Cornog (o East River Pipe, como nos referiremos ahora a él ya que hemos avanzado tanto en su historia) es completamente anti-rock’n’roll no sólo en su sonido –honesto y sin artificios– sino en toda su filosofía: le parece un absurdo ese mito del sexo, las drogas y el rock and roll. El primero, claro, es esencial en la vida; pero lo segundo, dice, es una perorata, pues nadie puede ser creativo estando drogado y en decadencia permanente. Él lo sabe mejor que nadie. Al menos habría que creerle.

A partir de 1995 vinieron más discos, porque East River Pipe no había terminado de decir todo lo que había que decir. Sarah Records terminó por desaparecer y convertir sus vinilos originales en Santo Grial de los seguidores del twee y los coleccionistas más aferrados. Poor Fricky y Mel fueron editados por Merge, que también lanzó, tres años después, The Gasoline Age (1999) y el gran título Garbageheads on Endless Stun (2003.) Su último trabajo hasta ahora es What Are You On? (2006), pregunta por demás tremendista: ¿pastillas? ¿uppers? ¿downers? ¿alucinógenos? ¿o simplemente rutina? ¿Qué te coloca?

East River Pipe es música que importa. Tanto que funciona aún ignorando la historia detrás de ella. Tanto que seduce sin ser ese su motivo principal. Tanto que uno se sorprende, a veces, con una estrofa taladrando la cabeza, sin parar; cuando uno se da cuenta, el mundo ha comenzado a tener sentido. Al menos por tres minutos. Tres minutos en los que una canción lo es Todo. En que no existe más 

Por eso, si el mundo escuchase música De Verdad, sería un mejor lugar. FM Cornog, East River Pipe, sabe que así es. Yo también. Tu turno.

C/S.

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