The Yardbirds, Live Blueswailing July ’64.

Publicado originalmente el 14 de mayo de 2010.

Uno.

Un ruidoso club. El tintinear de los vasos. Decenas de conversaciones hacen un sólo murmullo. Hay un escenario, una batería discreta armada y un par de amplificadores esperando sonar…

En una fiesta hace unas semanas, ya con un par de cervezas encima, me puse a platicar con una amiga, largo y tendido, sobre música (“some pretty skinny girl that likes to talk about bands”). Y ella no me creía cuando mencioné a The Yardbirds como una de las grandes bandas de todos los tiempos. ¿Qué tiene de increíble? A mi parecer, mi afirmación no sólo es sensata, sino cierta.

Es inevitable, cuando se habla de los Yardbirds, hablar sobre guitarras. Y a mí me gusta el tema, porque es mi instrumento. Y resulta inevitable porque es la banda por la que, nada más, pasaron, en distintas épocas, tres de los más grandes guitarristas de la Gran Bretaña: Eric Clapton (sí, se descompuso después, pero tenía lo suyo), Jeff Beck y Jimmy Page. Tema trillado incluso. ¿Se puede decir más? Sí, que eran un combo sensacional de R&B (y un poco de pop) y una sólida banda en vivo. Tanto que su disco debut, Five Live Yardbirds (diciembre de 1964) fue un disco en vivo. Y que Keith Relf me parece un frontman genial, con más carisma que voz, eso sí.

Hasta hace muy poco, el único documento que comprobaba la espectacularidad de los Yardbirds en directo en su primera etapa era su disco debut. Eso cambió en 2003, cuando Sanctuary editó Live! Blueswailing July ’64, que es la grabación de un gig de los mop-tops, no sé sabe bien dónde. La formación de la banda era, obviamente, Relf al frente, Clapton en la guitarra líder, Chris Dreja en la guitarra rítmica, Paul Samwell-Smith en el bajo y Jim McCarthy pegándole a los tambores. Prometedor.

Dos.

Un ruidoso club. El tintinear de los vasos. Decenas de conversaciones hacen un sólo murmullo. Hay un escenario, una batería discreta armada y un par de amplificadores esperando sonar…

Un quinteto bien trajeado se sube, conecta sus instrumentos y a tocar. Comienzan con Someone To Love Me. El público sabe bien de qué va la cosa desde esa sensacional intro de guitarras, pero ellos apenas están calentando motores. Tanto que ni siquiera terminan de tocar la pieza. Así que deciden impresionar a la audiencia con un cover de Chuck Berry: Too Much Monkey Business, que ahora sí se echa a todos a la bolsa y genera aplausos verdaderos. Geniales. Para no desentonar, siguen con un standard R&B, I Got Love If You Want It. El que canta aprovecha para sacar su armónica y hacer de las suyas.

Tras tocar esta canción, el guitarrista líder necesita re-afinar su guitarra (¿o cambiarle una cuerda?). Aprovechando la pausa en la música, el rubio cantante cuenta al público que se está afinando una guitarra de 300 libras, una preciosa Fender Jazzmaster, posiblemente la única en el mundo entonces. El otro guitarrista sólo sonríe detrás de su instrumento. Su guitarra sufrió el gig pasado, ya que se rompió y él tuvo qué hacerse a un lado y dejar a la banda tocar (“it was quite good actually” dice el cantante en broma). Y así, sin avisar, ya que está lista la Jazzmaster, rompen el silencio con Smokestack Lightning, para los iniciados. De ensueño. Como si fuese poco, al terminar la banda repasa a Sonny Boy Williamson y su Good Morning Little Schoolgirl y después se largan a hacer a todos bailar con una movidísima versión de She’s So Respectable (“¡qué chica tan formal!”) de los hermanos Isley, que arbitrariamente se mezcla con Humpty Dumpty (“And this is where the rhythm changes… to blue beat!” grita el que canta).

Un gig tan sudoroso debe terminar bien. The Sky Is Crying es un blues auténtico para un público auténtico. El guitarrista líder se sienta a esperar su entrada, a los tres minutos de canción. Pero cuando toca, lo hace de un modo impresionante. Increíble que todos estos muchachitos sean blancos y tan bien peinados.

Apenas dura un poco más de media hora, pero escuchar a estos Yardbirds en vivo, es una locura. Me encantan The Yardbirds en todas sus formaciones… y la próxima vez que vea a esta chica, le daré Live! Blueswailing July ’64 como argumento para sostener mi afirmación.

C/S.

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