Blind Willie Johnson: Dark was the night.

Publicado originalmente el 9 de abril de 2010.

La música góspel es realmente compleja. Tras la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos a finales del siglo XIX, los blancos insistieron en que los esclavos observaran sus leyes religiosas. El canto armónico religioso de la tradición europea fue aprendido por la comunidad negra, que le añadió un mucho de la entonación y la estructura de las canciones de trabajo (que se cantaban trabajando en el campo, generalmente en grupo.) De allí nacieron los primeros himnos góspel que influyeron en un niño llamado Willie Johnson, un nombre imprescindible y un referente importante, aunque lejano, en la evolución de la música popular.

Willie Johnson nació en 1902 en el Texas rural, en una comunidad negra de cotton-pickers. Desde niño fue a la Iglesia y quiso convertirse en predicador. Tocaba una vieja caja como percusión y cantaba viejos himnos, salmos y canciones del campo. Cuando tenía cinco años, su madre murió y su padre volvió a casarse, aunque con una mujer infiel y terrible. Tras un severo reclamo del padre a la madrastra por su comportamiento impío, esta montó en cólera y en un violentísimo ataque de ira, arrojó sosa cáustica en la cara al pequeño Willie, causándole quemaduras y dejándole completamente ciego.

Cada paso dolía al pequeño Willie. Creció escuchando los sonidos de su alrededor, las historias de los trabajadores en las plantaciones y los himnos de su Iglesia. Aprendió a tocar el piano y la guitarra, aunque esta última se acomodó más para lo que él quería: hablar a su gente de lo que era importante.

El sonido que hacía con esa guitarra no se parecía a nada. La tocaba deslizando el mango de una navaja por las cuerdas, entre rasgueo y rasgueo, en un slide que luego haría historia. Su voz, ronca y profunda, era suave a veces y desgarradora casi siempre, pues más que cantar cuidando las formas, Johnson gritaba sus dolores y predicaba con esperanza furiosa que algo bueno vendría para los que cuidan su alma. Iba por las calles predicando, cantando viejos himnos y recolectando monedas en una taza.

A los 24 años, conoció a una chica de apellido Harris y se casó con ella, quien cantaba con él los responsoriales. A veces, incluso unas primitivas armonías que hacían de las canciones de Johnson una cosa difícil de perderse. Adaptando viejas canciones de campo y tradicionales canciones religiosas, comenzó en estas épocas a tener un repertorio propio.

Su popularidad creció al grado de que la disquera Columbia se lo llevó a Dallas a grabar un disco en 1927. Promovido como race music, el disco de 78rpm, que incluía la abrumadora Dark Was The Night se convirtió en un relativo éxito vendedor entre la comunidad negra y los aficionados blancos que encontraban en la música del ahora llamado Blind Willie Johnson algo inexplicablemente poderoso: gruñidos, quejidos, lamentos y una guitarra impasible. El dolor, y su expiación espiritual, capturada en acetato.

Durante tres años Blind Willie Johnson grabó para Columbia varios lados que se vendieron siempre bien y que le convirtieron en una pequeña celebridad local, muy a su pesar. Comenzando la década del 30, volvió a casarse y se mudó de ciudad, viviendo discretamente y a cantando en la Iglesia con su sinceridad estremecedora.

Ahí quedaron sus grabaciones, que quedaron olvidadas por mucho tiempo. Johnson murió en los años 40, aunque no se tienen muchos datos de lo que sucedió. La leyenda cuenta que su casa se quemó; su esposa y él sobrevivieron y acamparon bajo periódicos durante algunos días. Johnson enfermó de neumonía. Cuando esta se complicó, su esposa le llevó al hospital, donde se negaron a atenderlo y lo dejaron morir.

El terremoto folkie de los años 60 en los Estados Unidos (y que tuvo a Greenwich Village, Nueva York, como epicentro) descubrió, removiendo tierra, las canciones de Blind Willie Johnson e intentó darles un segundo aire. Artistas varios como Peter, Paul & Mary y las Staple Singers versionaron sus canciones. El insufrible Eric Clapton no se cansaba de citarlo, entre una genuina admiración y entre dárselas de entendido. Pero nadie hizo tanto por la reinvindicación de la música de Blind Willie Johnson como Ry Cooder, músico californiano al que muchos ubican por sus trabajos con la guitarra slide, por haber tocado con los Stones y haber revivido –también– a los viejitos cubanos del Buena Vista Social Club. Su banda sonora para el filme Paris, Texas (Wim Wenders, 1984) está completamente inspirada en la guitarra de Blind Willie Johnson, especialmente en Dark Was The Night.

Desde entonces se han reeditado, en distintos formatos, las grabaciones de Blind Willie Johnson, primitivas pero con una vigencia incuestionable. Cualquier guitarrista debería escucharlo, pues su técnica, si inimitable, es una lección de fingerpicking; su trasteo es un lamento paralelo al de su voz con ese slide inconfundible. Y en cuanto a su voz, es uno de los primeros y mejores ejemplos de que no todo está en la correcta modulación de voz, sino que, tal vez, cantar no se hace con las cuerdas vocales, ni con los pulmones, ni con el estómago, sino con el alma.

Cuida tu alma. Escucha a Blind Willie Johnson. Amén.

C/S.

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