Secret Affair: Ahora, no mañana, es tiempo para la acción.

Publicado originalmente el 21 de mayo de 2010.

“Ser mod”, dijo Ian Page, “es sentarte en un tren al lado de un ejecutivo y saber que vistes mejor que él”. En 1979, esa cosa llamada Mod Revival estaba en su punto más alto. Las corbatas, los trajes y las parkas verdes poblaban de nuevo las calles inglesas, como década y media antes: The Jam salía en Top of the Pops con toda su afilada arrogancia y su ritmo anfetamínico; Quadrophenia se exhibía en los cines impactando a todo joven desorientado en busca de respuestas; los transistores tronaban entre letras cantadas rapidísimo, reverberantes cuerdas de Rickenbacker y bajeos acrobáticos y para la fiesta, cómo no, el 2-Tone era infalible. Justo hace 41 años, se celebró un Mods Mayday, un concierto en el Bridge House de Canning Town, todo un hito en la historia del Revival.

Los mods originales de los 60’s estaban desconcertados. Pregúntenle a Randy Cozens.

Y entonces, en el vértigo del nuevo movimiento Mod, el que de veras miraba atrás para vivir ahora y mirar al futuro, surgió una canción que inevitablemente se convirtió en un himno de las calles y los clubes: Time For Action. Los perpetradores: Secret Affair. Una banda con un nombre más que adecuado, que apelaba a su elegancia y misterio, que suena a punk, a soul y a películas de espías: a Pop Esencial, ese que se escucha mejor en 7” y que no necesita más justificación que su ritmo y su melodía. Time For Action es bailable, cantable y dice lo que los mods querían decir y quieren seguir diciendo. Himnos de estos ya no se hacen, hoy. Hoy todo es mucho más calculado, menos Pop y más basura.

Todo ahora es como los Fleet Foxes que no están mal pero, ya lo pregunto Mick Collins, de The Dirtbombs y los geniales Gories, ¿necesitamos a unos Crosby, Still, Nash y Young en pleno XXI?

No. No los necesitamos. Gracias.

En 1979, las cabezas brillantes ya no querían más Queen ni más rock progresivo ni más pajas de esas. Porque, como hoy, el mundo estaba vomitando de asco de sí mismo. Por eso era el tiempo de actuar, de tomar (literalmente) las calles y de vivir limpio en circunstancias difíciles. El tiempo de dejarse la piel sobre el vinilo, pero también de dejar atrás jipismos, activismos vacuos (como todos) y Ser De Verdad. Para, así, ser lo que Kevin Pearce describe en su gran libro Cosas que empiezan por O: “funcional, inmaculado, preciso, puro.” Y tener, cómo no, “las mejores colecciones de discos, los mejores vestuarios, las mejores bibliotecas, las mejores mentes. ¿Qué más?”

Sin jactarse de ello. Sin pregonar. Sin pedir poder para la gente, sin desplantes ridículos. Todo, volviendo a Pearce, “agudo, angular, recortado, afilado.” La subversión del estilo. Sin más justificación que el ritmo y la melodía, El Ser. Pura juventud, que, carajo, se nos va, se nos va…

Tiempo de héroes y tiempo para la acción.

Secret Affair, los ames o los odies, siempre van a tirarte al suelo con esa canción. No necesitaban hacer más, pero lo hicieron. Grabaron el álbum Glory Boys (1979), que por supuesto incluía Time for Action, un disco sensacional e impactante – más que un título es un slogan y sigue utilizándose como grito de guerra mod a tantos años de distancia. Ian Page, narcisista extremo, obsesivo y, sí, un personaje polar (igual, lo amas o lo odias) tenía un agudo sentido del estilo se traducía también en la música. Tenía buen gusto, buscaba hacer bailar a las chicas y sabía tocar la trompeta, por lo que la incorporó a muchas canciones emulando el soul de Motown y Stax. Así que no te preocupes, Randy Cozens. Al menos, no tanto.

Glory Boys es un álbum vital, por la energía de sus canciones. Ian Page grita que los días de cambio llegaron para quedarse y habla de la revolución que defendía. Igual hay himnos de batalla (Days Of Change, Don’t Look Down o la canción del título) que canciones puramente para fiestear y pasarlo a lo grande con dotaciones grandes de corazones púrpura (Shake & Shout, Let Your Heart Dance, I’m Not Free But I’m Cheap). Hay una notoria visita al clásico de Smokey Robinson & The Miracles, Going To A Go-Go, con un solo de trompeta y vocalizaciones soul exageradas – y un poco demasiado blancas; es dificilísimo versionar una canción soul de modo convincente.

Podría describir cerebralmente a Secret Affair como punk de guitarras con arreglos de metales soul y una actitud tremenda. Y pueden presumir que ellos hacían lo que The Jam hizo en la época Beat Surrender pero al menos un par de años antes. Con tres discos (a Glory Boys le siguió el también increíble Behind Closed Doors un año después y Business as Usual en el 82), Secret Affair son decididamente de lo mejor del revival, que se llenó de bandas de un solo éxito, de moderos de turno y de despistados que abandonaron pronto al no entender nada. Era tiempo de acción y ellos sólo hicieron lo que había qué hacer. Sin perder el estilo, manteniendo el traje inmaculado y los zapatos limpios, el peinado en su lugar y la cabeza y el corazón, también.

¿Y a nosotros cuándo nos toca el tiempo para la acción?

C/S.

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